Sorrento está en un acantilado, así que mientras el centro concentra los bares y restaurantes, lugares de ocio, tiendas y demás, con algunos hoteles que valen un riñón, la mayoría de viajeros se desplaza a hoteles a la montaña. La mayoría de los hoteles disponen de autobuses gratuitos para sus huéspedes. La parada céntrica está junto al Hotel Cesare Augusto y en el propio hotel te dan un plano con las horas de ida y vuelta, lo que es muy cómodo.
Nuestro autobús era compartido con el Hotel Nido y con el Hotel La Vue d'Or, y el nuestro era el que más alto estaba de los tres. Pero era una comodidad no tener que preocuparse de taxis ni de autobuses urbanos.
Villa Fiorita tenía unas vistas espectaculares de Sorrento y del golfo de Nápoles, también contaba con una piscina a la que no fuimos (porque teníamos otras prioridades), un desayuno variado y una habitación bastante amplia.
Lo que le faltaba es un ascensor, aunque había una especie de botones que nos llevaba las maletas.
Lo cierto es que la estancia fue muy agradable. Pese a las escaleras.




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