Encontrarse en un barco limita espacialmente las posibilidades literarias. En mi caso, mientras el barco surcaba el mar Egeo tirando millas, estuve leyendo en el eBook sin cansarme, ya que estaba enganchadísima.
Como había gente de tantas nacionalidades apenas explicaban algo de las islas, y lo poco que nos contaron fue cuando nos llamaron por megafonía y por nacionalidades. "Españoles, bodega planta baja a estribor". No sé cómo llegué porque yo distingo babor de estribor, ni proa de popa. Lo único que repetían en cuatro y cinco idiomas era la hora de regreso, aunque para eso tampoco había pérdida, porque en la salida colocaban un reloj gigante para que quedara claro a qué hora debíamos estar en el barco.
En cierto momento, levanté los ojos y me encontré con una muchacha justo al lado que leía un libro. Conseguí ver el título, Origen de Dan Brown (Origin, en inglés). Es curioso, porque allí donde iba me la encontraba, y descubrí las muchas afinidades que teníamos: iba sola -igual que yo-, comimos casi lo mismo en mesas cercanas, buscaba la sombra -como yo- y llevaba una cámara profesional -igual que yo-. Pero ella llevaba un libro físico y yo no. Aunque adoro los libros físicos, cuando estoy de viaje me resulta mucho más cómodo descargarme varias novelas en el eBook, que no pesa nada.
En Hidra tuve que entrar en la que posiblemente fuera la única librería-papelería-kiosko-estanco que había en toda la isla.
Y para rematar el día, cuando llegué al Centro Cultural Stavros Niarchos, donde entré por la urgencia de que necesitaba un baño, me encontré también con una biblioteca.
Es curioso porque aunque yo no los busque los libros siempre me terminan encontrando a mí. Es genial eso.



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