Quizás el Estadio Panatenaico es uno de los edificios más sorprendentes de Atenas, debido sobre todo a sus dimensiones. Se veía perfectamente desde la AcrópolisAcrópolis, pero acercarse a esa mole de mármol era algo extraño.
Con sus gradas de mármol blanco pentélico y un aforo para 70.000 espectadores, excavado en la colina de Ardettos, es un estadio antiquísimo que se ha recuperado en los tiempos modernos, y que atrae por igual tanto a los amantes de la arquitectura clásica como a los aficionados a los deportes.
Construido en el siglo IV a.C. y restaurado para los primeros Juegos Olímpicos modernos en 1896, fue utilizado por primera vez para los torneos de atletismo de las Panateneas. Cuentan que con ocasión de la proclamación de Adriano en el 120 un millar de fieras fueron sacrificadas en la arena. Con posterioridad, Herodes Ático empleó mármol para reconstruir las gradas.
En 1895, tras varios siglos de abandono, el estadio fue restaurado por el filántropo griego Georgios Averof; en la entrada se encuentra su retrato en mármol.
La pista y el campo de atletismo no son de tamaño olímpico, y por eso el estadio sólo acogió las pruebas de tiro con arco y la final del maratón en los Juegos Olímpicos de 2004.
Hoy se utiliza esporádicamente para conciertos y actos públicos. Sin embargo, no se puede acceder a las gradas, y sólo unos pocos deportistas con acreditación pueden acceder a las pistas para correr, en una entrada que se abre para ellos diez minutos al día.
Allí me puse a hablar con uno de los guardias que lo custodian, que iba vestido de una forma especial. Cuando le dije que era española me dijo que la Reina Sofía es griega y que allí la quieren mucho.
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