La víspera de marcharnos de México decidimos ir al centro de la Zona Hotelera. Esto es una lengua de tierra que rodea una laguna. Y en toda esa lengua de tierra se concentran la mayor parte de los hoteles y resorts de Cancún. Y es que, de un lado, ves el océano Atlántico y, por detrás, tienes una laguna plagada de cocodrilos.
Habíamos decidido irnos de compras temprano y pasar el resto del día en la piscina del hotel, relajándonos, disfrutando de las últimas horas que nos quedaban en el paraíso.
Como ya habíamos cogido autobuses urbanos y sabíamos la dirección que debíamos tomar, sólo nos quedaba cruzar la calle, pero es que allí no había manera de cruzar. Sólo nos teníamos que arriesgar un poco, y los coches iban a bastante velocidad. Aún no sé cómo conseguimos cruzar la calle.
Le preguntamos al conductor por el Mercado Coral Negro y él mismo nos dijo que nos avisaría. Cuando entramos en el nuevo mercado nos sentimos avasallados. Entrábamos en una tienda y el de al lado nos decía que entráramos en su tienda, que vendía exactamente lo mismo. Se nos echaban encima y, en realidad, era un poco agobiante.
Allí es donde nos dijeron que por las noches los cocodrilos de la laguna, en medio del silencio, solían acercarse a la carretera. Pero sólo por las noches. De hecho, cualquiera se acercaba a la otra orilla. Había carteles donde avisaban que era zona de cocodrilos.
Decidimos marcharnos de allí porque habíamos visto otro mercado desde el autobús, y estaba muy cerca. El Mexican Outlet fue otra cosa. Era una especie de pabellón gigante y nadie se nos echó encima, de hecho era muy económico. Allí compramos el resto de cosas que nos faltaban (que los sobrinos piden siempre). Cuando íbamos a pagar se me ocurrió coger una especie de caramelo que había en unas cestas, y era increíble el sabor. Cacao puro, nada que ver con el chocolate que nosotros conocemos.
No pude resistirme y tuve que traer esas tabletas de chocolate, que en realidad eran redondas. Y vimos cómo unos artesanos partían el chocolate y lo convertían en pequeños caramelos.
Íbamos cargados, pero ya no nos quedaba más que hacer allí. Queríamos regresar al hotel y disfrutar del reposo antes de preocuparnos por el viaje de regreso.






No hay comentarios:
Publicar un comentario