Casi en el centro de la península de Yucatán se encuentra Chichén Itzá, una de las maravillas del mundo moderno desde 2007.
Escapar de Cancún a Chichén Itzá supuso que viéramos un nivel de pobreza bastante relevante. El autobús pasaba por pueblos recónditos, semi abandonados, veíamos casas sin techumbre y la gente a lo largo de la carretera con sus puestos de recuerdos mexicanos, bajo el calor abrasador de un sol radiante; pasamos junto a vehículos que se caían a pedazos y los rótulos de las tiendas estaban pintados en la pared, como si fueran pinturas murales.
Ya nos avisaron que además estos vendedores que se asentaban junto a las ruinas, que en la explanada de Chichén Itzá se multiplicaban, se echaban encima de los turistas y que podían dejarte algo y luego pedirte dinero porque se había roto.
Pero para entrar en Chichén Itzá, antes debíamos hacer una parada. Al ser un lugar sagrado, el visitante debe purificarse, así que entramos en un lugar donde un chamán nos bendecía, donde nos explicaban las características milagrosas de las piedras de obsidiana y donde nos invitaron a un café bastante bueno.
En Pisté de Chichén Itzá no sólo nos purificaron, sino que además mi novio compró una piedra de obsidiana, de esas piedras negras que al sol verdean y que frotas y se calientan al instante. Dicen que si pasas la piedra caliente sobre una parte que te duela a modo de masaje te alivia, sólo que la piedra sólo la puede utilizar él porque si la usara yo el dolor (en este caso muscular) pasaría a mí.
Después de purificarnos ya podíamos entrar en Chichén Itzá. Varios kilómetros más allá, los puestos con calaveras, calendarios mayas y figuras de la pirámide principal se iban multiplicando.
Chichén Itzá fue un importante enclave de la avanzada civilización maya. Sus edificios, pese a estar en ruinas, siguen siendo hoy impresionantes y es uno de los reclamos turísticos más importantes de México.
El Castillo o pirámide sagrada es un edificio construido encima de una estructura anterior. Tiene 24 metros de altura y estaba dedicada al dios Kukulcán, representación maya del dios Quetzalcóatl. El diseño de esta pirámide responde a un orden astronómico: las cuatro escalinatas se orientan a los puntos cardinales; algunos elementos se corresponden con aspectos del calendario maya y dos veces al año, al ponerse el sol, se produce la fascinante ilusión óptica de la escalinata norte.
Los 52 tableros de cada cara de la pirámide representan los años del ciclo sagrado maya. Los nueve cuerpos escalonados a cada lado de la pirámide quedan divididos por la escalinata en 18 terrazas que simbolizan los 18 meses del calendario azteca.
Las cuatro escalinatas de la pirámide tienen 91 peldaños. Así, las cuatro, junto con la base del adoratorio, suman un total de 365 peldaños, tantos como días tiene el año.
En la escalera norte, las dos cabezas de serpiente a los pies de la pirámide representan al dios Kukulcán. En los equinoccios, las luces y sombras hacen que parezca que suben por la pirámide.
Cuando te acercas a las serpientes de la escalinata norte, también puedes llamar al quetzal, porque si aplaudes justo ahí se replica el sonido que hace el quetzal, ave nacional de algunos países de Centroamérica. Si un grupo numeroso como el nuestro aplaude a la vez, el sonido es abrumador, porque parece que un gran número de quetzales van a salir volando de la pirámide.
Las excavaciones del lado este permiten a los visitantes ser testigos del proceso arqueológico que revela que la pirámide se construyó sobre los restos de otro asentamiento. Desde que fue declarada una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno no se permite subir por sus escaleras.
Justo detrás se encuentra el Grupo de las Mil Columnas, formado por columnatas de piedra tallada a ambos lados de una vasta plaza. Se cree que sirvió como mercado.
Al lado se encuentra el Templo de los Guerreros, un elevado templo que destaca junto al grupo de las Mil Columnas. Es lo suficientemente grande como para pensar que aquí se celebraban reuniones multitudinarias.
Ante la entrada principal hay una estatua de Chaac Mool recostado, que significa "gran jaguar rojo" en maya yucalteco.
Finalmente está el Juego de la Pelota. Todos los pueblos prehispánicos tienen un juego de la pelota, pero de todos ellos éste es el mayor. Más que un deporte, el juego de pelota que se practicaba en toda Mesoamérica tenía un carácter ritual. Dos equipos competían para introducir una pelota a través de un anillo de piedra empotrado en la pared, a un lado de la cancha. Se cree que quienes perdían el partido encontraban después la muerte. Hoy en día aún se practica una variante del juego llamada hulama.
LOS MAYAS
A diferencia de otros pueblos mesoamericanos, los mayas no constituyeron un gran imperio centralizado, sino que vivían en ciudades-estado independientes en la península de Yucatán y partes de Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador. Esto no les impidió adquirir avanzados conocimientos de astronomía y desarrollar complejos sistemas de escritura, cálculo y medición del tiempo.
Hubo otras civilizaciones mesoamericanas que desarrollaron sistemas de escritura, pero ninguno tan completo y elaborado como los mayas, que usaban 800 jeroglíficos distintos (o glifos), unos para representar palabras y otros para sonidos fonéticos. Los códices mayas se formaban escribiendo por ambas caras de una fina hoja de corteza, que luego se plegaba como un acordeón. Sólo han sobrevivido cuatro códices y su estudio llevó a importantes avances en el desciframiento de la escritura a mediados del siglo XX.
Los mayas poseían conocimientos de astronomía muy avanzados para su época; observaban y predecían las fases de la luna, los equinoccios y solsticios, y los eclipses de sol y luna; sabían que el lucero del alba y el de la tarde eran el mismo planeta, Venus, y calcularon su "año" en 584 días, a sólo una fracción de la cifra exacta (584,92 días). Y lo curioso es que realizaron todo esto sin ayuda de lentes para observar objetos lejanos, instrumentos para calcular ángulos ni relojes para medir los segundos, minutos y horas.
De todas las civilizaciones mesoamericanas, es a los mayas a quienes se les deben las obras de arte más perdurables y numerosas. El arte maya se distingue por su naturalismo, que lo acerca más a los ojos modernos. De esta producción destacan los autorretratos, que aproximan al visitante al modo de vida, hábitos guerreros, costumbres y creencias de los mayas.
Los mayas se regían por el Calendario Circular de 52 años, resultado de la combinación de dos ciclos, el Haab y el Tzolkin, que actuaban simultánea pero independientemente. Para períodos superiores a 52 años, los mayas empleaban un sistema distinto: la llamada Cuenta Larga. Allí nos hicieron nuestro propio certificado del calendario maya, aunque hemos de reconocer que no entendemos nada. Lo que sí es cierto es que mi novio y yo nos trajimos cada uno un calendario maya decorativo. Sigo sin saber cómo van los días, meses y años pero lo miro en el salón y me parece fascinante.
Finalmente voy a hablar de algo que me pareció horroroso. Y es que el guía nos contó que los mayas, por cuestión de estética, se apretaban la cabeza desde bebés, con el fin de moldearla y estrecharla dejándola con forma de pepino. Es una antigua práctica que me pareció terrible. Pero para los mayas el aplanamiento de la cabeza no era sólo con motivo de belleza, sino que tenía otros significados. Según los pueblos mesoamericanos, la razón y la conciencia se encontraban en la parte superior de la cabeza, por lo cual, para armonizarla con algunos órganos vitales como el corazón, había que deformar el cráneo de la persona. Para ello, al nacer un bebé, la madre lo recostaba en una cuna compresora atando muy firme su cabeza, el abdomen y las piernas, aprovechando la plasticidad del recién nacido. Cuando el niño comenzaba a crecer y a caminar, la compresora se sustituía por una prensa de tablas libres que se sujetaban a la cabeza y le permitían el libre movimiento. Según la cultura maya, la deformación de la cabeza estaría relacionada con Yum Kax, el dios del maíz.





No hay comentarios:
Publicar un comentario