Las personas que hemos crecido con animales domésticos, y sobre todo con perros, sentimos un amor incondicional hacia ellos.
Mi primer perro se llamaba Levi. Era un perro lobo agresivo que le trajeron a mi hermano cuando era un cachorro. Sólo respetaba a la familia, y los que se acercaban podían ver una dentadura afilada. En realidad, quien le cuidaba era mi madre, por quien Levi sentía adoración. Pasaron los años y el perro se hacía viejo y un día le pusieron la inyección. Mi madre recuerda la mirada inteligente del perro, como si supiera que su final estaba cerca. No sé por qué se lo llevaron, lloré mucho porque el perro había estado con nosotros durante años.
Unos meses después llegó Luna, una preciosa pastora alemana que era muy juguetona. Pero no era Levi. Luna se ganaba a todo el mundo, estaba suelta por el jardín, y yo sabía que si un día tendría un perro sería un pastor alemán. Veo esta raza de perros y me derriten el corazón. Los lleva la policía, y están en los aeropuertos, donde tengo que reprimir las ganas de acariciarlos. Son tan nobles…
Desde que Luna se la llevo mi abuelo y nos dejó sin perro durante unos años, yo iba a casa de mi tío que, como cazador, tenía varios perros de caza que se quedaban de pose. Éstos sólo vivían por y para la caza y eran como unos pequeños príncipes. Mi tío les adoraba.
Finalmente llegó Yoguito, era una mezcla de perro ratonero y terrier que no iba a crecer mucho. Yoguito enseguida se aficionó a dormir conmigo, morderme los zapatos, chuparme las manos para que dejara el libro y llorarme para que le hiciera caso y le sacara de paseo, hiciera el tiempo que hiciera. Yoguito un día desapareció, creemos que se fue a hacer el Camino de Santiago con una perra que había conocido. Fue un shock, porque era uno más de la familia. Decidimos no volver a tener perro.
En la actualidad muchas veces pienso en lo que me gustaría, pero no puedo soportar tener tantas horas solo en mi casa a un perro, me lo imagino llorando y no puedo con ello.
Si un día me echo un perro iré a buscarlo a la protectora. Ya no pienso en pedigrí, sino en aquellos que han sufrido. Siempre me llega al corazón el que más me ha sufrido.
Mi novio tiene tres perros. Moncho es ciego y tiene muchos años, y yo no podía parar de acariciarle. Pero Luna y Nala siempre se acercan en busca de caricias.
Quien ha tenido perro sabe lo que es el amor incondicional de estos animales.
Algún día volveré a tener un perro, porque son animales fantásticos, inteligentes y, sobre todo, nobles.
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