sábado, junio 24, 2023

Viaje a México: Hotel The Sens Cancún


Contraté el hotel a diez días de marcharnos, y ciertamente fue una oferta inesperada. De hecho, yo me negaba a ir a un hotel con todo incluido, así que tenía fichado uno de tres estrellas y con sólo desayuno. Pero en el último momento me saltó la oferta que por cien euros más bien merecía la pena: cuatro estrellas y todo incluido, también en la Zona Hotelera. No lo dudé. Lo que no esperábamos es lo que nos íbamos a encontrar allí.

Piscina de noche

Llegamos al hotel, que tenía un hall impresionante. Sin entrar al interior ya nos cogieron las maletas, y en vez de ir a la recepción que allí había fuimos a una primera planta donde era todo más íntimo. Allí había un mostrador con bebidas, fruta, dulces... y nos dijeron que nos sirviéramos lo que quisiéramos. Era todo muy raro.

Vistas desde la habitación del hotel

Lo primero que nos dijeron es que éramos clientes vip y nos pusieron una pulsera lila que viajó muchos kilómetros. No sé de qué material están hechas, pero no se quitan así como así. Nos dieron la clave de la wifi y el joven que nos atendió nos descargó la aplicación del hotel en el móvil. Y a partir de ahí teníamos que esperar a que nos prepararan la habitación. También a partir de ahí -nos dijeron- teníamos vía libre en todos los restaurantes en nuestro hotel y en el Oasis Palm, que se encuentra justo al lado, es decir, que no teníamos que pagar nada.

Primer día nada más llegar...

Salimos a la zona de la piscina y estaba lleno de gente. Nos acercábamos al mediodía y hacía un calor impresionante. Hicimos una ronda de reconocimiento y yo le decía a mi novio: "Pues podemos comprarnos unos bañadores en la tienda del hotel y tirarnos a la piscina". 

Piscina del hotel

Al estar conectados a la wifi del hotel nos pusimos a enviar fotos y vídeos a nuestras familias, dando un poco de envidia sana. Sin salir del recinto de la piscina miramos la playa con aguas turquesas, con hamacas a ras del agua y allí fue cuando vimos a los guardias que protegen a los turistas, paseándose por la playa, arriba y abajo.

Camas del hotel en la playa

Nos sentamos en la terraza del restaurante Café del Mar frente al mar, protegidos del sol, mientras comíamos algo rápido y disfrutábamos del momento. Estábamos de vacaciones y aquello era como estar en el paraíso.

De allí nos fuimos a una cafetería junto al hall de entrada, donde nos tomamos unos cafés helados, y paseamos por la piscina, bajo un sol abrasador, hasta que el recepcionista nos vio y nos dijo que ya estaba nuestra habitación. 

Habitación del hotel

Llegamos a la décima planta del hotel. Era la última planta, así que las vistas eran impresionantes. Allí no había niños, era una zona de Adults Only. Nada más salir del ascensor nos encontramos un bar y luego llegamos a la habitación, con unas vistas preciosas del mar, desde una altura terrorífica, y abajo se veía la piscina.


La habitación estaba equipada a todo trapo, con su cafetera, el mini-bar que reponían varias veces al día, y las notas de nuestra camisera. Creo recordar que se llamaba Sonia, y cada día nos dejaba una tarjeta con una frase positiva que venía en español y en inglés. 

Vistas desde la 10ª planta, atardecer en Cancún

Nosotros no amortizamos el hotel todo lo que hubiéramos querido, pero es cierto que si nos íbamos de excursión es complicado hacer una reserva para cenar, cuando había una hora (las cuatro de la tarde) para hacerlo. Que nosotros a las cuatro no estuvimos casi ningún día en el hotel.

Zona de piscina de noche

La piscina estaba dividida en varias zonas. En la parte que menos cubría y según se sale desde el hall había una imitación de una playa que iba profundizándose hasta llegar el fondo que cubría unos dos metros. En esa parte se elevaba y estaba unida a una especie de segunda piscina que no cubría, donde se encontraba un bar con taburetes de gresites y hamacas en medio de la piscina. 

Estar tomando bebidas tropicales en el bar de dentro de la piscina era como estar en el paraíso. Lo que pasa es que el bar de la piscina cerraba pronto y no servía bebidas con granizado. Así que los daiquiris de fresa nos los teníamos que tomar fuera. ¡Cuántas veces nos sentamos en una mesa a la sombra mientras disfrutábamos del momento! Se nos nota en las caras la felicidad plena. Cuando teníamos ganas de bañarnos íbamos a la piscina, entre daiquiris, piñas coladas y sexo en la playa (bebida a base de vozka). 

El hotel tenía gran variedad de restaurantes de diferentes tipos de comida, también en el Oasis Palm colindante, pero casi siempre íbamos al Buffet, donde no había que reservar, donde tenías bufet para elegir lo que quisieras, pero estaba lleno de familias con niños y siempre había que esperar fila para que te asignaran una mesa. 

Bites Food Hall Restaurant

Pero el último día que estábamos allí reservamos en el Bites Food Hall, donde cenamos muy bien. También al mediodía nos habíamos acercado al Oasis porque repartían comida rápida: sushi en un chiringuito y hamburguesas y perritos en otro chiringuito. Allí vimos comiendo también a la policía que se pasaba por la playa. Fue gracioso, porque mientras estábamos esperando para pedir sushi el cielo se nubló, descargó durante cinco minutos, nos mojamos un poco pero nadie se inmutó. Después volvió a salir el sol.

Digo que no amortizamos los restaurantes porque había cenas con espectáculos y uno de ellos tenía incluso piscina con chorros de agua simulando un spa. Lo sé porque nos asomamos. Pero tenemos claro que repetiremos lugar y hotel en un futuro más próximo que lejano.

Finalmente tengo que hablar de la entrada del hotel. Allí la entrada no es libre, tienen su guarda con la garita, que regula quiénes entran y salen, sobre todo si vamos en taxis o autobuses. Cuando salíamos del hotel andando no había problema: se notaba a leguas que éramos turistas y además llevábamos las pulseras del hotel. 

Entrada principal

Enfrente de la entrada principal, en esa donde el primer día nos cogieron las maletas que más tarde subirían a la habitación, había un estanque lleno de carpas. Muchas carpas. Y estaban acostumbradas a la gente porque cuando alguien pasaba las carpas asomaban el morro...

Pasar unos días en The Sens Cancún fue algo magistral. Debo decir que recomendaría este hotel a todo el mundo. Supongo que todos los hoteles de la Zona Hotelera de Cancún son similares, pero aquí no estamos acostumbrados.

El coste original de la habitación vip para dos personas seis días con todo incluido era de 3.800€, pero la oferta que me aplicaron fue tan alta que sólo pagamos 1.300€ entre los dos. Ahí queda...

Página web del hotel.

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