Para mí siempre es un placer leer a los clásicos rusos. Este año he leído varios clásicos internacionales, pero había meses que no leía a ningún clásico.
Tengo que reconocer que esta novela breve merece mucho la pena, y que pese a lo que nos tiene acostumbrados el autor (novelas densas e interminables) ésta se lee de un tirón y en unas pocas horas.
Noches Blancas hace alusión a un fenómeno que ocurre en algunas zonas de ciertas latitudes de Rusia, donde anochece tarde y amanece temprano, lo que hace que la oscuridad nunca llegue a ser completa.
Esta novela es una historia de amor, o de desamor, de un amor no correspondido, un desamor que entristece. Al final, el lector se termina identificando con el protagonista de la historia, el que no consigue el amor deseado.
Escrita en primera persona, un hombre de Petersburgo acostumbra a pasear por las orillas del río Neva. Es un solitario y piensa en que cuando llega la primavera las familias de la ciudad huyen al campo, pero a él nadie le quiere llevar. Es entonces cuando en un puente encuentra a una mujer que está llorando. Él es muy tímido pero decide acercarse a ella y la joven sale huyendo, pero la sigue y la libra de un borracho. Es entonces cuando el narrador-protagonista nos describe las noches blancas que pasa con ella, siempre en el mismo lugar.
Empiezan a hablar y él le explica que es un paseante soñador, que sueña con encontrar su gran amor, pero es tan tímido que nunca ha hablado, hasta ahora, con una mujer. Ella ríe y le dice que se llama Nastenka y entonces le cuenta su historia.
Nastenka vive con su tía ciega en una casa donde alquilan una habitación. Su tía, harta de las travesuras de la joven, acostumbra a atarle un imperdible de su vestido para que no se escape, así que Nastenka vive junto a su tía y apenas sale de casa. Hace un año llegó un inquilino joven del que Nastenka se enamoró perdidamente. Cuando estaba a punto de irse, ella hizo un hatillo y le pidió marchar con él, pero él le dijo que regresaría a casarse con ella al cabo de un año si ella seguía sintiendo lo mismo. El año ya ha pasado, la joven sabe que su amado está en la ciudad y no se ha puesto en contacto con él.
El protagonista decide escribir una carta para el amado y si no contesta intentará que Nastenka se fije en él, ya que se ha enamorado de la joven. Y cuando parece que el otro no va a aparecer, el protagonista se queda sin la chica y con el corazón destrozado.
EL AUTOR:
A los 18 años, la noticia de la muerte de su padre, torturado y asesinado por un grupo de campesinos, estuvo cerca de hacerle perder la razón. Ese acontecimiento lo marcó como una revelación, ya que sintió ese crimen como suyo, por haber llegado a desearlo inconscientemente. Al terminar sus estudios con 20 años, decidió quedarse en San Petersburgo, donde se ganó la vida como traductor.
La publicación, en 1846, de la novela epistolar Pobres gentes, avalada por el poeta Nekrásov y por el crítico literario Belinski, le valió una fama ruidosa y efímera, ya que sus siguientes obras no tuvieron ninguna repercusión, cayendo el autor en un olvido total.
En 1849 fue condenado a muerte por su colaboración con determinados grupos liberales y revolucionarios. Fue indultado momentos antes de la hora fijada para su ejecución, y pasó cuatro años en un presidio de Siberia, experiencia que relataría más tarde en Recuerdos de la casa de los muertos. Cuando adquirió nuevamente la libertad, fue incorporado a un regimiento de tiradores siberianos y contrajo matrimonio con una viuda de pocos recursos, Maria Dmítrievna Isáieva.
Tras largo tiempo en Tver, recibió autorización para regresar a San Petersburgo, donde no encontró a ninguno de sus antiguos amigos, ni eco alguno de su fama. La publicación de Recuerdos de la casa de los muertos (1861) le devolvió la celebridad. Para la redacción de su siguiente obra, Memorias del subsuelo (1864), también se inspiró en su experiencia siberiana. Soportó la muerte de su mujer y de su hermano como fatalidades ineludibles. En 1866 publicó El jugador, y la primera obra de la serie de grandes novelas que lo consagraron definitivamente como uno de los mayores genios de su época, Crimen y castigo.
La presión de sus acreedores lo llevó a abandonar Rusia y a viajar indefinidamente por Europa junto a su nueva y joven esposa, Ana Grigorievna. Durante uno de esos viajes su esposa dio a luz a una niña que moriría pocos días después, lo que sumió al escritor en un profundo dolor. A partir de ese momento sucumbió a la tentación del juego y sufrió frecuentes ataques epilépticos.
Tras nacer su segundo hijo, estableció un elevado ritmo de trabajo que le permitió publicar obras como El idiota (1868) o Los endemoniados (1870), que le proporcionaron una gran fama y la posibilidad de volver a su país, donde fue recibido con enorme entusiasmo. En esta época emprendió la redacción de Diario de un escritor, obra en la que se erige como guía espiritual de Rusia y reivindica un nacionalismo ruso articulado en torno a la fe ortodoxa y opuesto al decadentismo de Europa occidental, por cuya cultura sentía una profunda admiración.
En 1880 apareció la que el propio escritor consideró su obra maestra, Los hermanos Karamazov, que condensa los temas más característicos de su literatura: agudos análisis psicológicos, la relación del hombre con Dios, la angustia moral del hombre moderno y las paradojas de la libertad humana. Máximo representante, según el tópico, de la "novela de ideas", en sus obras aparecen evidentes rasgos de modernidad, sobre todo el tratamiento del detalle y de lo cotidiano, en el tono vívido y real de los diálogos y en el sentido irónico que apunta en ocasiones junto a la tragedia moral de los diálogos y en el sentido irónico que apunta en ocasiones junto a la tragedia moral de sus personajes.
EL LIBRO:
Título original: Бе́лые но́чи, Bélyie nóchi
Autor: Fiódor Dostoievski
Editorial: Edición gratuita de Apple Books
Número de páginas: 97
Valoración: 8/10
RETOS:
* Bingo de libros pendientes: El gratuito.
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