Hace muchos años comencé a ver la película "A propósito de Henry", pero nunca he llegado a verla entera. Así que ayer no lo dudé cuando la echaron en la televisión. Me pareció una película magnífica para pasar la tarde de Navidad.
Henry Turner (Harrison Ford) es un flamante abogado neoyorkino. Suele causar sensación y miedo y en su bufete de abogados están encantados con él, porque es el mejor. Vive en una vivienda gigante junto a Central Park y tiene muy mala leche. Su mujer Sarah Turner (Annette Bening) no está contenta con la vida superficial que tienen, pese a que son ricos, y su hija Rachel (Mikki Allen) teme a su padre. Pero todo eso cambia cuando una noche va a comprar tabaco y un atracador le dispara, causándole daños en el cerebro.
Henry tiene que aprender a caminar y hablar de nuevo, pero se niega a todo hasta que conoce a su fisioterapeuta Bradley (Bill Nunn), que consigue no tener compasión por él y le ayuda a hablar y a caminar. Entre ellos comienza una gran amistad hasta que cuando está lo suficientemente recuperado llega la hora de volver a casa. Su mujer y su hija se presentan en la residencia de rehabilitación, pero para Henry siguen siendo dos extrañas y no quiere volver a casa.
Pero Raquel se acerca a su padre y le ata los cordones de las zapatillas, enseñándole como un día él le enseñó a ella. Gracias a su hija Henry comienza a ver el mundo de nuevo, descubre la vida que tenía y se da cuenta de que no le gusta. Ha renacido como un hombre nuevo del que su mujer se vuelve a enamorar y se da cuenta de que quiere seguir viviendo junto a la familia a la que antes no hacía mucho caso. Porque en su nueva vida ha descubierto que antes era una persona sin escrúpulos con una vida vacía, y ahora valora a las personas y las cosas que antes no valoraba...
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