Hoy no hay prisa por levantarse de la cama. Simplemente estoy enganchada al finalista del Planeta y no puedo parar de leer.
Pero en cierto momento he recordado otro momento con un libro en la mano.
Era una tarde del mes de agosto, me encontraba relajada en una hamaca en medio del jardín, hacía un calor insano y el libro era Castellano.
Cuando la felicidad era un momento así. Cuando no me faltaba nadie, cuando no tenía un agujero en el corazón.
Aquella tarde Chini todavía estaba aquí. Nadie hubiera podido imaginar que sólo le quedaba un mes de vida. Hoy ya no está y ni siquiera una buena lectura puede ofrecerme placer ni un instante feliz. Mi vida está muy vacía sin él, sólo con pensar en su ausencia me invade una tristeza incontenible.
Es terriblemente insoportable.
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