21 de noviembre. Ya son dos meses sin ti.
Todavía no me creo que ya no estés aquí y, sin embargo, sé que partiste en un viaje de no retorno, dejando a todo el mundo destrozado.
Abro los ojos cada mañana y niego tu ausencia y, entonces, comprendo la cruda realidad y siento un hondo pesar que me acompaña allá donde vaya y en cualquier cosa que haga.
Con tu pérdida ya no tengo ilusión, se han borrado mis sueños, no hay nada que me calme, y siento una infinita tristeza.
Es muy injusto que ya no estés aquí. Es terriblemente duro despertar cada día sintiendo que me faltas tú. Es muy costoso seguir adelante. Es insoportable. Yo no sé muy bien cómo seguir caminando sin ti.
Han pasado dos meses y sigo tan mal como el primer día sin ti. Simplemente no puedo soportar que no estés aquí. No puedo con ello.

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