Plaza de María Pita, La Coruña
La primera semana de julio visité Galicia, en concreto La Coruña y Santiago de Compostela. Ya había estado antes en aquella tierra, pero en las Rías Bajas: Pontevedra, Sanxenxo, A Toxa, O Grove, Villamarín y algunas poblaciones de la ría de Arosa. En aquella ocasión era una adolescente y fui con mis padres. En julio podía haber visitado cualquier sitio, pero este año pensé en que ya iba siendo hora de conocer Santiago.
Así que me documenté y descubrí que Santiago de Compostela era una ciudad enfocada al peregrino y que mejor si iba primero a ver el mar a La Coruña. Y así lo hice. El instinto no me falló y disfruté más de La Coruña que de Santiago.
Si no había visitado antes Santiago de Compostela era porque con veinte años me propuse llegar caminando, pero el Camino de Santiago se ha masificado tanto que ha terminado perdiendo la esencia. Hace veinte años había un sacerdote en mi pueblo que estaba muy involucrado con el Camino de Santiago, organizaba grupos de jóvenes para hacer el Camino, y cuando decidió, por fin, organizar un grupo lo hizo con los jóvenes del pueblo de al lado, por donde ni siquiera pasa el Camino de Santiago. Hoy en día mis vacaciones son para descansar, no para acabar reventada después de una kilometrada diaria, así que decidí viajar a Galicia.
Torre de Hércules, La Coruña
La Coruña es la segunda ciudad más grande de Galicia después de Vigo, y cuenta con el faro más antiguo del mundo, la Torre de Hércules, construida por los romanos.
Ocupada por la tribu de los Ártabros, frecuentada por barcos fenicios, griegos y romanos que llegaban para comprar el estaño que se producía en las montañas gallegas, consolida su posición estratégica al construir el faro. Incluso Julio César desembarcó en La Coruña en el 61 a.C.
La ciudad fue devastada en numerosas ocasiones por las invasiones normandas y después abandonada. A partir del siglo XIII y gracias al rey Alfonso IX de León, la ciudad prosperaría al anularse las obligaciones feudales y con motivo del monopolio de la sal y como ciudad libre de tasas.
En el siglo XVI el emperador Carlos I embarcó en el puerto de La Coruña para ser coronado emperador en Alemania. A partir de aquí y tras el fracaso de la Armada Invencible, la flota británica, bajo el mando de Sir Francis Drake puso sitio a la ciudad. Los coruñeses resisten el asalto y aquí emerge el personaje de María Pita, convertida así en símbolo de la ciudad.
Galerías de la Marina desde el puerto, La Coruña
Tras la caída del monopolio comercial de Cádiz con las Américas, La Coruña desarrolla sus actividades comerciales con el Nuevo Mundo. En el siglo XIX surge una corriente arquitectónica que trata de decorar las fachadas de las casas con galerías cerradas con cristales, y con la construcción emergente de estos edificios, hoy en día se le denomina "la ciudad de cristal".
Picasso también vivió aquí a los once años, donde asistió a la escuela de arte de la ciudad, donde su padre era profesor de dibujo.
En 1981, La Coruña perdió su título como capital de Galicia.
En los próximos días hablaré más concretamente sobre la ciudad, porque pasear por La Coruña es un regalo para los sentidos. Sí que puedo decir que uno de mis sitios preferidos era La Marina, no sólo por las galerías de balcones cerrados, sino por el trasiego de gente al atardecer. La última tarde que estuve allí, entre el bullicio de gente y con una quemazón insoportable, me senté en la terraza de una cafetería. Un camarero estuvo un rato hablando conmigo, me señaló al fondo del paseo y me dijo: "Allí, en ese edificio, vive el jefe de Inditex". "Amancio Ortega", le respondí. Me dijo que todas las tardes pasaba por delante de esa cafetería para comer un helado en la heladería que había justo al lado. Pero esa tarde no había pasado, el camarero supuso que estaría de viaje. Le insistí para que me contara más. Me explicó que en La Coruña era muy querido, que tenía muchas empresas que daban trabajo a miles de gallegos... y empezó en un almacén en su pueblo natal cortando telas junto a su esposa. De la nada. Tengo que contarlo, porque Amancio Ortega me parece una persona admirable, y no entiendo cuando se le critica en las redes sociales porque ha donado mucho dinero para comprar máquinas para las plantas de Oncología de varios hospitales (entre ellos el de Logroño). Y sí, ojalá hubiera pasado esa tarde para comprar un helado.
Playas del Orzán y Riazor, La Coruña
Sobre La Coruña tengo que reconocer que me llevo un buen recuerdo, pero algo me desagradó. El día que más nublado estaba me quemé en los brazos y hombros como nunca me he quemado. Como era verano yo no llevaba ni una chaqueta, mi hotel se encontraba al inicio de la Playa de Riazor, justo delante del estadio del Deportivo de La Coruña, y el primer día caminé kilómetros hasta la Torre de Hércules, que parecía tan cercana... Playa de Riazor, Playa del Orzán, Playa del Matadero... hasta llegar a la Torre de Hércules. El tiempo estaba nublado y me llevó media mañana llegar caminando hasta el antiquísimo faro. Pero la brisa me quemó. No me salieron ampollas pero estuve roja durante días, cuando el sol me daba en los brazos lo pasaba mal, y aún hoy si tengo los brazos al sol se me ponen rojos. En una farmacia me dieron una loción calmante para después del sol que me aplicaba cada diez minutos, pero de poco me sirvió.
Playa de Riazor y Torre de Hércules de noche, La Coruña
En cuanto al hotel de La Coruña, recuerdo que tenía los pasillos llenos de libros en varios idiomas, y me hizo gracia. Pero lo mejor fue por la noche. Como nunca bajo las persianas porque me gusta despertarme con la primera luz del sol, veía en la oscuridad la luz del faro de Hércules en la distancia. ¡Y yo que pensaba que no estaba en funcionamiento!
Después de pasar unos días en La Coruña, que ya ampliaré en los próximos días, marché a Santiago de Compostela. La ciudad a la que llegan todos los peregrinos es una ciudad llena de cuestas, que vive por y para el peregrino. Pasear por las estrellas calles del centro, entre tantos edificios de piedra, dotados de esa arquitectura popular en piedra combinada con el color blanco, hasta descubrir la Plaza del Obradoiro y la majestuosidad de la catedral es algo que merece la pena. Pero cuando lo has visto ya no hay mucho más. Visité la catedral, abracé al Santo, rodeado de andamios, entré en el Museo de la Catedral y en el patio del Palacio de Fonseca, en el Parador, y sobre todo me impactó el Pórtico de la Gloria. Vi gente a mi alrededor con impotencia por no poderlo ver, y yo, que suelo ser afortunada, iba a entrar a verlo en la última visita guiada del día. Una de suerte.
Catedral y Plaza del Obradoiro al atardecer, Santiago de Compostela
Lo que ocurrió es que cogí la guía de Galicia para ver a qué hora se abre la catedral, ya que por nada del mundo quería encontrarme rodeada de multitudes, y me levanté a las 7.30h, visité la catedral -para la que no hay que pagar entrada- y me quedé sorprendida porque no había visto el Pórtico de la Gloria. Para una persona que ha estudiado Historia del Arte, visitar Santiago y no ver una de las obras escultóricas más importantes de la ciudad era casi un delito. Así que entré en el Museo de la Catedral, y allí me explicaron que había visitas guiadas de veinte personas, así que me apunté y me dieron hora para las dos de la tarde. Pero vi el Pórtico de la Gloria.
El interior de la Catedral está con andamios porque siempre hay obras antes de un Xacobeo, ya que el próximo Año Santo es en 2021.
Acceso al casco viejo de Santiago de Compostela
Dejo algunas pinceladas sobre el origen del Camino de Santiago: Santiago y su hermano Juan eran pescadores en la barca de Pedro. Santiago se convertiría en uno de los primeros discípulos de Jesús. Tras la muerte de Cristo, habría venido a evangelizar a España, regresando a Jerusalén, donde sería decapitado por Herodes Agripa, el rey de los judíos, en el año 44.
La teoría dice que la tumba de Santiago en Galicia data del siglo VII, donde supuestamente están sus restos, transportados desde Haifa, en Palestina, por dos de sus discípulos guiados por un ángel que les custodiaba.
Tras numerosos enfrentamientos con las autoridades locales, Santiago fue finalmente enterrado en una tumba de mármol y luego fue olvidado. En el año 814 una milagrosa lluvia de estrellas señaló a un ermitaño de nombre Pelayo el emplazamiento de las ruinas del mausoleo. Teodomiro, obispo de Iria Flavia, identificó las reliquias como las del apóstol Santiago, y en ese lugar mandó construir una capilla que fue el origen de la ciudad.
Los primeros peregrinos llegarían poco después. El rey Alfonso II, enfrentado a la invasión musulmana, convirtió la tumba de Santiago en el símbolo de la Reconquista. Según la tradición, Santiago participó en la batalla de Clavijo y fue apodado "el Matamoros" porque luchó contra los musulmanes. A partir de aquel momento, Santiago se convirtió en el patrón de España y la ciudad creció alrededor de la capilla.
Plaza del Obradoiro desde el Museo de la Catedral, Santiago de Compostela
Con el terror de la llegada del año 1000, el pueblo -supersticioso- creía que se acabaría el mundo, por lo que crecieron las peregrinaciones a Santiago de Compostela, y también comenzaron a construirse iglesias y capillas a lo largo del Camino de Santiago.
El término de Año Santo fue instaurado en el año 1122 por el Papa Calixto II. Era la época dorada de Compostela, y el obispo Xelmírez se encargó de terminar de construir la catedral.
Los peregrinos empezaron a llevar una libreta, la Credencial, donde les sellaban en cada etapa, y al llegar a Santiago, la presentación de esta libreta les permitía obtener la Compostela, testimonio oficial del cumplimiento del peregrinaje.
El peregrinaje se paralizó con las guerras de religión del siglo XVI, pero alrededor de la catedral la ciudad fue creciendo y se creó la Universidad.
En 1985 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Lo que me queda, que no es poco, lo dejo para hablar de ello en los próximos días.
La Coruña
2 comentarios:
excelente explicación del recorrido e historia, de una zona que meinteresa por demás ya que mi papá era gallego...
saludos y espero por la segunda parte...
Seguiré hablando de Galicia los próximos días, algo más concretamente que en esta introducción. No me gusta "olvidar" los detalles de lo que vi, por eso lo describo.
Y sí, Galicia es una tierra mágica y preciosa.
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