Catedral de Santiago al anochecer
Cuando decidí marchar a Galicia, mi idea inicial era la de conocer Santiago de Compostela. Durante años siempre quise llegar a la ciudad caminando, pero creo que el Camino de Santiago desvaría su sentido original para convertirse en una ruta masificada donde desaparecen las fronteras. Con esto me refiero a que veo pasar, desde hace décadas, a los peregrinos hacia Santiago, y hay una amalgama de idiomas que es impresionante. Siento curiosidad por los asiáticos, porque hay una cantidad ingente de coreanos (de Corea del Sur) que hacen el Camino de Santiago. Y sí, está de moda.
Pero como todo, mi percepción cambió en el momento en que decidí que mis vacaciones siempre serían para descansar, no para caminar treinta kilómetros diarios hasta llegar a Santiago.
Así que este año decidí visitar la ciudad, pero mi percepción me susurró que Santiago iba a ser una ciudad enfocada a los peregrinos, por lo que mejor marchaba a una ciudad marítima y luego visitaba un par de días Santiago.
Vistas de algunas calles del centro de Santiago desde el Museo da Catedral
Así que una mañana, sin prisas ni pausas, cogí el tren hasta Santiago de Compostela. Mi hotel estaba junto a la Plaza Roja, así que cuando llegué me desubiqué completamente. Porque la Plaza Roja es una parte de la ciudad desde donde salen las calles comerciales y no se veía la catedral por ningún lado. De todas formas, tampoco quise alojarme en pleno centro histórico en las calles que rodean la catedral, por lo que la elección era bastante acertada, sobre todo porque salía del hotel y tenía numerosas tiendas, restaurantes, cafeterías y cervecerías por doquier. Y mucho bullicio de gente.
Ni que decir tiene que, en cuanto dejé la maleta en el hotel, me fui a ver la catedral, y me puse a callejear sin mapa, es decir, que recorrí las calles del casco viejo hasta desembocar en la Plaza del Obradoiro.
De fama universal por su catedral y su peregrinaje, Santiago de Compostela es una de las ciudades más atractivas de España, con sus viejos palacios, sus calles estrechas y sus cálidas plazas. La ciudad se benefició durante siglos del poder de la Iglesia, que llevó a cabo grandes programas de construcción y acondicionamiento.
Actualmente se distingue la ciudad antigua -de arquitectura barroca y neoclásica, construida en granito- y los barrios nuevos, al otro lado de la gran avenida.
Santiago de Compostela es una ciudad universitaria muy animada en invierno a pesar de la lluvia, y muy turística en los meses de verano. El 25 de julio, día de Santiago, es la fiesta más importante del año. Cuando este día cae en domingo, según el ciclo 6/5/6/11 años, es un "año santo". Los visitantes de la tumba del apóstol pueden, si desean seguir el protocolo al pie de la letra: confesar, la comunión y orar por el Papa, obtener la indulgencia plenaria, es decir, el perdón total de sus pecados. El próximo año santo será el 2021.
No voy a seguir el orden de lo que vi según lo iba descubriendo, sino que voy a hablar de cada monumento según su orden de importancia, por tanto tengo que hablar en primer lugar de la catedral de Santiago.
Madrugué para entrar en la catedral. No quería encontrarme con multitudes. Y lo cierto es que si pude disfrutar de su majestuoso exterior, no pasó lo mismo con el interior, que estaba completamente lleno de andamios.
Para entrar en la catedral, no suele estar abierta la entrada de la Praza do Obradoiro, así que tuve que rodear la catedral hasta entrar por la Praza das Platerías. Y abren muy temprano, así que yo aún con el desayuno en la garganta, a eso de las ocho y media de la mañana ya me encontraba dentro de la catedral.
En el año 814, apenas descubierta la tumba del apóstol Santiago en los bosques de Libredón, el rey Alfonso II el Casto ordenó la construcción de la capilla in situ. Así nació la peregrinación a Santiago de Compostela. El santuario se quedó pequeño y Alfonso III ordenó la construcción de una iglesia más grande en el año 899, pero una incursión árabe la hizo desaparecer. Afortunadamente las reliquias del Santo habían sido colocadas en un lugar seguro.
La catedral se edificó en los siglos XI y XII, construida originariamente en estilo románico y destinada a ser el mayor templo cristiano de la época. En la actualidad sus proporciones nos dejan atónitos: su planta de cruz latina mide 97x65 m, y las bóvedas se alzan hasta 22 m por endima de sus dos pisos. Durante los siglos siguientes se fueron realizando continuos trabajos de embellecimiento: panteón real, claustros, una torre defensiva, retablos, esculturas, etc. Será en los siglos XVII y XVIII cuando la arquitectura barroca transforma literalmente la catedral y la ciudad tal cual se la conoce hoy en día. En esa época se destruyó el coro románico del maestro Mateo (por estar pasado de moda y ser demasiado pequeño y poco confortable) y se construyó un nuevo coro con sillería de madera que sustituyó a la de piedra.
Fachada principal en la Praza do Obradoiro
En la Praza do Obradoiro nos encontramos con la fachada principal barroca, que fue colocada en el siglo XVIII sobre la fachada románica para protegerla de los vientos dominantes del oeste. Está enmarcada por dos altas torres profusamente decoradas. Se accede a ella por una gran escalera doble de estilo renacentista, inspirada en el palacio Farnese de Roma.

Pórtico de la Gloria, catedral de Santiago
Detrás de la puerta principal se encuentra el célebre y magnífico Pórtico de la Gloria, que me dejó sin palabras y que sólo se puede visitar con visitas guiadas solicitadas con varias horas de antelación (de algo me tenía que servir madrugar tanto para ver la catedral). Es tan impactante que no tengo palabras para describirlo, pero bien merece la pena la visita. Es majestuoso y lo tienen protegidísimo. La fachada original del Pórtico de la Gloria es del siglo XII y sólo se puede ver desde el interior, ya que se encuentra tapado por la fachada barroca del exterior. Sus tres arcos de medio punto coinciden con el eje de las tres naves del santuario. En el centro, en el tímpano, el arquitecto Mateo ha representado a Cristo rodeado de evangelistas y profetas (que originalmente estaban policromados); por encima de las arquivoltas, los 24 ancianos músicos del Apocalipsis se disponen a tocar para alabar a Dios. El apóstol Santiago, sentado, se apoya sobre el parteluz (columna central) donde está esculpido el Árbol de Jessé (genealogía de Cristo). Se trata de la primera representación conocida de este tema en la Península Ibérica. Los peregrinos colocaban su mano derecha a sus pies, hacia la mitad de la columna, para que les fuera concedido un deseo (en la actualidad no se puede tocar). En el lado opuesto de la columna, está representado el maestro Mateo de rodillas. Los estudiantes tenían la costumbre de golpear tres veces con su cabeza la frente del arquitecto para que les transmitiera su genio (de ahí que se le conozca como "santo dos croques", el santo de los coscorrones). En las jambas de ambos lados hay apóstoles y profetas que con su sabiduría aplastan grifos y quimeras.
Interior de la catedral de Santiago, llena de andamios
En la nave central pende el Botafumeiro, impresionante incensario de 62 kg de latón bañado en plata, que yo no pude ver porque lo habían quitado por las obras del interior. El original era de plata pura pero fue robado en 1809 por las tropas napoleónicas. Lo manejan ocho hombres (tiraboleiros), siguiendo un rito del siglo XI destinado a purificar la catedral ante la gran afluencia de peregrinos. Según me dijeron, la función del Botafumeiro es la de expandir el olor a incienso, ya que los peregrinos que llegaban a la catedral olían a sudor y polvo, así que buscaron una solución para que el interior de la catedral no oliera mal.
Acceso a la Capela de Corticela, catedral de Santiago
Siguiendo un pasadizo del siglo XVIII se accede a la Capela de Corticela, que formaba parte de un oratorio independiente. El pasadizo da al pórtico de los Reyes Magos, pórtico de estilo románico también del maestro Mateo.
Busto de Santiago en la catedral
Como el altar mayor estaba lleno de andamios, me tuve que conformar con abrazar el busto de Santiago, ése es el final de la peregrinación. Debajo está el coro barroco, decorado con sillería de madera y ángeles dorados.
Cripta de la catedral de Santiago
Detrás del busto del apóstol se puede descender a la cripta, donde está expuesto el relicario de plata que contiene las reliquias del apóstol y los discípulos Teodoro y Atanasio, que escoltaron sus restos hasta España.
Reconozco que entré en la catedral buscando dar el abrazo, bajar a la cripta y ver el Pórtico de la Gloria, que como tiene un acceso aparte salí ofuscada porque no había conseguido encontrarlo.
Museo de la Catedral de Santiago
Así que mis pasos me llevaron al Museo da Catedral, donde pregunté por el Pórtico de la Gloria y donde adquirí una entrada combinada para el Museo de la Catedral, el Pazo de Xelmírez y el Pórtico de la Gloria.
El Museo da Catedral tiene cuatro plantas y se exhiben una serie de objetos religiosos y artísticos, con antigüedades que se remontan al siglo XII. Se puede descubrir la reconstrucción del coro románico original del maestro Mateo, una exhibición de elementos religiosos de diferentes épocas, antiguas columnas de piedra, un claustro del siglo XVI, la Capilla de las Reliquias, el Tesoro y la Biblioteca.
Praza do Obradoiro desde el Museo da Catedral
Pero lo que es digno de ver son las vistas de la Praza do Obradoiro desde su balconera superior.
En la segunda planta hay un claustro monumental del siglo XVI, de estilo gótico con motivos platerescos. Sus pasillos están embaldosados con lápidas de tumbas de canónigos.
Entrada al Pazo de Xelmírez, Praza do Obradoiro
Si el Museo se encuentra a la derecha de la catedral, el Pazo de Xelmírez se encuentra a la izquierda. Este palacio episcopal fue construido por el arzobispo Diego Xelmírez para sustituir la antigua residencia episcopal destruida durante las revueltas. En el siglo XVIII se añadió una nueva planta a los dos pisos originales, que desentona bastante con el resto del palacio.
La Sala de Ceremonias del Pazo de Xelmírez alberga un espacio dedicado a la figura del maestro Mateo, donde se exponen algunas piezas originales que formaron parte de diferentes espacios de la catedral.
Fachada principal con sus torres: Torre de la Carraca (izquierda) y Torre de las Campanas (derecha)
La torre norte de la fachada del Obradoiro (a la izquierda de la fachada principal) recibe el nombre de la Torre de la Carraca por albergar en su interior este instrumento, de grandes dimensiones, cuyo sonido sustituye al de las campanas durante el Viernes y Sábado Santos. La otra Torre es la de las Campanas.
La Praza do Obradoiro es una explanada que durante mucho tiempo fue el taller (obradoiro, en gallego) de los canteros que trabajaron en la construcción de la catedral y el Pazo de Xelmírez. La plaza está cerrada al norte por el hospital de peregrinos, construido por los Reyes Católicos en el año 1499 y que se ha convertido en uno de los mejores paradores de España. Tiene una magnífica portada plateresca.
Al oeste, el Pazo de Raxoi, del siglo XVIII, un gran edificio con soportales, alberga el Ayuntamiento y el Gobierno regional de Galicia.
En el lado sur se encuentra el Colexio de San Xerome (San Jerónimo), actual sede del rectorado de la Universidad, con una sublime portada gótica del siglo XV.
Justo detrás, en la Rua do Franco, se encuentra el Colexio Fonseca, del siglo XVI, que da a una pequeña plaza con camelias. Este edificio alberga actualmente la biblioteca universitaria.
En torno a la catedral se entrecruzan las calles más típicas de la ciudad donde es un placer perderse para descubrir las fachadas más bellas. Si el tiempo acompaña, como era mi caso, las terrazas de los cafés y sus sombrillas tientan continuamente a los visitantes.
Adosada al flanco sur de la catedral, la bella Praza das Platerías (Plaza de los Orfebres) debe su nombre a los numerosos artesanos que trabajaban la plata en los talleres de las arcadas adosadas al claustro. Justo encima se abre la única fachada románica de la catedral. El maestro Mateo no la reconocería porque, a lo largo de los años, se le han ido incorporando elementos románicos del coro destruido en 1603 y de la antigua fachada norte destruida por un incendio en el siglo XVIII. Monstruos, centauros y monos alados se entremezclan con santos y profetas. En el lado izquierdo destaca el magnífico rey David, sentado con su lira, obra del maestro Esteban. En el hueco que hay junto a los antiguos talleres de los orfebres, se esconde una concha de Santiago gigante.
En el centro de la plaza está la barroca Fuente de los Caballos (1758), que inspiró a García Lorca el poema Danza de Lúa en Santiago, muy apreciado por los santiagueses por haber sido escrito en gallego. En el otro lado de la plaza se levanta la Casa do Cabildo. Este bello ejemplo del barroco local es famoso por su estrechez (3 metros de profundidad), construido así por razones de estética.
Tras pasar junto al Museo das Peregrinacións e de Santiago, donde no entré (creo recordar que ahí o muy cerca había filas larguísimas de peregrinos esperando para recoger su Compostela), llegué a la magnífica Praza da Quintana, separada de la otra plaza por unos peldaños. La explanada está enmarcada por los altos muros del monasterio de San Paio de Antealtares y la cabecera de la catedral con el acceso a la Puerta del Perdón. Su portada plateresca, rematada por un Santiago flanqueado por sus discípulos Teodoro y Atanasio, está decorada por 24 bajorrelieves de profetas y apóstoles procedentes del antiguo coro románico del maestro Mateo, reinstalados aquí a comienzos del siglo XVII.
La Praza da Quintana se divide en dos partes conocidas como Quintana de Vivos, la de arriba, y Quintana de Mortos, la de abajo. En la parte inferior, a la que se accede por una escalera que simboliza el paso a mejor vida, había un cementerio. La Quintana de Vivos está cerrada al norte por la espléndida fachada de la Casa de Parra (siglo XVII), con una parra sujeta al balcón sustentado por modillones. Entre la decoración destacan unos cuernos de la abundancia. En esa zona, al anochecer, en la esquina sudoeste de la plaza se proyecta en la pared de la catedral la sombra misteriosa de un hombre, con el bastón de peregrino en la mano y sombrero en la cabeza. Esto se debe a la pequeña columna situada enfrente y a la cuerda que pasa por encima.
En la Vía Sacra llama la atención una pequeña torre que es el acceso al Museo de Arte Sacra, junto al monasterio barroco de San Paio de Antealtares, donde todavía habitan monjas benedictinas, hay una pequeña colección de pinturas, esculturas, piezas de orfebrería y otros objetos litúrgicos.
La Praza da Inmaculada se encuentra en el lado oeste de la catedral, donde está la Fachada da Acibecherería, ante la cual los peregrinos terminan ritualmente el recorrido del Camino. Tras sufrir un incendio en el siglo XVIII, ha sido reconstruida en un estilo que mezcla barroco y neoclásico. Enfrente se levanta el enorme monasterio benedictino de San Martiño Pinario, que en el siglo XV era el más grande y rico de Galicia. Hoy alberga un seminario y un hotel.
La Universidad se encuentra en la Praza da Universidade. Fundada en 1501, el edificio, muy reformado en el siglo XVIII, alberga la Facultad de Geografía e Historia. Se ha anexado la vecina Igrexa da Compañía, construida en el siglo XVII en la Praza de Mazarelos.
Cuando los jesuitas fueron expulsados en 1769, San Pedro y San Pablo reemplazaron en la fachada a San Ignacio y San Francisco Javier.
Muy cerca se encuentra el Arco de Mazarelos, único resto de la muralla medieval de la ciudad. Por él entraban antaño los vinos de Ulla y de Ribeiro. Al lado se encuentra la Facultad de Filosofía.
En la Rúa Nova se encuentra la Igrexa de Santa María Salomé, dedicada a la madre de Santiago. Consagrada en el siglo XII, conserva su fachada original, con una bella portada románica.
La Rúa Nova desemboca en la Praza do Toural, donde el Museo Eugenio Granell ocupa el antiguo palacio de los marqueses de Bendaña (siglo XVIII).
Pasear por el casco antiguo de Santiago es para disfrutar. En la Oficina de Turismo me dieron un plano donde podía escoger un itinerario donde poder disfrutar de los edificios más emblemáticos, así que pasear por sus estrechas callejuelas, tomar un tentempié entre turistas y peregrinos y perderme entre piedras de diferentes siglos fue algo muy agradable. Además, el tiempo acompañaba. No voy a detenerme más en el casco viejo, que merece mucho la pena, está lleno de símbolos que tienen relación con el Camino de Santiago (como conchas de piedra en muchas fachadas) y que darían para escribir una novela con ese misticismo que conlleva. Pero a la vez no deja de ser una zona excesivamente comercial vinculada con el Camino de Santiago, enfocada a los peregrinos, y esto... puede resultar algo cargante para que el que va a Santiago como viajero habitual.
Cuando salimos del caso viejo nos encontramos en el Parque da Alameda. Es el parque más conocido de la ciudad y ocupa una colina boscosa que ofrece una magnífica vista del centro histórico y la catedral.
Paseando por el parque se encuentran "las dos Marías" (también llamadas "las dos en punto"), dos estatuas de bronce pintadas de vivos colores, que representan a Maruxa y Coralia, dos hermanas que perdieron la cabeza después de perder a sus hermanos durante la Guerra Civil y por el acoso del régimen franquista tras la contienda. Se cuenta que en los años 60 paseaban por el Parque da Alameda a las dos en punto, vestidas de manera extravagante, y flirteaban con los estudiantes que pasaban por allí.
También destacar que la Cidade da Cultura la vi desde el tren, que no me apetecía nada desplazarme a las afueras para visitar un sitio que me consta que no tiene mucho trasiego de gente, que prefería el casco histórico de la ciudad. Está a quince minutos en autobús. Es un gran complejo moderno diseñado por el americano Peter Eisenman, apóstol de la deconstrucción arquitectónica, que zigzaguea sobre una colina que domina Santiago por el sur. Las olas de sus edificios de vidrio y piedra buscan, sin ningún éxito, fundirse con el paisaje. Se duda de la utilidad de un edifico construido en época de crisis, pero la Xunta de Galicia está muy orgullosa de él. En el momento presente alberga una biblioteca, los archivos gallegos, salas dedicadas a las artes escénicas y eventos culturales, y el Centro Gaiás, que alberga un museo de 6.600 m2 donde se organizan exposiciones temporales de arte contemporáneo en ingentes espacios vacíos.
Para acabar, dejo un vídeo de la tuna compostelana en el interior del Pazo de Raxoi, Praza do Obradoiro. Yo pasaba por allí, y aunque no me gustan las tunas (estudié en Salamanca y los tunos se aprovechaban de su cualidad de tunos para ligar, así que eran muy pelmazos) sí que disfruté escuchándoles un rato. El vídeo se ve en alto gracias al palo selfie.
Portada del Hospital de peregrinos, Santiago
Pazo de Raxoi, Praza do Obradoiro, Santiago
Pórtico del Colexio de San Xerome, Praza do Obradoiro, Santiago
Claustro del Colexio Fonseca, Santiago
En torno a la catedral se entrecruzan las calles más típicas de la ciudad donde es un placer perderse para descubrir las fachadas más bellas. Si el tiempo acompaña, como era mi caso, las terrazas de los cafés y sus sombrillas tientan continuamente a los visitantes.
Portada de la Praza das Platerías, rodeada de andamios, Santiago
Fuente de los Caballos y Casa do Cabildo, Praza das Platerías, Santiago
Puerta del Perdón, catedral de Santiago, Praza de Quintana
Quintana de Mortos, Praza da Quintana, Santiago
Museo de Arte Sacra, Vía Sacra, Santiago
La Praza da Inmaculada se encuentra en el lado oeste de la catedral, donde está la Fachada da Acibecherería, ante la cual los peregrinos terminan ritualmente el recorrido del Camino. Tras sufrir un incendio en el siglo XVIII, ha sido reconstruida en un estilo que mezcla barroco y neoclásico. Enfrente se levanta el enorme monasterio benedictino de San Martiño Pinario, que en el siglo XV era el más grande y rico de Galicia. Hoy alberga un seminario y un hotel.
Praza da Universidade, Santiago
Edificio de la Universidad, Facultad de Geografía e Historia, Santiago
Arco de Mazarelos, Santiago
Pórtico de la Igrexa de Santa María Salomé, Rúa Nova, Santiago
Praza do Toural, Santiago
La Rúa Nova desemboca en la Praza do Toural, donde el Museo Eugenio Granell ocupa el antiguo palacio de los marqueses de Bendaña (siglo XVIII).
Rúa do Vilar, Santiago
Parque da Alameda, Santiago
Las dos Marías, Parque da Alameda, Santiago
Cidade da Cultura desde el tren, Santiago
Para acabar, dejo un vídeo de la tuna compostelana en el interior del Pazo de Raxoi, Praza do Obradoiro. Yo pasaba por allí, y aunque no me gustan las tunas (estudié en Salamanca y los tunos se aprovechaban de su cualidad de tunos para ligar, así que eran muy pelmazos) sí que disfruté escuchándoles un rato. El vídeo se ve en alto gracias al palo selfie.
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