Como a mi madre le dejaron salir del hospital ayer, por la noche tuve que venir a dormir a Logroño. Y esta mañana me he escapado del trabajo para acompañarle a la peluquería. Llamé ayer a la reciente esposa de un amigo mío (la boda que tuve en octubre). Mi madre ha salido guapísima. Mañana toca manicura.
Así andamos, también con catarro.
Y con una pena infinita por la pérdida de ayer, que hoy venía en el periódico.
Por la tarde han venido mis sobrinas y nada mejor para endulzar la tarde que un chocolate caliente.
Esto es otra historia. Es como estar viviendo una vida paralela.

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