Falta menos de un año para que acabe el año y, en cierto modo, ya tengo ganas de que termine.
2015 ha tenido algunas cosas buenas, pero en general no ha sido un buen año. En el mes de Enero perdí a mi tío y padrino, y todos y cada uno de los días me acuerdo de él, sobre todo porque me da mucho coraje ver a mi tía sola, cuando siempre iban juntos. El 1 de Junio ingresaron a mi madre al hospital y durante días era incapaz de dormir, hasta que nos dijeron que tenía una aplasia medular, una enfermedad que le deja sin plaquetas aunque su médula las genere. Si los tratamientos no funcionan se resolvería con el transplante de una médula compatible. Los primeros donantes son sus hermanos -mis tíos- y el resultado fue que son incompatibles. Los segundos donantes somos los hijos y nos hicieron las pruebas el jueves pasado. En estos seis largos meses, los últimos días ya le han dejado salir horas del hospital para ir a comer. Es posible que también nos dejen salir algunos días en Navidad.
Pese al trabajo y reuniones, las tareas caseras y las jornadas de hospital, he sacado tiempo para leer. Es cierto que no he tenido tanto tiempo como otros años (que leía entre 80 y 90 libros). Este año tengo 69 libros leídos, y algo más de 69 euros en el Tarro-Libros (algunos libros, con motivo del grosor, tienen dos euros). No queda nada para poder amortizar todos esos euros en literatura. Ya he anotado que para 2016 tengo que buscar un bote mucho más grande.
En cuanto a los retos, he superado algunos que el año pasado no conseguí superar, pero para esto escribiré una entrada más adelante. Los retos me gustan, pero no me estreso. Aunque no supere los retos me apunto a muchos. Leo a mi ritmo y siempre intentando disfrutar de la lectura.

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