domingo, diciembre 20, 2015

"Hachiko, siempre a tu lado"

He visto muchas estatuas de perros en algunos países que he visitado. Sin duda, Nueva Zelanda estaba plagado de estatuas en honor de los perros pastores, cuidadores de rebaños de ovejas. Junto a la catedral de Amberes me senté en un banco que tenía la inscripción de otro perro que había sido fiel a su dueño hasta la muerte. Y también en la estación de Shibuya me encontré a Hachiko, allí donde esperó durante tanto tiempo a su dueño. Ya su historia me impresionó, aquel perrito que iba día tras día a la estación tokiota de Shibuya a esperar a su dueño aún después de que éste hubiera muerto me hizo recordar a mi perrito Yoguito, que a tantos miles de kilómetros de distancia estaba.
Estatua de Hachiko, en la estación de Shibuya, Japón

Reconozco que no suelo llorar en muchas películas, pero anoche lloré. Quizás lloré por todo lo que significó Japón para mí cuando lo conocí, quizás por la ausencia de Yoguito más de año y medio después. Pero lloré.
La trama de la película se basa en la historia real de Hachiko. Un profesor de música, Parker (Richard Gere), se encuentra en la estación de la ciudad donde vive un cachorro de una antigua raza japonesa. Él no quiere quedárselo, pero se crea un extraño vínculo entre él y el cachorro. Incluso su mujer Kate (Joan Allen) se muestra reacia a quedárselo, pero observando cómo se comporta su marido con el perrito comprende que no pueden más que quedárselo.
Parker coge todos los días un tren para ir al conservatorio. El perro va a buscarle todas las tardes a las cinco, pero un día no llegará porque fallecerá. Sin embargo, el perro seguirá acudiendo a la estación cada día a las cinco en busca de su dueño...

Emotiva.

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