viernes, abril 03, 2015

Lo inquietante de la Semana Santa

Después de tantos años en colegios de curas y monjas, no entiendo cómo he podido convertirme en una descreída, aunque lo único en lo que no creo es en la iglesia como institución. Es por ello que no piso una procesión, e incluso me inquietan los nazarenos con esos capirotes tan coloridos, los cofrades que están ansiosos por portar las imágenes sagradas y los cantos de dolor. 
En Salamanca era peor. Los últimos años, que vivía en el centro, unos días antes, a eso de la medianoche, escuchaba los cánticos durante unos minutos y la procesión debía ser larga porque desde que comenzaba a escucharla hasta que el canto se perdía en el silencio pasaba bastante rato. Antes de ello, estando de fiesta en Gran Vía también he llegado a cruzarme una procesión que hacían a las seis de la madrugada, "de la Aurora" creo recordar que se llamaba, e iban todos con un cirio que impresionaba. En Castilla y León hay mucha más tradición que aquí.
Por eso en estas fechas suelo desaparecer en alguna ciudad europea. Pero este año no ha podido ser.

Lo bueno es que por fin el tiempo acompaña. Debería estar de fiesta esta noche, pero mañana me pasaré por la oficina y, a puerta cerrada, haré algunas cosas. 

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