domingo, noviembre 10, 2013

No es lo que parece


Desde que me leí Tienes que contarlo, José Sanclemente me tiene poco menos que hechizada.
Muchas veces he comentado cómo me decepcionan los estudios periodísticos hace unos años, por la enorme manipulación y politización de los medios de comunicación. Lo que hace José Sanclemente es darme otra perspectiva y brindarme una esperanza, porque entre periolistos resabidillos y políticos corruptos, siempre habrá periodistas con vocación que vayan en busca de la verdad y hagan lo impensable para ponerla en conocimiento de la opinión pública, aun a riesgo de perder su empleo.

Es el caso de Leire Castelló, la periodista protagonista de este libro (y del anterior), que hace lo inimaginable por investigar casos de corrupción, de fraude y de delictismo, a fin de ponerlo en conocimiento del público, lo denuncia públicamente y no le importa que la quiten del medio como si fuera una mosca tocapelotas. A Leire le importa decir la verdad, aunque cree un maremoto a su alrededor. Esta vez se encuentra de locutora sustituta, por vacaciones de verano, de la estrella matinal de una emisora de radio, en Radio Ciudadana. El director, Morillo, no se fía de ella, pero decide darle el trabajo de verano, mientras el célebre Agudo se marcha de vacaciones.
Leire echa de menos a Julián Ortega, el inspector de policía con el que rompió porque una vida en común era lo que menos esperaba Julián, que está dedicado sobre todo a su trabajo.

En esta ocasión, el doctor Santiago Medina, un célebre psiquiatra catalán, aparece asesinado en su consulta privada, con un tiro a bocajarro, mientras estaba en la consulta el banquero venido a menos, Nicolás Pérez-Casas, que sale huyendo despavorido por la puerta. Todo el mundo piensa que ha sido el banquero desquiciado quien ha asesinado al psiquiatra, pero el inspector Ortega sabe que eso es imposible, porque el asesinato se produjo desde la terraza del despacho, y no cuadra desde la posición en que se encontraba el paciente.
Mientras, Leire recibe una llamada para ir a entrevistar al banquero Pérez-Casas, mientras que se le avisa que no puede informar a nadie, que nadie debe saber de esa entrevista. Cuando Leire llega a la mansión que alberga las oficinas de la editorial Sintagma, propiedad de la ex mujer del banquero, Ofelia Llorens, se encuentra al banquero asesinado, y automáticamente llama a Julián. Para Leire es un shock, porque nunca se había encontrado sola con un cadáver, que además es homicidio, aunque parece que es un suicidio.
Pero Julián le dice al comisario Rojas que las piezas encajan demasiado bien, que tiene intuiciones de que son realmente asesinatos.
Por otro lado, Leire recibe la llamada de Íñigo de Lera, uno de los colaboradores de su programa, que le explica que tiene una libreta Moleskine, propiedad de Pérez-Casas, donde constan todos los implicados en un fraude de seguros de vida, donde hay varios beneficiarios, que son "peces gordos" de la política, la medicina y las leyes, pero sobre todo estaban entre ellos Pérez-Casas, el doctor Medina y un americano, Paul Bulston, que tiene mucho poder, incluso ha estado de jefe de prensa en varios gobiernos, como el de Reagan, un personaje podrido de dinero, que no cuenta las noticias, sino que las "fabrica" para todo el mundo. Leire hace fotos de toda la libreta.
También Íñigo de Lera aparece colgado en su casa; parece un suicidio, pero no lo es, como así le confirma el médico forense al inspector Ortega.
Cuando Leire y su compañero Raúl Viedma investigan sobre los datos que vienen en la libreta, descubren que se transfieren cantidades ingentes de dinero a cuentas en paraísos fiscales.
La ex pareja de Íñigo es Gustavo Albiol, un escritor de renombre que va a recibir el premio que ofrece la editorial Sintagma. El inspector Ortega sabe que el premio literario está amañado y como ha sido invitado al mismo, decide esperar en el estrado a que baje Gustavo para detenerle, pero el escritor se da cuenta e intenta estrangular a Ofelia Llorens.
Resultado de imagen de islote tagomago

Islote de Tagomago, con su mansión moderna

Gustavo es la mano ejecutora de todos los asesinatos, pero Pérez-Casas veía sombras muy reales, y hay una sombra que se encarga de que todos parecieran suicidios, como así les cuenta Paul Bulston, que se encuentra de vacaciones en la isla balear de Tagomago, un islote con una mansión que se puede alquilar en exclusiva. La sombra no es otro que Enrique Ortuño, el policía de la científica, que siempre era el primero en llegar a todos los lugares del crimen. Unos días después, el inspector Ortuño presenta su dimisión y desaparece, como también desaparecen todas las cuentas de los paraísos fiscales que Leire había descubierto.
Según Bulston las sombras son necesarias para mantener el sistema.

"La vida no es sólo lo que parece sino lo que uno imagina que puede ser".

No hay comentarios: