Llevaba un tiempo esperando que me pidieran un libro que, en vez de tardar una semana, me entretuvo esperándolo quince días. Y, mientras tanto, he leído otros libros, como éste de Jane Green. Hace dos años, en verano, estuve leyendo varias novelas de la autora, que son bastante ligeras y que, además, tocan siempre temas cotidianos de gente treintañera. Por lo que, en mi caso, es muy fácil identificarse con ciertas actitudes. Así que, mientras llegaba el de Marcos Chicot, me entretuve con Jane Green.
Como la mayor parte de sus libros, transcurre en el Londres de nuestros días. Un grupo de jóvenes que se perfila durante los años universitarios siguen viéndose todas las semanas y a menudo: Josh, que se ha casado con la maravillosa Lucy, y con la que tiene un hijo; Simon, un homosexual que no encuentra pareja estable, porque todos huyen despavoridos cuando intenta que la relación sea más seria; y Cath, una mujer que tampoco consigue encontrar a su media naranja, aunque no le importa, porque es totalmente independiente y se siente a gusto con sus amigos. Cath echa de menos a su mejor amiga en la universidad, Portia, de la que se distanciaron porque hizo mucho daño cuando de aprovechó de Josh, sabiendo que éste estaba enamorado de ella. Pero variadas circunstancias unen de nuevo sus caminos con el de Portia. Cath intenta proteger a Lucy ya que piensa que Josh tiene una aventura con Portia cuando les ve entrando en un restaurante donde ha ido con un amigo.
Mientras, Lucy, que cocina de maravilla y a la que le ha entrado la vena empresaria, propone a Cath que deje su trabajo estable en una agencia de publicidad para hacer realidad sus sueños: hacer una librería-café, en la que las dos mujeres se convertirán en socias. Cuando quedan con el agente inmobiliario, James, para ver el local, éste se prenda de Cath. James le confiesa que es artista, pero no puede vivir de lo que pinta, por lo que tiene que trabajar como agente de la propiedad inmobiliaria. James intentará quedar en varias citas con Cath, pero las primeras terminarán en un fiasco, sobre todo cuando la segunda vez que quedan Simon aparece en casa de Cath hecho un mar de lágrimas porque su último ex novio ha contraído el SIDA. Cath se comportará como la mejor amiga, al intentar ayudarle, acompañarle a hacerse análisis y a ser positivo, pero será Portia, que tiene una amiga que hace más de una década que es seropositiva, la que reúna a Simon con su amiga para que éste siga adelante con su vida.
Portia resulta ser lesbiana y comienza una relación con la au pair que cuida el hijo de Josh y Lucy. Mientras que Cath, por fin, ha encontrado al hombre de su vida, y Simon se va a Tenerife de vacaciones, de donde vendrá acompañado de Paul, que le ha aceptado tal cual.
Me parece entretenida. Aunque el tema del SIDA se las trae. Hay fragmentos realmente duros. Los agentes inmobiliarios, en general, son los que salen peor parados del libro, aunque realmente la autora hace una radiografía exacta de su manera de trabajar.
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