miércoles, noviembre 27, 2013

Desmontando lo viejo

Hace una semana comenzaron a desmontar todos los muebles viejos, que debían llevar allí unas dos décadas, o quizá tres. 
De repente he sentido la necesidad de dejar plasmado cómo estaba, para en un tiempo, unos meses o quizá un año, poder ver la diferencia. El lugar donde viviré en el futuro tiene un salón gigante, dos baños, cuatro habitaciones, tres terrazas y me va a costar un pastón arreglarlo, quizás también me cueste más tiempo del que pienso ahora.
Ya no hay radiadores, el parqué está casi totalmente levantado y las baldosas de la cocina y los baños, quitadas, dejando a la vista el ladrillo de debajo. 
Las vistas son inmejorables. 
Entonces sólo tenía la licencia de obras. Ahora ya tengo el alta de agua y los de la luz me llamarán cualquier día de estos. 

Los anteriores inquilinos tenían una distribución extraña de la cocina, el salón de color rosa y en las habitaciones habían pegado una lona en el suelo que imitaba el parqué. 
Tendré una habitación sólo para dejar libros. No está nada mal. Cuando hace un tiempo pensaba en las posibilidades de comprar una vivienda, me veía en 80 metros con una gran hipoteca y los libros metidos en cajas en el trastero. Nunca se sabe lo que nos deparará el futuro.

Mis padres están anonadados, porque ya saben que, en cuanto tenga amueblado lo necesario (cocina, un dormitorio, un baño y televisión), me marcharé de casa. Aunque les he dicho que en verano volverá la hija pródiga a disfrutar de la piscina y del jamoncito de pata negra en la bodega.

Calculo que, al menos, necesito un año para poner todo en orden. Porque el desmontaje va rápido, pero el montaje no será tan veloz.

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