
Cuando un libro nos pone la piel de gallina, sobre todo cuando trata una enfermedad que posiblemente nos sea cercana, nos sensibiliza hasta límites insospechados. Lo que ha conseguido este libro es que mantuviera la esperanza hasta el final... como la mantuve en su día.
Comenzaré por el principio, pues cuando compré este libro, tras haber hojeado varias páginas de ilustraciones y por el título, pensaba que me enfrentaría a un libro de terror, condimentado con dibujos, lo que hace leerlo desde una perspectiva diferente. Pero no es de terror, o por lo menos, no lo es en el sentido que conocemos el miedo. Y, a la vez, sí es de terror, pues ¿no los da pánico aquello que desconocemos, no nos produce miedo ese final que acaba con la vida?
En septiembre de 2007 un tío se marchó... para siempre, en ese viaje que sólo tiene billete de ida. Fue doloroso. Aun sabiendo varios meses antes que se nos iba, mantuve la esperanza hasta el final, no asimilaba que un día simplemente él pudiera no estar, que hubiera dejado de existir. Tres años antes, a mi tío le habían diagnosticado un cáncer en la garganta, del que le operaron y estuvo bien hasta la primavera de 2007, momento en que se reprodujo en el pulmón.
Quien no haya tenido a alguien cercano aquejado de cáncer desconoce cómo es vivir con esa incertidumbre. Es una enfermedad que consume lentamente, como si fuera la llama de una pequeña vela.
Con respecto a este libro tengo que decir dos cosas, una imaginaria y otra real. Empezaré por la imaginaria, pues en ningún momento se dice que sea cáncer, si bien yo conozco los síntomas, las sesiones, y sé por qué la protagonista tiene la cabeza sin cabello, y sé por qué vomita durante días, y por qué se marea. La protagonista es la réplica exacta de la persona que gestó la idea de esta novela, y he aquí la parte real. La idea original parte de Siobhan Down, que falleció de cáncer a los 47 años. Y, en parte, a mí me da la sensación de que esta idea fue gestada en el proceso de su enfermedad, que nunca pudo llegar a escribir ni ver publicada.
Se trata de una novela muy emotiva, un libro que nos pone la piel de gallina hasta el final... inevitablemente, una historia que sensibiliza. Se lee en una tarde.
Conor O'Malley tiene trece años y se ha acostumbrado a vivir con su madre enferma. Desde que su madre fuera ingresada y empezara a recibir tratamiento le han ocurrido dos cosas negativas: por una parte, hace meses que por las noches tiene una pesadilla, siempre la misma, que no le deja pegar ojo; por otro lado, ha comenzado a sufrir acoso escolar en el colegio. Para más inri, como su madre está empeorando, va a venir a ayudarlos la abuela, que es una anciana dominante a la que Conor no soporta. Pero Conor no quiere ver que su madre está muriendo y su padre vive en Estados Unidos, donde ha formado otra familia.

Son las 00.07 horas de la madrugada cuando Conor escucha una voz que proviene del jardín. Se trata del tejo, un árbol centenario que lleva allí desde que el muchacho tiene uso de razón. Cuando mira hacia el jardín, el tejo se está convirtiendo en un monstruo, pero ese monstruo no es como el de sus pesadillas, ese monstruo no le da miedo. El monstruo le dice que le contará tres historias, pero luego Conor, a cambio, tendrá que contarle su historia, que no es otra que la verdad que no se atreve a decir. De esta manera, el tejo prepara al muchacho para el terrible final y le ayuda a asimilar que su madre un día se marchará para siempre, y ese final está más cerca del que Conor cree. Así, cuando el tejo no está, Conor le echa de menos, y le ayuda a mantener la esperanza de que su madre aún no ha fallecido.


Son las 00.07 horas de la madrugada cuando Conor escucha una voz que proviene del jardín. Se trata del tejo, un árbol centenario que lleva allí desde que el muchacho tiene uso de razón. Cuando mira hacia el jardín, el tejo se está convirtiendo en un monstruo, pero ese monstruo no es como el de sus pesadillas, ese monstruo no le da miedo. El monstruo le dice que le contará tres historias, pero luego Conor, a cambio, tendrá que contarle su historia, que no es otra que la verdad que no se atreve a decir. De esta manera, el tejo prepara al muchacho para el terrible final y le ayuda a asimilar que su madre un día se marchará para siempre, y ese final está más cerca del que Conor cree. Así, cuando el tejo no está, Conor le echa de menos, y le ayuda a mantener la esperanza de que su madre aún no ha fallecido.
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