A veces solamente es cuestión de dejarse llevar, de suspirar al viento y no mirar atrás. No sé por qué motivo la perspectiva de otra Nochevieja me lleva a temblar, como si mis piernas estuvieran hechas de mantequilla, aunque en el fondo sí sé qué es lo que ocurre.
Sigo tan enamorada como lo estaba hace cuatro meses, y como lo estaba el año pasado. El corazón sigue temblándome con fuerza cuando aparece él, cuando le veo pasar, cuando escucho su voz. Pero el orgullo oculta todo aquello que antes mostraba.
Últimamente, cuando coincido con él, me da la sensación de encontrarme frente a un viejo amigo, alguien a quien aprecio y alguien que me aprecia, alguien con quien me siento muy a gusto, pero si rasco un poco la superficie aparecen el rastro del dolor...
Nochevieja... Quizás sería preferible pensar si debo salir o no. Por la resaca del día después.
Últimamente, cuando coincido con él, me da la sensación de encontrarme frente a un viejo amigo, alguien a quien aprecio y alguien que me aprecia, alguien con quien me siento muy a gusto, pero si rasco un poco la superficie aparecen el rastro del dolor...
Nochevieja... Quizás sería preferible pensar si debo salir o no. Por la resaca del día después.
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