Lo que es capaz de crear Arturo Pérez-Reverte en sus libros es casi indescriptible. Hoy he sentido que me estallaba algo dentro de mí al terminar El tango de la Guardia Vieja, una novela que nos hace pensar sobre el rápido transitar de la vida, sobre esa misma vida que nos pasa factura al final…
Con esa frescura que caracteriza las novelas del autor, nos adentramos en la vida de Max Costa, un hombre de otro tiempo, un caballero pese a sus orígenes, un ladrón de guante blanco. En esta novela nos encontramos con varias historias paralelas en diferentes épocas, pero con los mismos personales. Todo gira en torno a la figura magistral de Max Costa.
Cap Polonio
Todo comienza hacia finales de 1928 a bordo del transatlántico Cap Polonio que cubría la ruta desde Europa hasta Sudamérica. En el libro, el barco termina su ruta en Buenos Aires. A bordo del barco se encuentra un matrimonio adinerado, Armando de Troeye y Mecha Inzunza de Troeye, siendo él un compositor de éxito reconocido mundialmente. Su esposa acostumbra a bailar tangos con el bailarín profesional del barco, el bailarín mundano, de nombre Max Costa.
Max es un aventurero que se encuentra huyendo de Europa y que se enamora perdidamente de Mecha y de sus ojos de miel líquida nada más que la ve aparecer en el salón de baile.
Puente de Barracas, Buenos Aires
A medida que transcurre el viaje, los De Troeye consiguen estrechar lazos con el bailarín mundano, animado éste por el costoso collar de perlas que Mecha lleva con elegancia en su cuello; extasiado Armando por componer un tango sacado de los bajos fondos de Buenos Aires. Así que cuando llegan a la capital argentina, Max, cuya primera infancia pasó en el barrio Barracas boanerense, decide acompañarlos a un sórdido boliche de mala muerte, La Ferroviaria, y les cuenta que en estos antros es donde nace el verdadero tango argentino, un tango muy erótico y sensual, que nada tiene que ver con el que se ha moderado y afrancesado tras pisar los salones parisinos. Es el tango de la Guardia Vieja. Tras una noche de pasión, Max desaparecerá de la habitación de los De Troeye con el collar de perlas en los bolsillos y un pasaje hacia Europa.
Niza en los años 30
Corre el año 1937 en la Riviera francesa. España se encuentra inversa en una cruenta guerra civil, mientras media Europa se tambalea ante un posible conflicto bélico. Pero Niza es un lugar tranquilo, un sitio donde las familias adineradas de uno y otro bando pueden reunirse y engalanarse para fiestas, donde mostrarse en sociedad sin pensar en lo que está ocurriendo en sus respectivos países. Max Costa se ha refugiado allí, perseguido como estafador y ladrón por la policía de varios países. Allí, dos agentes de la policía secreta italiana han contactado con él con el fin de que robe unas cartas comprometedoras, escritas por el mismísimo yerno del Duce.
Las cartas se encuentran en la mansión de una española, Suzi Ferriol, que organiza grandes fiestas y eventos. Como Max Costa se desenvuelve bien entre las mujeres adineradas, no le resulta difícil ser invitado a una de esas fiestas, donde se encontrará nuevamente con Mecha Inzunza.
Mecha es muy amiga de la anfitriona y sabe que Max se propone algo, por lo que cuando varios días después aparece en su casa con un navajazo en el muslo y con magulladuras varias no le es difícil deducir que algo ha ocurrido y que se ve involucrado en el robo de unos documentos de la mansión de los Ferriol.
Max Costa cogerá un tren a París y perderá la pista de Mecha de nuevo, hasta que llegan los años 60. Max es un sexagenario que ha tenido varios fracasos en la vida, trabaja de chófer para un multimillonario italiano que vive en Sorrento, cuando en un semáforo una mujer que va acompañada por una joven pareja de jóvenes le resulta familiar. Aparca el coche y les sigue. Aunque ya se ha extinguido la belleza de la juventud, esa mujer sigue conservando el brillo de sus ojos color miel. Max toma una decisión: como tiene unos días libres, coge ropa del hombre para el que trabaja, su coche y sus ahorros y decide alojarse en el mismo hotel donde se encuentra Mecha Inzunza.
Hotel Vittoria, Sorrento, con el Vesubio al fondo
En el hotel Vittoria se celebran los preliminares del campeonato del mundo de ajedrez. Hay dos jugadores que consiguen toda la atención: Mijaíl Sokolov, campeón mundial, y Jorge Keller. Este último es un joven lúcido y gran favorito, además de ser hijo del segundo matrimonio de Mecha Inzunza con el diplomático chileno Ernesto Keller. Dentro de cinco meses se celebrará el campeonato mundial de ajedrez en Suiza y los jugadores se afanan en este previo. Mecha acompaña a su hijo en los torneos y le apoya en todo. En el hotel es donde descubre a Max Costa.
Cuando descubren que uno de los analistas de Jorge está pasando información al rival, Mecha decide que tiene que acudir a su antiguo amante con el fin de que éste robe el libro de Sokolov. El libro de aperturas de un ajedrecista suele ser un conjunto de cuadernos donde apuntan todas sus jugadas, porque por mucha memoria que tengan, a lo largo de su vida no podrían recordarlas todas. Pese a la edad, Max robará el libro de Sokolov, aunque le valga una buena paliza por parte de los espías rusos, y finalmente le dejen en libertad.
Sólo tenía una excusa para robar esos libros: que Jorge Keller es hijo de Max y la palabra de Mecha Inzunza.
Será una nueva despedida, quizás la última…
El libro es una historia de amor, pero no un amor habitual, sino un amor extraño, de esos que existen a través del tiempo y la distancia, un amor que apenas tiene contacto físico. Y he aquí el éxito de la historia, pues si fuese un amor convencional, ya no sería tan buena historia.
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