Hoy he hecho algo que nunca antes había hecho. Dicen que siempre hay una primera vez. Además soy consciente de que es muy posible que vuelva a hacerlo.
Hoy no he trabajado y, sin duda alguna, he tenido mucho tiempo para mí. Pero, por una vez, no he estado aquí, ni con el móvil, ni con el iPad... por una vez me he embarcado en algo que llevaba mucho tiempo posponiendo: la escritura.
Cuando recuerdo a quién le di mi palabra de que me presentaría a un certamen antes de que acabara el año, con las bases del concurso descargadas desde hace meses, me estremezco. No podría incumplir mi palabra, y no por él, sino por mí misma. Hoy me he refugiado en mi mundo de sueños, y en esos sueños también está él. Quizás por eso mismo, el primer cuento del largo repertorio que presentaré a ese concurso se lo he enviado a él. Nunca antes lo había hecho. Es posible que alguna vez lea a alguien algún párrafo suelto, pero nunca algo completo.
Desde mi perspectiva, mis sueños, tanto los literarios como los del terreno sentimental, están estrechamente unidos. Quizás él es una especie de talismán de buena suerte, aunque en realidad simplemente quería compartirlo con él. En el fondo, siento que él habrá sonreído y, cuando me encuentre con él, estoy segura de que me dará un enfoque crítico, pues él sabe que en realidad es lo que quiero.
Y bien, así estoy, escribiendo y a punto de ir a tomar unos vinos antes de la cena.
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