lunes, marzo 31, 2008

Merienda campestre

Esta tarde, mientras caminaba por las extrañamente vacías calles del centro de Salamanca, me ha venido a la mente un cuadro de Edouard Manet, La merienda campestre. Hoy era fiesta, todo estaba cerrado, incluso los locales que incluso los domingos están abiertos, como kioskos y cafeterías. La tranquilidad y el silencio eran extrañamente incómodos. Poquísima gente caminaba por la ciudad fantasma, contados con los dedos de una mano eran los coches que circulaban, casi todos taxis en dirección al río. Parecía como si todo se hubiera parado. Los carteles colgados de las puertas inusualmente cerradas rezaban cosas como: “Nos hemos ido de merienda”.

El Lunes de Aguas es una antigua tradición que se celebra desde hace siglos, ocho días después del Domingo de Resurrección. Es una fiesta extraña por la historia de sus orígenes.
Quien conozca el centro de Salamanca sabrá que antes estaba rodeado por el Barrio Chino, un lugar de dudosa imagen que era preferible rodear a ciertas horas de la noche. Eso cambió después, en 2002, cuando la ciudad charra se convirtió en Capital Europea de la Cultura, junto a la belga Brujas.

Hace ya varios siglos las procesiones, igual que en la actualidad, pasaban por el centro. Estaba mal visto que las mujeres de dudosa reputación y mala vida estuvieran en la zona en los momentos en que pasaban las diferentes cofradías entonando sus plañideras al son de los tambores. Así que crearon una ley por la que, antes de Semana Santa, las prostitutas pasarían al otro lado del Tormes y volverían cuando ya hubieran pasado todos los actos religiosos.
Se supone que el Lunes de Aguas es el día que regresan y que su vuelta al centro sería motivo de alegría para todos aquellos que frecuentaban los burdeles. Lo cierto es que la fiesta se extendió y ahora los salmantinos van a pasar el día al río, se come el típico hornazo y sigue siendo motivo de celebración.

Lo curioso es que la ciudad hoy parecía una sombra de lo que es en realidad.

No hay comentarios: