
Desde septiembre llevo una medalla de plata al cuello de una virgen. Hasta entonces jamás me hubiera colgado algo así. En todos estos meses no me la he quitado ni una sola vez, ni siquiera cuando salgo de fiesta y veo poco apropiado llevar algo así con mi indumentaria.
Mi tío siempre llevaba, lo recuerdo desde que tengo uso de razón, el Cristo de Dalí de oro al cuello. Pocas veces dejaba que se le viera. Creo que jamás se puso la medalla de plata que yo llevo ahora. Lo importante es que era suya y al llevar algo suyo noto que una parte de él sigue conmigo, y cuando toco el frío metal le siento más cerca de mí. Pues mi tío no está con nosotros de cuerpo presente, pero sigue vivo en espíritu y, a fin de cuentas, eso es lo que importa.
Hoy he vuelto a tener unos recuerdos muy intensos. Ciertos momentos, ciertas circunstancias, ciertas palabras me lo han traído a la memoria, irrumpiendo así el paso monótono de las horas.
Mi tío siempre llevaba, lo recuerdo desde que tengo uso de razón, el Cristo de Dalí de oro al cuello. Pocas veces dejaba que se le viera. Creo que jamás se puso la medalla de plata que yo llevo ahora. Lo importante es que era suya y al llevar algo suyo noto que una parte de él sigue conmigo, y cuando toco el frío metal le siento más cerca de mí. Pues mi tío no está con nosotros de cuerpo presente, pero sigue vivo en espíritu y, a fin de cuentas, eso es lo que importa.
Hoy he vuelto a tener unos recuerdos muy intensos. Ciertos momentos, ciertas circunstancias, ciertas palabras me lo han traído a la memoria, irrumpiendo así el paso monótono de las horas.
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