La Alta Edad Media fue una época de profunda religiosidad, asentada hasta Jerusalén y con diversas Órdenes de caballeros que velaban por la fe cristiana. También fue una época de cruzadas, aunque éstas empezaron a remitir al perder los cristianos su propiedad más lejana en Asia, San Juan de Acre, bajo la amenaza musulmana.
El Papa Inocencio IV y toda la cura romana vuelven la vista hacia el Languedoc, una región montañosa al sur de Francia donde la inexpugnable fortaleza de Montségur mantiene aislados a los cátaros, de los que se rumorea que tienen en posesión un gran tesoro, el Santo Grial, que nadie sabe exactamente lo que es. Muchos piensan que es el cáliz de la Última Cena rescatado por José de Arimatea; otros creen que se trata de la piedra filosofal; incluso los hay que dicen que es un tesoro que otorga el máximo conocimiento a quien lo tiene en su poder. En este libro el Santo Grial equivale a la sang réal, que corre por las venas de dos niños, Roç y Yeza, destinados a ser los emperadores y unificadores de todas las religiones.
Pero la Iglesia tiene otro gran enemigo, el emperador germano Federico II, a quien intenta imponerse y llega a excomulgar.
El texto está basado en los escritos medievales de un monje franciscano cuyo destino corre paralelo al de los niños, William de Roebruck.
Corre el año 1244. El ejército francés y los soldados papales llevan meses asediando la fortaleza de Montségur. Con ayuda de los montañeros vascos consiguen acceder a la barbacana del castillo y los cátaros deciden capitular y entregarse. Esa misma noche, dos assassins entran en la fortaleza y se llevan envueltos en sábanas a los dos niños: Yeza es nieta del emperador y de la grande maîtresse, mientras que Roç lleva en su sangre la insignia de los Trencavel, apellido que adoptaron los sucesores de Perceval, caballero del rey Arturo.
La noche en que los cátaros son quemados por herejes en grandes piras, los niños comienzan un largo viaje. Assasins, templarios y teutones se convierten en los escudos protectores de dos niños asustados. En su camino se cruza la casualidad y William de Roebruck, un monje que trae mal fario, se verá obligado a acompañar a la comitiva un trecho del camino.
Cuando la Iglesia descubre que no hay ningún tesoro en Montségur, comienza una persecución terrible para atrapar a los dos niños.
William de Roebruck es abandonado en aguas marsellesas, mientras los caballeros se llevan a los niños hacia tierras italianas, concretamente a la fortaleza de Otranto, regida por la condesa Laurence, íntima amiga de Federico II.
Como época de grandes intrigas, los caballeros harán creer a la curia romana que los niños han ido acompañados por William hacia la corte del Gran Kan, y Roç y Yeza permanecerán tres años en Otranto. Hamo, hijo de Laurence, William y dos niños huérfanos cruzarán Italia desde el sur hasta los Alpes, perseguidos por un tétrico inquisidor, Vito de Viterbo. En las montañas alpinas, Hamo consigue escapar y huye hasta Constantinopla. Los niños anónimos perecen en un río helado y William es rescatado por los saratz, tribu árabe escondida en las montañas. Allí pasará tres años, hasta que su inminente boda con una joven pastora lo obligue a escapar.
Perseguido por la Iglesia, William llega a Otranto, donde la condesa descubre el peligro de la misión que le ha sido encomendada y marchan en su nave hasta Constantinopla.
Las estrellas dicen que allí tendrá lugar el matrimonio quimiológico de los dos infantes, los hijos del Grial.
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