
Supongo que termina como era de esperar. Si en los anteriores libros Harry siempre ganaba a Lord Voldemort no sé por qué en el tomo que cierra la saga iba a morir el héroe.
¿Héroe? Realmente ¿quién es el verdadero héroe? Luego volveré a este tema.
Cuando la Rowling andaba escribiendo este libro fue entrevistada acerca del final. Dudaba entre matar al protagonista para prescindir de posibles continuadores o dejarle vivir. Lo cierto es que ha cerrado el círculo de Harry Potter, presentándonos incluso a sus hijos.
Personalmente me ha dado pena llegar a la última página, pero lo cierto es que el mundo mágico de Hogwarts ya está creado, incluso hay un andén 9 3/4 en la estación King's Cross de Londres.
Tras la muerte de Albus Dumbledore, Harry Potter, Ron Weasley y Hermione Grainger ya han decidido que no irán el último año al colegio de magia porque el anciano director les encomendó una misión antes de morir: debían destruir todos los horrocruxes que contenían un fragmento de alma del malvado Lord Voldemort.
La noche antes de cumplir 17 años y convertirse en mayor de edad, Harry Potter es escoltado por magos de la Orden del Fénix y por amigos hasta La Madriguera, la casa de los Weasley.
Las cosas en el mundo mágico comienzan a ponerse feas. Lord Voldemort es cada vez más poderoso y su ejército de mortífagos va creciendo rápidamente. Solo desea atrapar y matar personalmente a Harry Potter. Derrocado el Ministerio de Magia y con Severus Snape como director de Hogwarts, los tres amigos comienzan una huida desesperada. Harry Potter siente el picor de la cicatriz e incluso vuelve a conectar con la mente de su terrible enemigo. Alguien les ayuda sin que ellos sepan quién es. Entran, a través de la magia, en los lugares más vigilados por los esbirros del Mal y consiguen los horrocruxes. Pero Harry sabe que el último objeto que tienen que destruir se encuentra en el sitio más vigilado: el colegio.
En sus andanzas, los amigos reciben los objetos que Dumbledore les ha dejado en su testamento, unos objetos que, a simple vista, carecen de valor. Y así descubren la leyenda de las Reliquias de la Muerte: una Varita de Saúco invencible, una piedra capaz de resucitar a los muertos y una capa invisible. Harry sabe que Voldemort busca la varita mágica y descubre que él tiene los otros dos objetos. Quien posea los tres se convertirá en Señor de la Muerte.
Después de burlar las vigilancias y con ayuda del hermano desconocido de Dumbledore, los tres jóvenes entran en el castillo junto a Neville Longbottom y se encuentran con el Ejército de Dumbledore dispuesto a luchar. Tras hacer huir a Severus, los profesores y las casas (menos Slytherin) se preparan para defender el castillo de Lord Voldemort y los mortífagos. Mientras, Harry debe buscar el horrocrux y destruirlo. Con una lucha encarnizada por el colegio, Harry sabe dónde debe buscar el objeto que le falta, pero Draco Malfoy intenta capturarlo, aunque Harry termina salvándole la vida. Solo deben capturar y matar a la serpiente que acompaña a Voldemort, así que Harry entra en su mente para descubrir su paradero. Escondidos, ven cómo Lord Voldemort mata a Snape y se marcha de la Casa de los Gritos para dar un ultimátum a Harry Potter. Pero, antes de morir, Snape consigue darle uno de su recuerdos.
Los tres jóvenes vuelven al castillo y Harry se encierra en el despacho de Dumbledore, donde descubre que Severus, pese a todo, siempre fue fiel a su causa y a la del anciano profesor. Harry ve fragmentos de la vida de Snape y descubre que el siniestro mago siempre estuvo enamorado de su madre, Lily. Y un amor tan grande no podía formar parte del proyecto de Voldemort. Más bien, todo estaba saliendo tal y como Dumbledore predijo.
Harry acude al Bosque Prohibido, a la cita con el Señor Tenebroso, y se acuerda de la Piedra de la Resurrección. Gracias a ella, aparecen a su lado, dándole ánimos, sus padres, su padrino y Lupin. Con esa compañía tan agradable ya no tiene miedo a la muerte y se entrega sin presentar batalla. Cuando se despierta, está desnudo y tiene delante a Albus Dumbledore, que le da respuestas y le da la opción de elegir entre volver o quedarse allí. Harry decide regresar. Cuando vuelve al bosque, se hace el muerto y observa que Neville ataca y mata a la serpiente (que tiene el último horrocrux), ahora sin protección. Harry se tiene que enfrentar a Voldemort, pero sabe que ya ha ganado la batalla, pues la varita que porta no es otra que la de saúco. El cadáver del Señor Tenebroso yace en el suelo mientras los mortífagos huyen en estampida. El paladín del Bien ha vencido.
Un héroe es aquel que no teme a la muerte porque tiene un objetivo superior. La muerte no es un fin, sino un medio para la consecución de una meta. Al héroe no le importa morir mientras haya cumplido su objetivo. Es obvio que Harry Potter se ha convertido en un héroe al entregarse en cuerpo y alma a la muerte e, indefenso, ha conseguido vencerla.
Pero el verdadero héroe de la historia no es otro que Severus Snape. Con un aspecto siniestro y habiendo ayudado otras veces al protagonista, Severus se encuentra entre dos caminos opuestos. En su juventud fue mortífago y practicó las artes oscuras y la oclumancia. Su carácter arisco y en beneficio de la casa de la que fue miembro y después director, Slytherin, profesa un odio terrible hacia ese niño que se ha convertido en la estrella del colegio. Hace su papel a la perfección. Nadie comprende por qué Dumbledore confía tanto en él, para que finalmente Snape asesine al director. Algo que habían programado Albus y Severus, no Voldemort...
En el otro extremo está el amor. Severus no podría pertenecer íntegramente a las hordas del Señor Tenebroso porque había amado. Desde niño, Snape adoraba a Lily y quizás fue la única amiga que tuvo de verdad, y en secreto la amaba...
Harry Potter podría ser el hijo que nunca tuvo, pues en él se mezclan sus dos sentimientos contradictorios: el amor que profesó a su madre, el amor no materializado, la adoración por la otra persona; el odio por James Potter, el chico perfecto que nunca careció de nada, que se burlaba de él y que finalmente enamoró a Lily y se casó con ella.
Severus también ha de elegir su camino... Su personalidad es demasiado fuerte como para dejarlo en un lugar secundario.

Cuando la Rowling andaba escribiendo este libro fue entrevistada acerca del final. Dudaba entre matar al protagonista para prescindir de posibles continuadores o dejarle vivir. Lo cierto es que ha cerrado el círculo de Harry Potter, presentándonos incluso a sus hijos.
Personalmente me ha dado pena llegar a la última página, pero lo cierto es que el mundo mágico de Hogwarts ya está creado, incluso hay un andén 9 3/4 en la estación King's Cross de Londres.
Tras la muerte de Albus Dumbledore, Harry Potter, Ron Weasley y Hermione Grainger ya han decidido que no irán el último año al colegio de magia porque el anciano director les encomendó una misión antes de morir: debían destruir todos los horrocruxes que contenían un fragmento de alma del malvado Lord Voldemort.
La noche antes de cumplir 17 años y convertirse en mayor de edad, Harry Potter es escoltado por magos de la Orden del Fénix y por amigos hasta La Madriguera, la casa de los Weasley.
Las cosas en el mundo mágico comienzan a ponerse feas. Lord Voldemort es cada vez más poderoso y su ejército de mortífagos va creciendo rápidamente. Solo desea atrapar y matar personalmente a Harry Potter. Derrocado el Ministerio de Magia y con Severus Snape como director de Hogwarts, los tres amigos comienzan una huida desesperada. Harry Potter siente el picor de la cicatriz e incluso vuelve a conectar con la mente de su terrible enemigo. Alguien les ayuda sin que ellos sepan quién es. Entran, a través de la magia, en los lugares más vigilados por los esbirros del Mal y consiguen los horrocruxes. Pero Harry sabe que el último objeto que tienen que destruir se encuentra en el sitio más vigilado: el colegio.
En sus andanzas, los amigos reciben los objetos que Dumbledore les ha dejado en su testamento, unos objetos que, a simple vista, carecen de valor. Y así descubren la leyenda de las Reliquias de la Muerte: una Varita de Saúco invencible, una piedra capaz de resucitar a los muertos y una capa invisible. Harry sabe que Voldemort busca la varita mágica y descubre que él tiene los otros dos objetos. Quien posea los tres se convertirá en Señor de la Muerte.
Después de burlar las vigilancias y con ayuda del hermano desconocido de Dumbledore, los tres jóvenes entran en el castillo junto a Neville Longbottom y se encuentran con el Ejército de Dumbledore dispuesto a luchar. Tras hacer huir a Severus, los profesores y las casas (menos Slytherin) se preparan para defender el castillo de Lord Voldemort y los mortífagos. Mientras, Harry debe buscar el horrocrux y destruirlo. Con una lucha encarnizada por el colegio, Harry sabe dónde debe buscar el objeto que le falta, pero Draco Malfoy intenta capturarlo, aunque Harry termina salvándole la vida. Solo deben capturar y matar a la serpiente que acompaña a Voldemort, así que Harry entra en su mente para descubrir su paradero. Escondidos, ven cómo Lord Voldemort mata a Snape y se marcha de la Casa de los Gritos para dar un ultimátum a Harry Potter. Pero, antes de morir, Snape consigue darle uno de su recuerdos.
Los tres jóvenes vuelven al castillo y Harry se encierra en el despacho de Dumbledore, donde descubre que Severus, pese a todo, siempre fue fiel a su causa y a la del anciano profesor. Harry ve fragmentos de la vida de Snape y descubre que el siniestro mago siempre estuvo enamorado de su madre, Lily. Y un amor tan grande no podía formar parte del proyecto de Voldemort. Más bien, todo estaba saliendo tal y como Dumbledore predijo.
Harry acude al Bosque Prohibido, a la cita con el Señor Tenebroso, y se acuerda de la Piedra de la Resurrección. Gracias a ella, aparecen a su lado, dándole ánimos, sus padres, su padrino y Lupin. Con esa compañía tan agradable ya no tiene miedo a la muerte y se entrega sin presentar batalla. Cuando se despierta, está desnudo y tiene delante a Albus Dumbledore, que le da respuestas y le da la opción de elegir entre volver o quedarse allí. Harry decide regresar. Cuando vuelve al bosque, se hace el muerto y observa que Neville ataca y mata a la serpiente (que tiene el último horrocrux), ahora sin protección. Harry se tiene que enfrentar a Voldemort, pero sabe que ya ha ganado la batalla, pues la varita que porta no es otra que la de saúco. El cadáver del Señor Tenebroso yace en el suelo mientras los mortífagos huyen en estampida. El paladín del Bien ha vencido.
Un héroe es aquel que no teme a la muerte porque tiene un objetivo superior. La muerte no es un fin, sino un medio para la consecución de una meta. Al héroe no le importa morir mientras haya cumplido su objetivo. Es obvio que Harry Potter se ha convertido en un héroe al entregarse en cuerpo y alma a la muerte e, indefenso, ha conseguido vencerla.
Pero el verdadero héroe de la historia no es otro que Severus Snape. Con un aspecto siniestro y habiendo ayudado otras veces al protagonista, Severus se encuentra entre dos caminos opuestos. En su juventud fue mortífago y practicó las artes oscuras y la oclumancia. Su carácter arisco y en beneficio de la casa de la que fue miembro y después director, Slytherin, profesa un odio terrible hacia ese niño que se ha convertido en la estrella del colegio. Hace su papel a la perfección. Nadie comprende por qué Dumbledore confía tanto en él, para que finalmente Snape asesine al director. Algo que habían programado Albus y Severus, no Voldemort...
En el otro extremo está el amor. Severus no podría pertenecer íntegramente a las hordas del Señor Tenebroso porque había amado. Desde niño, Snape adoraba a Lily y quizás fue la única amiga que tuvo de verdad, y en secreto la amaba...
Harry Potter podría ser el hijo que nunca tuvo, pues en él se mezclan sus dos sentimientos contradictorios: el amor que profesó a su madre, el amor no materializado, la adoración por la otra persona; el odio por James Potter, el chico perfecto que nunca careció de nada, que se burlaba de él y que finalmente enamoró a Lily y se casó con ella.
Severus también ha de elegir su camino... Su personalidad es demasiado fuerte como para dejarlo en un lugar secundario.
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