jueves, marzo 13, 2008

Vierzehn

La primera vez que monté en tren fue una experiencia inolvidable. Era una excursión a Logroño, donde nos quedaríamos un fin de semana de convivencias. También sería la primera vez que dormiría fuera de casa, lo que nos causaba una terrible ansiedad. Pero fue genial. Cogíamos el tren en Miranda de Ebro y bajaríamos en la estación de Logroño. Recuerdo que mi compañera de habitación era Adela. Ya entonces estábamos muy unidas y, ahora, aunque apenas coincidimos, la amistad sigue muy sólida. Tendríamos 7 u 8 años.
Una noche teníamos una función en el salón de actos y no habíamos preparado nada. Sólo se nos ocurrió echarnos pasta de dientes en la cara y pasamos toda la noche con picores.

Falta un mes y un día para mi cumpleaños. Menos mal que no nací en un 13, porque con la fobia que tengo a ese número...

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