
Cuando era pequeña me regalaron unas acuarelas. Realmente recibí un equipo completo de pintura: el caballete de madera, el maletín con los tubos de pintura, la paleta y unas hojas especiales en blanco. Mi afición al arte del dibujo era grande y me relajaba hacer trazos a lápiz creando una imagen. No me salía mal. Pero de ahí al arte de pintar había un espacio no explorado. A pesar de mirar libros de pintura, jamás conseguí hacer una pintura con acuarelas tal cual. Recuerdo que mi experiencia en ese mundo fue deplorable cuando parecía que estaba haciendo un fresco utilizando tanta pintura que podría pintar con ella todo el salón de mi casa. Pinté un pájaro. El exceso de acuarela hizo que, al secarse, los colores estuvieran distorsionados, como más oscuros. Los contornos no se perfilaban bien. No volví a intentarlo, aunque sí utilicé el caballete y la paleta en otras ocasiones, solo era para pintar con temperas, que me resultaba increíblemente fácil.
Supongo que si me lo hubiera propuesto, hubiera conseguido hacer una acuarela más o menos presentable. Mi error fue creer que la pintura no impregnaba ese papel rugoso en blanco.
La vida es como una pintura que se hace poco a poco. A veces los trazos salen gruesos y profundos, otras son demasiado ligeros y se borran con el paso del tiempo. En ocasiones los contornos se difuminan con el fondo, otras veces están demasiado bien perfilados. Hay personas que marcan unos trazos demasiado profundos como para olvidarnos del cuadro de su vida. Se irán, nos iremos, pero después quedará nuestro legado. De nosotros depende elegir hacer un fresco, un óleo, una acuarela... Puede que cometamos errores, pero finalmente el resultado será bastante aceptable, porque son las pinceladas que vamos haciendo a lo largo de nuestra vida...
Supongo que si me lo hubiera propuesto, hubiera conseguido hacer una acuarela más o menos presentable. Mi error fue creer que la pintura no impregnaba ese papel rugoso en blanco.
La vida es como una pintura que se hace poco a poco. A veces los trazos salen gruesos y profundos, otras son demasiado ligeros y se borran con el paso del tiempo. En ocasiones los contornos se difuminan con el fondo, otras veces están demasiado bien perfilados. Hay personas que marcan unos trazos demasiado profundos como para olvidarnos del cuadro de su vida. Se irán, nos iremos, pero después quedará nuestro legado. De nosotros depende elegir hacer un fresco, un óleo, una acuarela... Puede que cometamos errores, pero finalmente el resultado será bastante aceptable, porque son las pinceladas que vamos haciendo a lo largo de nuestra vida...
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