
Alí Bahar vive en el desierto con su padre, su hermana y cuarenta cabras. No necesita nada más.
Un día aparecen unos americanos que quieren pactar con él, lo drogan y se lo llevan a Estados Unidos.
Cuando Alí se despierta se encuentra en otro desierto muy diferente, el de Nevada. Liberado de sus captores, llega a Las Vegas, donde no comprende por qué la gente le mira tan raro. Lo que no sabe un cabrero analfabeto es que es el doble de Bin Laden. Tanto la agencia que le ha llevado allí, los Centinelas de la Patria, como los hombres de Osama, y los medios de comunicación le siguen la pista a través de un teléfono vía satélite con el que habla con su padre.
En un camión de alimentos llega a Los Ángeles.
Tras salvar la vida a un gángster italiano, Dino Ferrara, éste le conduce a una fastuosa mansión de Beverly Hills. Allí vive una famosa actriz que lo oculta. Se enamoran perdidamente.
La mirada de Alí hacia el mundo es la mirada de un niño, pero una mirada crítica. Mientras que una persona inteligente como él estaba destinado a desperdiciar su inteligencia cuidando de las cabras, el destino quiso que llegara al país del derroche y del poder. Alí no comprende por qué es más importante el petróleo que el agua ni por qué ésta se desperdicia sin conocimiento. No comprende cómo caben tantas personas y tantos paisajes en una caja... Y no entiende por qué todo el mundo le mira con miedo y odio creyendo que es su primo, que aparece en todos los medios. A pesar de todo, Alí es un superviviente y lo único importante al final ya no son las cabras ni volver al desierto, sino tener un hijo con Liz, la actriz, ya que lo que en el desierto era un defecto para ella es una virtud. Ese defecto es el hecho de tener un desmesurado miembro fálico.
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