
¿Quién no ha experimentado un amor tan fuerte que sea incapaz de detenerlo y/o controlarlo?
Todos tenemos la oportunidad de un gran amor en nuestra vida. Yo la tuve y pasó. No hay vuelta de hoja.
Yo tengo un amor platónico. No es una estrella de rock ni un actor de cine. Es una persona anónima, que no sale en medios de comunicación, es un completo desconocido, incluso para mí. Es platónico por el hecho de que él y yo solo hemos intercambiado palabras, miradas y poco más. Nunca ha ocurrido nada.
Sé que solamente sería feliz junto a esa persona, que jamás querré a nadie tanto como le quise a él, pero tampoco puedo estar más de cinco minutos a su lado, porque siempre terminamos discutiendo.
Sé lo que es amar a alguien hasta llegar a idolatrarle, y por culpa de ese platonismo insatisfecho se terminó convirtiendo en idealización. Creo que con el paso de los años (aproximadamente diez) en mi mente se creó una imagen completamente errónea de esa persona.
No sé qué le pude ver entonces. No es guapo, no tiene un cuerpazo, tiene unas greñas más largas que yo y conmigo es muy arrogante, quizás porque ve ese brillo en mi mirada. Sin embargo, es una de las pocas personas de este mundo que me desborda por completo, que hace que me ponga nerviosa, incluso a temblar sin poderme controlar, que hace que diga las cosas al revés, y por tanto termino diciendo lo que no quiero decir...
Sé que es amor, no puedo calificarlo de otra manera. Hace ya más de un año que decidí no volver a dirigirle la palabra. No soporto su arrogancia, y no soporto mirarle a los ojos y ver cómo desnuda mi interior dejándome sin defensas.
Verdaderamente creo que no es real, que solo miro una imagen en un espejo, un reflejo de alguien que no existe, una imagen deformada de alguien que yo veo diferente a como es en realidad. No hablar con él simplemente significa que no puede descubrir nada de lo que llevo dentro. Él sería capaz de dejarme el corazón en tal estado de deterioro que sería imposible recomponerlo, por eso decidí alejarme de él.
Pero le sigo queriendo, es algo superior a mí. Intento quitármelo de la cabeza, pero son muchos años, no es fácil. Intento descubrir qué es lo que tiene esa persona tan atrayente y tan admirable.
En este tiempo he tenido parejas, y en el fondo de mí sabía que todas esas relaciones estaban destinadas al fracaso, que un día acabarían, porque solo una persona podría darme la felicidad que yo quería y necesitaba. Por eso, nunca di de mí más de lo necesario, aun así di mucho, di siempre más de lo que recibí. Y cuando acababa todo no sentía tanto dolor como debería haber sentido, porque la imagen de una persona se aparecía ante mí, aunque está claro, no era mérito suyo, no es algo que tenga que agradecerle ni nada, simplemente es una imagen idealizada. Quizás en este sentido tener un amor platónico era una ventaja porque las lágrimas y el dolor enseguida se vieron sustituidas por medias sonrisas. Y por orgullo.
A medida que se llevaban un trozo de mí aprendí a ser más orgullosa, aprendí que no debía dar tanto porque podía quedarme vacía por dentro. Entonces construí un muro infranqueable, un muro que sería muy difícil traspasar, un muro que no podía abrirse desde fuera sino desde dentro.
Mientras esa persona siga ahí nunca podré ser feliz con nadie. Pero por mucho que intente olvidarle, quitármelo de la cabeza... me resulta imposible.
Esa puerta del pasado está atrancada para siempre, porque nunca dejará de ser un amor platónico. Y es una puerta que jamás volverá a abrirse. ¿Qué hay detrás? Una eterna llama, una llama que me dio luz y cordura en momentos de oscuridad y locura. Una llama que no se extinguirá nunca, porque al fin y al cabo el hecho de tener un amor platónico es un sentimiento bello, aunque en ciertos momentos me resultara doloroso.
Soy consciente de que si esa persona hubiera bajado del aura platónica que lo rodeaba finalmente me hubiera decepcionado. Por eso prefiero que no desaparezca la imagen -aunque sea idealizada- que tengo de él.
Todos tenemos la oportunidad de un gran amor en nuestra vida. Yo la tuve y pasó. No hay vuelta de hoja.
Yo tengo un amor platónico. No es una estrella de rock ni un actor de cine. Es una persona anónima, que no sale en medios de comunicación, es un completo desconocido, incluso para mí. Es platónico por el hecho de que él y yo solo hemos intercambiado palabras, miradas y poco más. Nunca ha ocurrido nada.
Sé que solamente sería feliz junto a esa persona, que jamás querré a nadie tanto como le quise a él, pero tampoco puedo estar más de cinco minutos a su lado, porque siempre terminamos discutiendo.
Sé lo que es amar a alguien hasta llegar a idolatrarle, y por culpa de ese platonismo insatisfecho se terminó convirtiendo en idealización. Creo que con el paso de los años (aproximadamente diez) en mi mente se creó una imagen completamente errónea de esa persona.
No sé qué le pude ver entonces. No es guapo, no tiene un cuerpazo, tiene unas greñas más largas que yo y conmigo es muy arrogante, quizás porque ve ese brillo en mi mirada. Sin embargo, es una de las pocas personas de este mundo que me desborda por completo, que hace que me ponga nerviosa, incluso a temblar sin poderme controlar, que hace que diga las cosas al revés, y por tanto termino diciendo lo que no quiero decir...
Sé que es amor, no puedo calificarlo de otra manera. Hace ya más de un año que decidí no volver a dirigirle la palabra. No soporto su arrogancia, y no soporto mirarle a los ojos y ver cómo desnuda mi interior dejándome sin defensas.
Verdaderamente creo que no es real, que solo miro una imagen en un espejo, un reflejo de alguien que no existe, una imagen deformada de alguien que yo veo diferente a como es en realidad. No hablar con él simplemente significa que no puede descubrir nada de lo que llevo dentro. Él sería capaz de dejarme el corazón en tal estado de deterioro que sería imposible recomponerlo, por eso decidí alejarme de él.
Pero le sigo queriendo, es algo superior a mí. Intento quitármelo de la cabeza, pero son muchos años, no es fácil. Intento descubrir qué es lo que tiene esa persona tan atrayente y tan admirable.
En este tiempo he tenido parejas, y en el fondo de mí sabía que todas esas relaciones estaban destinadas al fracaso, que un día acabarían, porque solo una persona podría darme la felicidad que yo quería y necesitaba. Por eso, nunca di de mí más de lo necesario, aun así di mucho, di siempre más de lo que recibí. Y cuando acababa todo no sentía tanto dolor como debería haber sentido, porque la imagen de una persona se aparecía ante mí, aunque está claro, no era mérito suyo, no es algo que tenga que agradecerle ni nada, simplemente es una imagen idealizada. Quizás en este sentido tener un amor platónico era una ventaja porque las lágrimas y el dolor enseguida se vieron sustituidas por medias sonrisas. Y por orgullo.
A medida que se llevaban un trozo de mí aprendí a ser más orgullosa, aprendí que no debía dar tanto porque podía quedarme vacía por dentro. Entonces construí un muro infranqueable, un muro que sería muy difícil traspasar, un muro que no podía abrirse desde fuera sino desde dentro.
Mientras esa persona siga ahí nunca podré ser feliz con nadie. Pero por mucho que intente olvidarle, quitármelo de la cabeza... me resulta imposible.
Esa puerta del pasado está atrancada para siempre, porque nunca dejará de ser un amor platónico. Y es una puerta que jamás volverá a abrirse. ¿Qué hay detrás? Una eterna llama, una llama que me dio luz y cordura en momentos de oscuridad y locura. Una llama que no se extinguirá nunca, porque al fin y al cabo el hecho de tener un amor platónico es un sentimiento bello, aunque en ciertos momentos me resultara doloroso.
Soy consciente de que si esa persona hubiera bajado del aura platónica que lo rodeaba finalmente me hubiera decepcionado. Por eso prefiero que no desaparezca la imagen -aunque sea idealizada- que tengo de él.
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