viernes, abril 03, 2015

Recuerdos del País de la Nube Blanca


Estaba empezando a leer un libro cuando me he quedado en el mapa. He sentido nostalgia, porque no volveré más allí (o al menos creo que no). En el pasado y no hace tanto he viajado lejísimos, tanto como para volar durante 24 horas -con la parada técnica de rigor-. Y por eso estoy ahora aquí, escribiendo con los sentimientos a flor de piel. Porque me he sentido abrumada por los recuerdos.
En realidad, antes de comprar piso intenté hacer los viajes largos que ahora no puedo hacer. Supongo que en un tiempo volveré a retomar esas largas travesías. Visité Nueva Zelanda más bien como fruto del azar. Ese año quería visitar Rusia, así que en Navidad estaba preparando la ruta a Moscú y San Petersburgo. A un mes del despegue del avión aún no había cerrado la ruta, ni los hoteles. Me pedían el número de la tarjeta de crédito y el pasaporte para hacer el visado. Siempre suelo viajar en junio, pero una boda a finales de mayo me obligó a adelantar las vacaciones, por lo que la ruta no tenía tantas posibilidades que si hubiera escogido en junio. A un mes del despegue y con la chica de la agencia de viajes llamándome un día sí y otro también, no terminaba de decidirme por ese viaje. Quería ir a Rusia, pero no con esa ruta, así que de repente decidí cambiar el viaje.
Es curioso que desde que era una niña había querido visitar Australia, pero una idea de última hora me hizo escoger Nueva Zelanda, país que además no necesita una visa desde aquí. Y allí me planté, en un país casi despoblado, del que apenas conocía nada y con unas normas muy estrictas.
Lo peor de visitar aquello son las horas de avión. En mi caso hice una parada técnica en Hong Kong, y cuando llegué al aeropuerto de Auckland no sabía ni en qué día estaba. Recuerdo que eran las nueve de la mañana y que lucía un sol espléndido, algo curioso porque allí estábamos en las puertas del invierno, mientras que en España estábamos en primavera. Corría el año 2011 y allí me encontraba, en el otra punta del mundo.

Unos años después, cuando entré en una librería de Pamplona, y me encontré con la portada de la novela de Sarah Lark, En el País de la Nube Blanca, tuve que llevármelo. Cualquier lector de Sarah Lark termina sabiendo que fueron los primeros maoríes que llegaron a Nueva Zelanda los que le pusieron el nombre de Aotearoa, cuyo significado literal es "la tierra de la gran nube blanca". Para mí, mucho antes de leer esa novela y luego la trilogía, el título me recordó al país y todo lo que me habían contado allí sobre aquellos primeros maoríes.
Aquí estoy nuevamente, empezando una nueva trilogía de Nueva Zelanda y con los recuerdos que me ponen la piel de gallina, como si hubiera sido ayer.

2 comentarios:

Alice Wonderland dijo...

¡Qué suerte haber ido a Nueva Zelanda! Debe ser un lugar precioso, siempre me ha llamado la atención, pero está tan lejos... Besos.

K dijo...

Es bonito, sí. Además las dos islas principales son diferentes. Por debajo se cruzan dos placas tectónicas, y mientras que una se superpone a la otra en la isla del Norte, en la del Sur ocurre al revés. Por eso la del norte es volcánica (pero no como Canarias, sino más exagerado: géiseres, agujeros en la tierra, fumarolas, volcanes y cráteres, cuevas extrañas...) en el sur predomina la naturaleza y la ausencia de volcanes. En el sur además vi La Comarca y algunos paisajes reconocibles de "El Señor de los Anillos" y sobrevolé en helicóptero los Alpes neozelandeses, desde un fiordo hasta Queenstown, una ciudad magnifica junto a un lago gigante (la isla del Sur tiene infinitos lagos). Pero hay muy poca gente. Recorres kilómetros sin encontrar un resto de vida humana y eso, el hecho de sus impresionantes paisajes sin que haya metido mano el hombre, lo hace muy atrayente.
Es bonito, pero no creo que vuelva a hacer un viaje tan largo, lo que quiero visitar pilla todo mucho más cerca.
Saludos!!