viernes, mayo 18, 2018

Semanas que parecen de quince días

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Regresar de una semana de vacaciones siempre cuesta. Y es que a mí no me parece haber descansado mucho la semana pasada, pero además, pese a que el lunes y el martes fueron tranquilos, esta semana se me está haciendo larguísima. 
Cuando pienso en esa hora de las tres a las cuatro de la tarde en que me he sentado en el sofá y me he encontrado tan agotada no me lo creía. Tampoco he hecho nada fuera de lo normal como para encontrarme tan agotada. 
Con todas las cosas que me pasaron hace una semana me da la sensación de que no termino de descansar suficiente. Supongo que después del susto llegó una especie de sobresalto continuado y es que inconscientemente me encuentro alerta. Es algo inconsciente, e intento no pensar en ello. A veces creo que me vigila alguien, veo rostros sospechosos en cada persona que se me acerca.
Me han explicado que esa situación de alarma varía entre unas personas y otras, que lo normal es que en diez o quince días ya me haya tranquilizado. 
Supongo que esta situación de alerta es la que no me deja descansar como debiera. De todas formas, siempre he sido muy confiada, y en esta situación he perdido parte de la seguridad que me rodeaba. 
Por lo demás, intento hacer una vida tranquila, eso sí, vuelvo a subir por el ascensor porque no recuerdo haber cerrado la puerta con llave y compruebo todo mil veces antes de marcharme. 
También me da algo de pánico el proceso que he generado. El guardia me lo dijo claramente: "¿Estás segura de continuar adelante? Porque se inicia entonces un proceso largo y complicado". No lo dudé. 
Estoy convencida de que las huellas encontradas son las mías, pero en caso de que encontraran huellas de alguien que se encuentra fichado... me llamarían a declarar, esa persona tendría que reparar el daño causado (que en este caso es un delito leve; antes diferenciaban entre falta y delito, ahora son delitos leves y graves) y esa persona se enfrentaría a un allanamiento de morada, con lo que se iniciaría un proceso penal. Al fin y al cabo, me he tenido que informar sobre aquello a lo que me enfrento. 
De todas formas, creo que no encontrarán nada y todo se archivará. Pero por otro lado me gustaría conocer el rostro de la persona que invadió mi intimidad. 
Hablar por primera vez de todo esto me ayuda de alguna manera. Durante la última semana me ha costado mucho llamar a las cosas por su nombre: allanamiento de morada. Me daba la sensación de que al no decirlo es como si no hubiera ocurrido. Pero lo cierto es que ocurrió, y aún hay días que me cuesta asimilarlo.
Es curioso. Por mi trabajo me entero de que entran a robar en casas, que descerrajan puertas, dejan viviendas patas arriba... y es algo que nunca piensas que te vaya a ocurrir a ti. Siempre nos pilla de lejos, y no nos hacemos a la idea de qué es pasar por ello cuando un día nos puede ocurrir a nosotros. Para empezar, cuesta hasta creérselo.
Estoy pensando que yo con esto podría escribir un libro. Por ejemplo, el inspector o detective que me ha tomado las huellas esta mañana... era muy atractivo, con buena planta, de una edad aproximada entre los 35 y 46 años, con gafas sin pasta y una voz muy tranquila. También tenía los dedos finos, largos y muy suaves, y esto lo digo porque me ha guiado él los dedos: de la tinta al papel, así hasta diez veces: una por cada dedo. Digo que es un inspector o un detective porque es como yo imagino a cualquiera de los inspectores que aparecen en las numerosas novelas policíacas que leo habitualmente. Ahora, en cuanto aparezca un detective nuevo, seguro que le pondré el rostro del guardia de esta mañana. Que tampoco llevaba uniforme: iba de paisano. 
He entrado en una dependencia del cuartel donde nunca había estado. Es que nunca he pasado de la sala donde se ponen denuncias y del recibidor. La sala era aséptica, fría, con dos mesas alargadas separadas pero colocadas de forma perpendicular, y unos armarios de chapa cerrados. Lo único que daba color a la sala era un corcho donde había varios recortes de periódico. 
Escribir me relaja. Podría escribir sobre los detalles de todo durante horas. Nunca me había deleitado tanto con la observación como he hecho hoy. Y es que lo novedoso siempre es digno de observación. 

jueves, mayo 17, 2018

Una cerveza inesperada

-..., Cuando aparques tomamos una cerveza.
-Estoy intentando aparcar.
-Ya..., si acabas de pasar por aquí.
-Vale, una rápida.

Más de media hora. Como ayer cuando hablamos por teléfono. Pero yo hoy me iba a casa y él volvía a la oficina.
Se han presentado un cúmulo de casualidades inesperadas. No son muchos los días que yo me quedo en la oficina hasta las nueve de la noche. Y luego tenía que pasar él. Y tenía que decir que sí.
Porque sabíamos que no iban a ser cinco minutos. Él también disfruta de mi compañía, igual que yo disfruto de la suya.
Y siempre sonríe. Conmigo siempre sonríe. Viniendo de una persona tan seria, desde que le dije que tenía que sonreír más, cuando me ve siempre sonríe...

Con la cabeza embotada

Sobre esta época se me suelen taponar los oídos. Ocurre siempre en primavera desde hace unos años. Antes acudía a que mi enfermero me quitara los tapones, pero llegó un momento en que pensé en que yo misma podía aplicar agua oxigenada y agua caliente y me saltaba la cita en enfermería.
Hasta que no me aplique agua caliente no me quedaré tranquila. Eso hace que escuche la mitad de la mitad, que se me embote la cabeza y que sienta una especie de bajón moral. Porque el hecho de no oír bien me afecta al estado de ánimo.
Así que no estoy para que hoy nadie me saque de quicio.
Lo que daría por echarme una siesta... Pero no puedo, hoy tengo mucho que hacer.

Bookish de mayo

Hoy ha llegado el Bookish del mes de mayo.
Cuando tenía los dedos negros de plasmar las huellas me ha sonado el teléfono. ¡Siempre inoportuno! Le he dicho al de la empresa de paquetería que me lo dejara en el bar.
Estoy agotada... Y no sé de qué.

Vamos caminando

A las dos me ha citado la policía judicial para tomarme huellas y descartarlas.
Como ya he llegado a mi destino me toca esperar. A veces me da la sensación de que me paso media vida esperando.

miércoles, mayo 16, 2018

En el silencio

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En el silencio de la noche no veo más que por meterme a la cama con la bolsa térmica en la espalda, leer y olvidarme del mundo. Aún siento ligeras molestias en la espalda, pero creo que es cada vez que estoy expuesta al frío durante un rato, como esta tarde, o como el sábado. Pero ya no son los dolores de hace una semana, son ligeras molestias que se notan más cuando azota el frío. Así que ahora tengo que ponerme calor durante un rato.
Por otro lado, las paranoias del domingo en que me sobresaltaba imaginando que alguien entraba en mi casa han desaparecido. Ya va pasando el susto, y ya estoy más tranquila. También vuelvo a centrarme en la lectura y tengo que reconocer que Instrumental es un libro magnífico. Lo leo mientras escucho cada sinfonía clásica que aparece como título de cada capítulo. Creo que son melodías pensadas para que duren lo mismo que dura leer cada uno de esos capítulos. El libro es fuerte, y es autobiográfico. Se hace más llevadero escuchando la música que el autor-concertista de piano nos propone.
Éste es un buen momento para irse a la cama y taparse hasta la nariz.

Con una radiografía...

Cuando más hasta arriba estaba de trabajo recibo una llamada de esas que no puedo decir que no. Y aunque he empezado a decir que no podía hablar mucho me he olvidado de lo que estaba haciendo para bailar envuelta en la dulzura de esa voz. 
Lo que iban a ser unos minutos ha derivado en media hora de reloj. Hemos hablado de mucho y finalmente me ha preguntado por el robo, porque se lo comenté en un mensaje. Según él, han podido utilizar una radiografía y me ha explicado que él cierra la oficina con doble vuelta de llave incluso cuando va a comer. Al final le he terminado diciendo que tengo pánico a dormir sola. Yo creo que piensa que le vacilo o algo. Al menos no he seguido con la invitación implícita que ha quedado en la punta de la lengua.
Él siempre tan atento... pero no lo suficiente.
Cuando he colgado el teléfono no sabía ni lo que estaba haciendo media hora antes.

¿Cómo es posible que una persona sea capaz de poner mi mundo patas arriba en treinta minutos? Al final he optado por dejar para mañana lo que no he conseguido hacer hoy. Y desde ese momento he sentido que caminaba de puntillas. 

De espera

Parece mentira que a mitad de mayo siga haciendo tanto frío. Pero así es, y las esperas se llevan muy mal con el frío.

Libros con música

Hay libros que se leen con música. Y éste es uno de esos libros. James Rhodes nos ha preparado una 'playlist' por capítulo.
Y ciertamente los capítulos son duros, mejor si van acompañados de música.

Vestido de novia

Pierre Lemaitre no deja nunca de sorprenderme. Me fascina de una manera impresionante. Y es que es muy buen escritor. Esta novela trata de un intercambio de papeles de dos personas que nos presenta de una manera y luego resultan tener una doble vida, uno de ellos sabiéndolo, y la otra, de manera inconsciente. Es brutal el control de la psicología que tiene el autor. 

Sophie Duguet es una mujer joven con un buen trabajo y casada con Vincent, un marido al que adora. Pero un buen día comienzan a ocurrirle cosas extrañas: empieza a tener pequeños olvidos, a perder cosas e incluso llega a asesinar a algunas personas. Cuando se da cuenta de lo que ha hecho comienza una huida y descubrimos a una mujer inteligente con una gran cantidad de recursos para salir adelante, pero lo que ella desconoce es que su huida la empuja a un encuentro que parece casual, pero en realidad hay alguien que lleva mucho tiempo sometiéndola a vigilancia y moviendo los hilos de su vida.
Frantz es un hombre que se enamora de Sophie y, aunque ella no le cuenta nada de su traumático pasado, comprende que es el hombre que ella lleva buscando desde hace mucho tiempo para poder protegerla. 
Pero a veces las cosas no son lo que parecen...

Hasta aquí puedo contar. Si escribiera más sobre esta novela la terminaría destripando y es un libro que se disfruta mucho. 

EL AUTOR:

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Pierre Lemaitre nació en París en 1951. Antes de dedicarse a escribir libros y a la creación de guiones para cine y televisión, pasó muchos años ejerciendo la psicología y la enseñanza para adultos, especialmente de literatura norteamericana y francesa, análisis literario y cultura general. Ha sido galardonado con el Premio Cognac a la mejor primera novela (2006) por Irène, el Premio de los Lectores en Francia a la mejor novela de suspense (2012) y el Premio Internacional Crime Dagger a la mejor novela extranjera (2013) por Alex, así como el Premio Goncourt (2013) por Nos vemos allá arriba. Ha publicado siete novelas en español: Vestido de novia, Irène, Alex, Nos vemos allá arriba, Rosy & John, Camille y Recursos inhumanos.

EL LIBRO:

Título original: Robe de marié
Autor: Pierre Lemaitre
Traductoras: María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego
Editorial: De Bolsillo (4ª reimpresión, noviembre de 2017)
Colección: Best-Seller nº 1085-2
Número de páginas: 322
ISBN: 9788466338370

Valoración: 10/10

RETOS:

martes, mayo 15, 2018

Enganchada

Estoy enganchadísima a la novela actual. Lemaitre me fascina de una manera brutal. Y es que no puedo parar de leer.
Me encanta cuando hay novelas que me enganchan de una manera tan extraordinaria.

San Isidro

Hoy es festivo en muchos sitios. Mucha gente lo celebra. Para mí este día es muy goyesco, por eso de que Goya pintó la pradera de San Isidro...
También es el último día de fiestas aquí...

Hace un rato me han llamado del Círculo de Lectores, concretamente para "regalarme" libros que tengo que pagar. Les he dicho que no me interesaba. Llevan ocho meses por lo menos sin mandarme la revista y, por supuesto, no voy a comprar libros que me diga otra persona. Creo que me daré de baja por segunda vez.

lunes, mayo 14, 2018

Aquellos que nos abren los ojos

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Recuerdo con nostalgia las clases de literatura con mi adorado profesor al que todos llamaban "el Jarchas". Hoy en día suelo encontrarme con él, sobre todo en verano, porque es de un pueblo cercano. Siempre se paseaba con tres o cuatro ejemplares de libros clásicos y nos leía fragmentos. Algunos alumnos usaban las clases de literatura para echar una cabezadita. Yo aprendí a adorar a los clásicos. Recuerdo su voz recitando como si le estuviera escuchando hoy. 
Desde el primer momento supo de mi atracción a la literatura, llegándome a confiscar libros que leía a escondidas en sus clases. Me cogía novelas de Robin Cook y me preguntaba qué sabía de Lope de Vega. Cuando comprobaba que tenía la lección aprendida me devolvía mis libros de intriga. Descubrió que cuando nos mandaba como tarea escribir algún tipo de poema yo me dedicaba a escribir poemas para mí y para medio internado. No sabía cómo lo descubría, pero hoy sé que cada persona tiene un estilo a la hora de expresarse y también a la hora de escribir. Así que él como experto lo tenía demasiado fácil. 
En COU me enamoré de Lorca. Simplemente me encantaba descubrir todo ese abanico de símbolos que utilizaba. 
En 3º de BUP le pregunté al profesor si se sentía identificado con la novela de Pepita Jiménez y le salieron los colores. Tengo que decir que mi profesor de literatura estaba en el seminario cuando conoció a su esposa, y Pepita Jiménez trata de un seminarista que se enamora de una mujer. 
Hoy en día sigue dando clases de literatura y latín. Me lo imagino con sus clásicos paseándose por el colegio, como si no hubiera pasado el tiempo. 
Cuando llega el verano va a buscarme todos los jueves y tomamos un café.
"¿Qué tal te va la vida?", pregunta.
"Bien", respondo.
"¿Qué libro te estás leyendo?", vuelve a preguntar, porque sabe que es un afición que no abandonaré.
Él lo sabe desde que en las navidades de 2º de BUP nos preguntó qué habíamos leído. Preguntó uno a uno y cuando llegó mi turno fue: Cañas y barro, La barraca y una parte de Las Mil y Una Noches
Recuerdo que me miró y me cuestionó mis lecturas para comprobar si era cierto que hubiera leído en tres semanas dos novelas íntegras de Vicente Blasco Ibáñez, para terminar diciéndome que dos años después lo estudiaríamos. 
Cuando estaba en 2º de Periodismo y tuvimos una asignatura de literatura, la profesora nos entregó una lista con unos doscientos títulos de entre los que habíamos que escoger cuatro para un examen oral. De aquella lista tenía leídos al menos un tercio, pero le envié una copia a Fernando y le pregunté cuáles escogería él. Yo podía haber elegido las lecturas, pero sé que a él le haría ilusión elegirlas por mí. Al fin y al cabo, durante años estuve carteándome con varios de mis profesores del colegio, y Fernando era uno de ellos. 
Hay personas que nos dejan entrañables recuerdos. Mi profesor de literatura fue uno de los que me impulsó a no parar nunca de leer. Porque he de decir que yo no leía nada hasta que llegué a BUP, y que uno de los impulsores para que adorara la literatura fue justamente este profesor. 
Hoy en día seguimos tomando cafés y hablamos de libros, y también de la vida en general. Y es una de estas personas que aparecen a saludarte y hacen que se te ensanche el corazón. 

Desayuno en Tiffany's

Este libro tiene varias historias cortas escritas por Truman Capote, a cada cual más interesante, y es que en unas pocas páginas recrea unos personajes únicos.

Desayuno en Tiffany’s es una novela breve que habla de una interesante mujer que vive en el East Side de Nueva York y que se llama Holly Golightly. Se trata de una joven de 19 años que enamora a los hombres, tiene compañías muy variopintas y en realidad es encantadora, hechiza a todo el mundo. 
La novela se escribe desde el punto de vista del autor que vive en el apartamento de encima de Holly. El autor, secretamente enamorado también de Holly, se termina haciendo amigo de la joven y se reúnen en el bar de Joe Bell. Holly es una mujer atractiva que destila glamour, su sueño es pasearse por Tiffany’s, la joyería que admira, aunque no tiene dinero para comprarse una joya allí. Todas las semanas acude al penal de Sing Sing, donde un capo de la mafia italiana, Sally Tomato, un viejito adorable, le da contraseñas a la joven que se hace pasar por su sobrina. También se rodea de Ruthy, un multimillonario de ideología nazi. Cuando Holly es detenida en relación a Sally Tomato, todos los que dicen ser sus amigos se alejan de ella. Holly es una persona que seduce a los hombres, pero también seduce al lector, es un personaje único y entrañable, y en el trasfondo es una verdadera farsante, como bien dice su representante. Holly como personaje se convierte en una verdadera heroína literaria para el lector.
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La película, protagonizada por Audrey Hepburn, se ha convertido en un icono del siglo XX.

Una casa de flores trata de una chica que se llama Ottilie que vive en una casa con otras chicas y una madame. Sus amigas se llaman Baby y Rosita. Ottilie sueña con el amor, que no encuentra entre los hombres con los que se acuesta. Desde muy pequeña le dijeron que si atrapaba una abeja y la abeja no le picaba entonces estaba enamorada. Un día es invitada a un torneo de peleas de gallos y allí conoce Royal y se enamoran. Royal se la lleva su casa, se casan y Ottilie tiene que vivir con la abuela de Royal, que le hace la vida imposible. Van a verla sus amigas y comprenden que se ha enamorado.

Una guitarra de diamantes trata de un penal americano donde no hay celdas como tal sino que los presos se encuentran desperdigados en barracones. Las camas que se encuentran junto al radiador son las más deseadas. Y allí es donde duermen los presos más importantes como Mr Schaeffer. Un día llega a al penal un muchacho de 18 años con una guitarra de diamantes. Se llama Tico Feo y es cubano, pese a tener el cabello rubio y los ojos azules. Entra bajo la protección de Mr Schaeffer. Y terminan haciéndose amigos. Tico Feo toca maravillosamente bien la guitarra y explica que su hermana trabaja en un una fábrica donde hacen guitarras. Un día cuando van a recolectar la trementina de los árboles Tico Feo se escapa, Mr Schaeffer lo intenta sin éxito. 

Un recuerdo navideño trata de una mujer de sesenta y tantos años y un niño de siete. La mujer es una señora peculiar que le llama niño Buddy. Un día de noviembre siempre se acuerda de ir a preparar sus tartas de frutas. Tanto la mujer como el niño no tienen dinero pero se encargan de ir recopilando productos para hacer esas tartas. Cuando llegan las Navidades tampoco tienen mucho dinero para hacer unos regalos y al final se terminan regalando sendas cometas El uno al otro. Pero un día los habitantes de la casa deciden que niño tiene que entrar a una escuela militar y la anciana se queda sola con la perra Queenie.

Cada historia en su línea, el lector se encuentra con varios personajes únicos que nos hacen emocionarnos y sentir a la vez. Todos nos transmiten algún tipo de sentimiento positivo. Son personajes cuyo perfil está magistralmente trazado por el autor.

EL AUTOR: 

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Truman Capote (1924-1984), nacido en Nueva Orleans, se reveló a los veintitrés años con su novela Otras voces, otros ámbitos, que obtuvo un éxito extraordinario. Posteriormente publicó, además de numerosos relatos y reportajes, El arpa de hierba, Un árbol de noche, Desayuno en Tiffany’s, A sangre fría (un libro excepcional con el que inauguró un nuevo género: la novela de no ficción) y Música para camaleones. En 1984 apareció Plegarias atendidas, su esperada novela póstuma. Fue galardonado en dos ocasiones con el premio O’Henry para relatos, fue miembro del National Institute of Arts and Letters y ha quedado consagrado como uno de los grandes escritores contemporáneos.

EL LIBRO:

Título original: Breakfast at Tiffany's
Autor: Truman Capote
Traductor: Enrique Murillo
Editorial: Anagrama (1ª edición, 1987)
Colección: Compactos nº 116
Número de páginas: 153
ISBN: 9788433975478

Valoración: 9/10

RETOS:

Dulces sueños

No tengo nada de sueño y es que cada vez que cierro los ojos me despierto exaltada. Me preocupa no dormir bien. Aunque supongo que, en cuanto me entre el sueño, dormiré profundamente y sin sobresaltos. Así lo espero.

domingo, mayo 13, 2018

Todos mirando

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Hoy he recordado un sábado de estas fiestas que se me hizo de día en buena compañía. Recuerdo perfectamente que me encontré durante horas tomando cervezas en el Snoopy, que se nos acababan y la otra persona me miraba y me decía: "¿Otra...?". Así hasta que cerramos el bar y, cuando salimos, era de día. De fondo se escuchaba Barricada y recuerdo una de las canciones porque me puse a tararearla: Todos mirando
Él me contó que se sabía todas las canciones de Barricada porque su compañero de habitación cuando estudiaba en la universidad siempre tenía puesto Barricada. 
Nos hemos quedado tantas veces cerrando los bares con varias cervezas entre pecho y espalda que ya no lo recuerdo. 
No sé por qué recuerdo ahora ese momento en concreto. Quizás porque cuando me quedo con él me siento relajada, aunque entremos en un bar de noche y salgamos de día, perdiendo completamente la noción del tiempo.
Lo único es que ayer hacía demasiado frío para estar en ningún sitio. 

Si ayer no hubiera sido por el frío, yo creo que hubiera amanecido también. El año pasado llegué a las diez de la mañana a casa. No sé cómo lo hago pero siempre me encuentro con alguien y siempre me quedo algo más. Y eso es lo que pasó el año pasado, que me iba aún de noche, me encontré con varias personas y me dijeron que no era el momento de marcharse a casa. No puedo con el frío, lo de ayer era espantoso. 

Los fantasmas de la noche

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No tengo ganas ni de leer ni de ver Masterchef. Lo único que me hace pensar en otras cosas es el hecho de ponerme a escribir. Sobre cualquier cosa. Escribir me libera. Y me libera porque me centro únicamente en lo que estoy escribiendo. 
La novela actual es interesante, pero no estoy hoy con los sentidos al cien por cien como para centrarme en la lectura. 
Ni en la tele ni en nada. No sé si sería buena idea tomarme unas cervezas a ver si consigo relajarme. 

Cierro los ojos y el subconsciente me juega malas pasadas...

Endulzando la cena

Mis sobrinas me trajeron ayer pastelitos y creo que hoy es una buena noche para dar un toque dulce a la cena.
Que ya veremos si como ese pastelito, que es de queso, y no sé yo...

Después de la semana que termina...

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Desde las últimas horas no tengo más que ganas de que termine esta fatídica semana. Porque en esta semana de vacaciones me ha sonreído la mala suerte allí por donde fuera. Podría decir que ya he alcanzado el cupo de la mala suerte. Cuando miro atrás, me echo las manos a la cabeza. Debo decir que me da la sensación de que se me ha hecho larguísima esta semana. Empecé el martes con un tirón en la espalda que llegué a pensar que se me pasaría, qué ilusa. En la siguiente madrugada tuve que ir a Urgencias. Aún tengo pequeñas reminiscencias en la espalda, no hago movimientos bruscos y anoche temí que hoy tuviera que volver a Urgencias. Tanto miedo tenía que tuve que volver a casa a por un abrigo de invierno que mantuviera el calor en la espalda. Y aguanté bien hasta las cuatro de la madrugada. Cuando volvía a casa pensaba que en estas fiestas otros años he salido en sandalias y tirantes. En uno de los termómetros que hay por la calle vi que había cuatro grados. 
Lo siguiente que ocurrió es que entraran a robar a mi casa. Cuando fui consciente de que una persona ajena había invadido mi espacio me sentí totalmente insegura, me vi envuelta en una fragilidad inesperada. No me duele tanto el dinero que me robaron sino esa invasión de mi espacio privado. He tenido tiempo para pensar y he llegado a la conclusión de que en mi casa entraron el día del chupinazo y que el reclamo fue el felpudo que estaba sin colocar porque ese día habían hecho la limpieza. Pero también he llegado a pensar que es alguien que me conoce, que no quiso dejar destrozos. Y eso, el hecho de que no rompieran nada más que una hucha de los chinos, me trae de cabeza. Desde entonces siento algo de pánico por las noches. El viernes se quedó a dormir uno de mis hermanos, y anoche mi otro hermano y mi cuñada. Hoy tengo que aprender a vivir sin miedo. Sé que nadie va a entrar mientras que yo esté en casa. Pero siento pánico, porque si pienso en que es una persona que podría conocerme y que podría volver a intentarlo es cuando siento pánico al sentirme vigilada y, por tanto, vulnerable. Y es que no hay peor cosa que pensar que nos vigilan y no saber quién. No estoy tan emparanoiada como se puede entrever con mis palabras, pero sí me encuentro un poco asustada aún. Intento que no me afecte, pero es algo demasiado reciente. Y cuando pienso en que no debo recordarlo es cuando vuelvo a pensar en que alguien ha entrado a mi casa sin ser invitado. Es una situación terrible.
Me llamará la Guardia Civil, supongo, para informarme si en la hucha hay otras huellas aparte de las mías... Aunque la verdad es que no espero que encuentren mucho. 
El viernes, para terminar, llegué con varias bolsas de la compra y me encontré el ascensor parado en la segunda planta. No me veía subiendo las escaleras hasta mi vivienda cargada con las bolsas de la compra y con la espalda con pequeñas molestias aún. Cuando me dijeron que tenía 45 minutos de espera decidí subir lentamente, porque no me veía esperando tanto tiempo en el portal. Y como una tortuguita, parando cuando me tiraba la espalda, fui subiendo hasta mi casa. 
Cuando llegué a mi casa lo único que pensé es que ya estaba bien, que ahora me tiene que venir una época de buena suerte, porque menuda semanita... 

25 años después

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Cuatro amigas se sientan en un restaurante a cenar. En la mesa de al lado hay un grupo de matrimonios que rondan la cincuentena. Uno de los hombres mira de reojo hacia el grupo donde están las cuatro amigas, saluda y se ríe. Ella que conoce a sus amigas desde hace tiempo, desde siempre, les confiesa algo inesperado: "Cuando yo tenía 16 años tuve una noche loca con él, un escarceo amoroso que me dejó huella; es uno de los hombres más románticos con los que he estado nunca". Las amigas la miran sorprendidas porque no se imaginan la situación, por la diferencia de edad, porque nunca han escuchado algo así, porque les resulta increíble. "Ahora entiendo que había cierta química cuando hemos entrado y se ha parado a hablar contigo", dice una. 
La chica se pone a recordar. Han pasado 25 años, era una adolescente y, por lo tanto, muy impresionable. Él ya tenía novia y ella se llevaba bien con la novia. Fue un amor de verano, el acercamiento llegó poco a poco hasta que todo culminó en esa noche loca. Los dos sabían lo que querían, y es posible que se hubiera repetido, si él no hubiera hablado de más. 
Unos días después se encontraron tomando copas en un bar. Él le confesó que su novia lo sabía todo. Ella no lo pudo soportar: a partir de entonces, cuando se encontraba con la novia, la chica se sentía abochornada por la situación, la novia nunca le recriminó nada, pero el malestar estaba presente. Con el paso del tiempo él se casó con su novia, tuvieron hijos y les fue bien. 
Pero los dos saben que algo quedó en el tintero, que se trata de una historia inacabada. Esa noche, 25 años después, cenando en mesas contiguas, se les van los ojos. Cuando se encuentran sienten una energía superior a ellos. Él mira de reojo, ella disimula porque sabe que otro par de ojos les vigila. Desde entonces ella se ha alejado de los hombres ennoviados o con pareja, por el silencio de la novia, porque el hecho de que la novia no recriminara nada es suficiente para que ella se haya sentido mal durante años. Pero es una historia inacabada, sólo que ella ya no es una adolescente y sabe muy bien lo que quiere y, sobre todo, sabe lo que no quiere.
La chica intentó alejarse de esa situación nefasta, pero él no se lo permite. Cada vez que se encuentran recuerdan aquella noche de pasión. Y los dos son conscientes de que hay cosas que podían haber sido de otra manera, pero las cosas son como son. 25 años después.