lunes, julio 26, 2010

¿Cómo meter un barco en una botella?

Desde pequeña siempre me han fascinado los barcos, pero no todo tipo de barcos, sino los antiguos buques de madera. De ahí viene mi afición por todo lo que tiene que ver con los piratas, desde libros hasta juegos, películas… Para mí los piratas eran personajes interesantes y, de hecho, aún me fascinan.
Creo que esa afición comienza cuando un tío mayor que mi padre montaba un enorme barco de madera por piezas. Es un modelo magnífico que aún conserva en un lugar privilegiado de su casa. Cuando era pequeña y le veía construirlo siempre pensaba que de mayor me dedicaría a montar maquetas de barcos, aunque entonces me parecía algo muy complejo.

Poco después llegó otro tipo de fascinación: los barcos metidos en botellas de cristal. Durante mucho tiempo me estuve preguntando cómo metían un barco en una botella si no cabía por la boquilla de la botella. La única respuesta lógica, después de haber visto a mi tío montar aquel armatoste de barco, era que se utilizaban unos palillos para construirlos desde fuera, metiendo las piezas por separado, y se iba construyendo poco a poco, y pensaba que había que tener mucha habilidad para montarlos. La verdad es otra, porque esos barcos entran enteros por la boquilla, con las velas y los mástiles plegados, que luego con unas pinzas se izan. Tampoco andaba tan desencaminada.

Hoy esos barcos ‘embotellados’ me llevan a usarlos como metáfora del amor, como si el corazón fuera la urna de cristal y en cuyo interior vamos ‘tejiendo’ lentamente una amalgama de sentimientos que a veces son tan grandes que parece imposible que puedan alojarse todos juntos en su interior. Curiosamente, cuanto más siento, más ligero noto el corazón, aunque los latidos sean tan fuertes que a veces temo que puedan escucharlos las personas que me rodean. Y cuando esos sentimientos se han alojado en el corazón te preguntas cómo es posible. Como la botella, el corazón al principio no tenía nada, y de repente un día está lleno. No con un barco, sino con algo más potente y con una fuerza atroz. Y es de una hermosura tal que resulta complicado describir esa belleza.

domingo, julio 25, 2010

Buscándole

Estaba buscándole entre la gente, pero él no estaba. Ansiaba verle, escuchar su voz, mirarle, tocarle... Y eso que ahora le veo muchísimo, pero nunca es suficiente. Me pregunto dónde estaría esta noche.

Le echaba de menos. Esta noche me faltaba 'algo', ese 'algo' lo tenía anoche.

Y pensaba en él cuando estábamos en el bar donde nos conocimos, en el bar donde nos tomamos la última anoche... Cuando estaba allí me he dado cuenta de todos los recuerdos que me trae aquel lugar.

sábado, julio 24, 2010

Con el perro en las piscinas

Eran las doce cuando he abierto los ojos esta mañana. He pensado en él y he recordado la noche de anoche. Lo guapo que estaba, el cariño que prodigan mis manos cuando, por ejemplo, le apartaba el pelo, el indicio de celillos cuando dijo un nombre femenino (espero que él no lo notara) y la tranquilidad al decirme quién era. Escuchar su voz, mirarle, redescubrir su sonrisa, rozarle el brazo con los dedos, quererle... Simplemente quererle.
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Con una palabra basta

Con una sola palabra me basta para resumir la noche de hoy: encantador. Porque es encantador. Me he visto suelta con él, porque me he atrevido incluso a decirle lo guapo que estaba.

Quizás escriba más tarde desde la cama. Quizás. Me apetece tumbarme.

viernes, julio 23, 2010

Llegar a casa

Eran las cuatro de la tarde cuando me sentaba en la mesa a comer. El perrito callejero ya ha aparecido. Ahora está triste porque mi madre le abandonó en el pueblo de mis abuelos, pues el perrito encontró una perrita y se perdieron. Esta noche ha dormido con mis abuelos.
Yo intentaré dormir, porque he quedado a última hora de la tarde, quizás para tomar una cerveza en las piscinas.
Estoy pensando en una persona, una persona maravillosa.

Me cuesta mucho contenerme cuando me acuerdo de él. A veces tengo ganas de escribirle un mensaje diciéndole cualquier cosa, sólo porque en ese momento he visto algo que me lo ha recordado. Nunca lo hago. Escribir mensajes con el móvil me supera, me parece una actividad tan lenta que siempre prefiero llamar.

Viernes al mediodía

Me pregunto si habrá venido al café. Es posible que sí, lo que pasa que yo no estaba allí para verlo. He ido, pero me he marchado a todo correr, pese a que no quería marcharme, porque realmente quería verle.

Pero tenía que irme. Seguro que no le he visto por cinco minutos. Como si lo viera. Con lo que me gusta a mí que esté tan cerca.

Después ha empezado a llegar gente y gente y más gente. Hasta ahora. Que ya son casi las tres. En un suspiro estaré en casa echándome la siesta. Esas siestas de los viernes que nunca quiero que acaben...

Eran las diez

Llevaba tres horas levantada y tenía que hacer copias de llaves, es decir, ésa era la excusa perfecta para que me diera un poco el aire.
No tengo paciencia, así que estaba en la calle esperando a que me hicieran las copias. Mi falta de paciencia se ha visto recompensada con creces, ya que en ese momento ha pasado un ángel. Hoy va de oscuro (no voy a dar más detalles sobre los motivos de su camisa), pero guapísimo igualmente.
Verle a las diez de la mañana es comenzar el día con buen pie. Después he mirado al frente, porque sabía que le iba a ver. Al ver que él miraba en mi dirección, me he puesto a caminar. He notado que el rubor se alojaba en mis mejillas. Menos mal que él estaba lejos para verlo.
He regresado con una sonrisa de oreja a oreja. No es que no estuviera contenta esta mañana, pero verle a él hace que sonría aún mucho más.

Viernes por la mañana

Venía con el sol anaranjado de frente, reflejado en la carretera. Una mañana idílica si no fuera por el frío que hace. Si es que no parece julio. Y pensaba en él, en que no hace ni unas horas que le había visto y ya tengo ganas de volverle a ver. Seguro que duerme. ¡Lo que daría por abrazarle ahora!

En la cafetería me marchaba cuando ha aparecido D. Es su cumpleaños, me lo dijo ayer. Mi memoria no lo retiene. Le he felicitado y me he ido. Eso me recuerda a que el año pasado quería invitarme a comer un día porque era su cumpleaños y yo tenía un horario que nunca me permitiría quedar con él. Espero que este año no se le ocurra, pero si lo hiciera ya buscaría una excusa.

Quizás al final no llueva.

Si supieras que nunca he estado en Londres, volverías de Tokio


Resultado de imagen de si supieras que nunca he estado en londres volverías de tokio
Un libro que se lee rápido y que no creo que recuerde en unas semanas. No es que la autora escriba de forma aburrida, sino todo lo contrario: es bastante amena. Pero el libro es demasiado simplón. También hay que tener en cuenta que es una autora novel y eso se nota.

Ágata Ponce trabaja en una empresa de publicidad. Sólo quiere que la envíen al paro, pero su jefa, Margarita Pulido, es una jefa bonachona que, además, cree que Ágata es la mejor presentando informes.
Ágata, a sus 34 años, se pasa escribiendo correos electrónicos que nunca envía a su ex novio, Jochi, que es un compositor que la ha abandonado para ir a dar recitales a Japón. Ágata sigue enamorada de él, le cuenta todos los pormenores de su vida y se inventa mentiras desastrosas, como que se va a casar con un novio imaginario de nombre Rubén.
Al cabo de un tiempo, Ágata será ascendida y ocupará el puesto de Margarita. Es entonces cuando Jochi le dice que va a volver y ella está preocupada. Tiene que hacer una entrevista y sólo cuando ve el nombre del candidato, Rubén, es cuando se da cuenta que Jochi ya no le importa.

Toda la novela está escrita desde el punto de vista de Ágata, a través de los e-mails nunca enviados, a modo de diario. El resto de las personas son según las ve Ágata.

jueves, julio 22, 2010

Vaticino lluvia para mañana


Mañana seguro que llueve. Estoy segurísima.

Se me han antojado pantalones blancos para mañana y siempre que me pongo pantalón blanco llueve. Pero no importa. ¿Qué importa si en medio de la lluvia siempre hay un arco iris?

Debería ir pensando en dormir. Mañana es viernes y las alarmas de los móviles suenan a las 6.30h. Sin embargo, leeré un poco.

Qatar Airways responde...


Cuando he llegado a casa me he encontrado una carta de Air Qatar, que dice que están investigando mi caso. No me extraña con el texto que les escribí cuando llegué a Madrid. Estaba bastante cabreada como para que mis palabras sonaran cabreadas.
Me tranquiliza el hecho de que me hayan respondido y dicho que están investigando mi caso, que no sé qué es lo que tienen que investigar; sólo tienen que comprobar que el avión salió tarde en Madrid y que en Doha tuve que coger un avión al día siguiente. Con mis datos lo encontrarían todo rápidamente. Pero ya se sabe que "las cosas de palacio van despacio".

Lo que tapa la dirección es un cenicero portátil japonés. Está sin estrenar. Por dentro tiene una cobertura como de aluminio, plateada.

Una visión fugaz

Hace una hora aproximadamente estaba sentada en la terraza de una cervecería con mi padre. A pesar de que han echado el toldo para que no entre el frío, en mi campo de visión ha aparecido alguien con una camisa verde, ha pasado como una exhalación.
He mirado el reloj y he sacado el móvil. Mi intención era mandarle un mensaje para preguntarle si tenía la bicicleta pinchada, pero al final no se lo he enviado.
Me queda el recuerdo fugaz de haberle visto caminar a última hora de la tarde. Y me he fijado en que llevaba manga larga. Él sí que no pasa frío, yo seguía en tirantes.

Cierre

Al final me ha llamado mi padre y, sí, tomaré una cervecita antes de marchar. Pese al frío.

Los ojos de la vejez

Esta tarde me ha clavado los ojos un anciano que ha pasado a mi lado. Me ha dicho tanto con esa mirada... Sus ojos eran de tristeza, rasgados, con las venas marcándose en los bordes. Pero eran unos ojos con fuerza, la fuerza del que ha visto mucho, del que ha conocido mucho, del que ha visto a muchos partir, del que ha conocido tantos cambios…

Las personas mayores despiertan en mí un afecto que desconozco de dónde sale. Se despierta el sentimiento protector con ellos.

Escuchar a los ancianos es algo necesario. Ellos saben. En esos ojos llenos de tristeza me he visto reflejada yo en unos años. Y he comprendido su mensaje: lo rápido que pasa la vida.

Lo que ocurre es que no puedo pararme a pensar en lo rápido que pasa todo. En estos momentos vivo amando y amo viviendo y eso hace que ame mi vida y su vida, que disfrute de cada momento como si fuera el último, que admire ese rostro que tanto me dice y tanto me da, que adore a esa persona que tanto me aporta... Y viviendo en ese presente, en este presente, no puedo pararme a pensar que en un futuro no tan lejano yo también tendré la mirada triste del que se está despidiendo de la vida y la cara llena de arrugas que marcan cada experiencia vivida y las hebras del pelo grises o blancas porque ya no podrán ser negras. Eso es envejecer. Pero mi corazón es más joven que nunca. Quizás es porque ama y al amar se siente vivo y siente la vida y VIVE. Y eso es ahora. No estoy para pensar cómo seré ni qué sentiré dentro de unas décadas. Lo que importa es el ahora y en el ahora está él, que colorea el mundo con sus manos cada día y que le da luz con una sola sonrisa.

¿No es magnífico amar? Hacía tanto tiempo que no me sentía así...


(Iba a hablar nada más del anciano de la mirada triste, pero no sé qué ocurre que siempre termino pensando en esa persona. Y lo que iba a ser una entrada algo nostálgica, identificándome con la tristeza del anciano, se ha convertido en todo lo contrario. Es magia).

Hace frío

Hace frío y estoy en tirantes, porque esta mañana se me ha olvidado coger una chaqueta. ¿Quién puede esperar que haga tanto frío en el mes de julio?
Se me ocurre una persona a quien le pediría una chaqueta. Es indiferente cómo me quedaría un jersey suyo, interesa más imaginar que lo llevo puesto y las veces que aspiraría su aroma. Sería una buena idea pedirle algo con que taparme o también podría pedirle que me abrazara para no sentir el frío.
Eso quiere decir que hoy no iré a tomar cervecitas veraniegas a una terraza, porque no quiero pasar frío.

¿Funcionará que si pienso en él deje de tener frío? Quizás sí: si me duele algo pienso en él y se me pasa, si estoy enfadada por algo pienso en él y se me pasa, si tengo frío... también debería funcionar.

El arte de escribir en una persona


La caligrafía dice mucho de una persona. Yo siempre me fijo en cómo escribe la gente. Si es una letra minuciosa, si las letras de las palabras están juntas o separadas, si está curvada hacia un lado u otro, si es grande o pequeña.
Bien, ahora he visto una rúbrica, que he intentado imitar sin mucho éxito. En realidad no la he imitado, sino que he seguido con mis dedos las líneas incomprensibles donde sólo entiendo una letra. Y entonces he parado: nunca he visto nada escrito de su puño y letra, jamás he leído algo escrito por él -a mano-. No sé si escribe en grande o en pequeño, si hace círculos en los puntos de las íes o si hace la zeta larga, si su escritura es clásica o floreada, si se entiende o no.
¿Y él? Él sí ha visto mi letra, en un sinfín de ocasiones, porque no escribimos igual según el estado de ánimo: ha visto mi escritura cuando estaba tranquila, cuando estaba nerviosa, cuando estaba contenta, cuando estaba relajada.
Necesito saber cómo escribe. ¿Pero cómo conseguir algo escrito de su puño y letra?

Pequeñas impresiones

Tengo una sensación muy nítida de cuando estaba tomando el café. Yo sabía que él estaba detrás, es posible que me estuviera mirando, es posible que no. Yo sabía que él estaba ahí y, sin embargo, me he tomado mi tiempo antes de darme la vuelta.
Es casi parecido a ayer por la mañana cuando caminaba por la calle. Algo en mí gritaba: "Date la vuelta". Hoy he sabido que estaba ahí. Es una cosa muy rara, porque en ese momento simplemente me salen palabras corteses. Aunque los pensamientos vuelen en otra dirección. Algo como: "no dejes de mirarme, porque si lo haces desaparecerá la magia". En realidad, he pensado muchas otras cosas, como que me encantaría besarle, y tocar su barba, y decirle lo guapo que estaba hoy, y susurrarle lo que he soñado esta noche... Y que ese puñado de minutos me dan media vida. Es encantador.

La comida fuera


Iba a ir a casa a comer, pero me ha dado pereza. Así que he optado por el Gambrinus. Hacía mucho tiempo que no me quedaba a comer con la decisión tomada en cuestión de segundos.
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Café au lait

Hoy había muchísima gente en el bar. Demasiada. Había además alguien que brilla con luz propia. Me he leído una parte del reportaje de La Rioja que hablaba sobre Moscú. No podía mirar en su dirección, porque posiblemente me hubiera encontrado con esa mirada angelical.

Diez minutos antes. Estaba en la calle y ha pasado con el coche. No sé si me habrá visto. He mirado el reloj: hora del café.

He cogido el periódico y lo he hojeado (sí, pasaba hojas), entonces el reportaje de Moscú ha acaparado mi atención... hasta el momento en que ha venido él. Guapísimo. También me gusta cómo le queda el verde.

Un mes ya

Tal día como hoy, hace un mes, estaba sobrevolando Asia. Y me parece todo tan lejano... Es como si el viaje a Japón hubiera ocurrido hace siglos.

Esta noche he soñado... con él. Y he llegado tarde a la oficina.

Pero este último mes ha sido genial, porque le he visto casi todos los días y varias veces al día. Y que siga así, que verle es sonreír de manera constante, tener esa sensación de comerse el mundo, notar que existe la magia...