jueves, octubre 17, 2013

La vida imaginaria

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Anoche comencé a leer La vida imaginaria, el finalista del Planeta 2012 (aprovechando que acaban de fallarse los Premios Planeta de este año). Como he tenido todo el día para leer y no es muy largo, además de que tiene una letra grande y, a veces, capítulos muy breves, ya lo he terminado.
No me ha gustado nada. En realidad es una historia de amor, donde la protagonista, Fortunata Fortuna, mezcla la realidad con la ficción. Porque acaba de romper con su novio Beto y se lo imagina en todos los sitios, acentuando ese vacío que ha quedado en su interior. Ella intenta llenar el vacío retomando la relación con sus amigas, y finalmente pone los ojos en Mauro, un free lance que a veces colabora con la agencia de publicidad donde ella trabaja, hasta que finalmente Mauro, que acaba de salir de una relación de amor-odio, también se fija en Nata, y terminan enamorándose.

Es un libro que no recomendaría. La mayor parte del tiempo no se sabe si la protagonista sueña despierta, se cree lo que sueña o es algo que está pasando en su realidad. Supongo que, por el título, eso es lo que se pretende.

Sinusitis

Hacía siglos que no pasaba un día entero en cama. Pensaba que era un simple catarro, y me encuentro con que tengo catarro, sinusitis y fiebre, y una bolsa llena de medicamentos.
En todas las horas que he dormido he soñado con mi amor. Si él estuviera cerca se me pasarían todos los males. A veces tengo dolor de cabeza y otras, se me nubla la vista.
No me gusta estar enferma. Espero mañana estar lo suficientemente bien como para ir a la oficina. Otro día así no lo soporto.

miércoles, octubre 16, 2013

Calle Berlín, 109


Hay libros cuya lectura es tan exquisita que se disfrutan mucho. Calle Berlín, 109 es uno de esos libros. No muy largo, pero para disfrutar. Sin embargo, aunque intenta enfocarlo a una realidad vecinal, el mundo real -que me lo digan a mí, que trabajo con las Comunidades de Vecinos- es muy diferente. Pero hablamos de una novela y esto... es ficción.
Se trata de una novela policíaca, con un final perfecto. La trama va de la unión de un grupo de vecinos que se alían para ocultar un cadáver y conseguir salir con las manos limpias y todos beneficiados.
La primera parte comienza describiendo quién vive en cada piso: Gabi y Gustavo en las entreplantas; Encarna con sus hijos y el matrimonio anciano, Luisa y Zósimo, en el primer piso; y Emilio y María Eugenia en el segundo piso.
Gabi es una prostituta de lujo, guapa y elegante, que sabe el poder que tiene en los hombres. Su vecino Gustavo, en cuanto la ve, siente cierto poder de atracción hacia ella. Gustavo Adolfo es colombiano, la mano derecha de un capo de la mafia colombiana, el Mariscal, uno de los terroristas más buscados tanto en Colombia como en España. Muchos creen que el Mariscal ha muerto, pero Gustavo cree que no y, por eso, espera su llamada. Mientras, sobrevive con pequeños trabajos de sicario. Ni Gustavo ni Gabi se confiesan a qué se dedican, pero la atracción es mutua, hasta que un día, Gustavo, mientras camina por el centro de Barcelona, descubre a Gabi junto a un hombre maduro y rico, lo que le decepciona enormemente.
El matrimonio anciano, Luisa y Zósimo, están condenados a una vida de recuerdos. Zósimo tiene alzheimer y Luisa ha pensado alguna vez deshacerse de él asfixiándole con un cojín, aun sabiendo que ella también estaría condenada a la soledad. Lleva mucho tiempo sin ver a la vecina de arriba, María Eugenia. En la vivienda de al lado vive una mujer separada, Encarna, con sus dos hijos: Sandra, una universitaria que pierde la cabeza por la moda, y Álex, un camello de baja estofa, que ha aprendido a ganar dinero fácil sin mucho esfuerzo, hasta... que un día le desaparece la droga que tiene en casa. En realidad es su hermana la que se la ha robado, para comprarse un chaleco de piel, y luego ella le ayuda a robar ordenadores en las bibliotecas universitarias con el fin de revenderlos y conseguir el dinero que tiene que devolver Álex.
Emilio es un oficinista divorciado que parece que está enfermo. En realidad, todos sus vecinos creen que está enfermo, pero lo único que le ocurre es que vive estresado por el trabajo. Su jefe Pau le agobia para que presente informes y no le recompensa. Sin embargo, sabe todas las claves de la oficina y cuándo se encuentra en la caja fuerte el dinero en B, que no consta en ningún documento.
María Eugenia vivía en el piso de al lado. En realidad es la que cuenta la historia del inmueble donde vivía, hasta que hace unos meses falleció sentada en el sofá de su casa. Como vivía sola, nadie ha encontrado aún su cadáver, pero su espíritu vaga por la casa entrando y saliendo de las vidas de sus vecinos.
Los vecinos tejen sus amistades entre ellos. Gustavo y Gabi se lían, Encarna decide hacerse un cambio de "look" que enamora tanto a Emilio como al colombiano.
Mientras, un policía que está retirado mientras espera que la Administración se haga caso de su caso (se quedó cojo de un navajazo y aún se encuentra de baja mientras espera una respuesta de su situación), Gerard Tauste, vigila el edificio. Lo único que tiene es un mensaje en su contestador de su ex compañero Pep, antes de que éste apareciera asesinado y descuartizado. En el contestador le había dicho que tenía algo muy gordo relacionado con el número 109 de la calle Berlín. Los vecinos se han dado cuenta de que les está vigilando, incluso llega a relacionar a Gustavo con el Mariscal y descubre que Pep también estaba tras el rastro del Mariscal y que es probable que por eso mismo fuera asesinado.
En uno de sus trabajos, Gustavo coincide con el Mariscal. De primeras no le conoce, porque está físicamente cambiado, pero cuando le escucha le reconoce perfectamente por la voz. Unos días después recibe la visita del capo, que ha ido a asesinarle. Álex, que en ese momento sube por la escalera, le ve con la pistola en las manos y se lo cuenta a su madre. En un forcejeo, el que resulta muerto finalmente es el Mariscal y los vecinos deciden esconder el cadáver en el piso vacío de María Eugenia, y le sacan del edificio disfrazado de anciano y lo dejan en los baúles llenos de cadáveres de animales de la Facultad de Veterinaria.
Gerard se da cuenta de que lo han engañado, pero no puede culpar al colombiano, sobre todo porque él sólo se ha cargado, en defensa propia, a la persona que mató o mandó matar a su amigo y compañero Pep, así que finalmente lo que le ofrece es que colabore con él para la policía.
Por otro lado, Emilio roba el dinero en B de la caja fuerte de su jefe y decide marcharse de viaje a Bali con Encarna, mientras Luisa, que ahora como viuda está sola, se ofrece a cuidar de los jóvenes hijos de Encarna.
Gabi finalmente saldrá de la prostitución gracias a la proposición de uno de sus clientes, que se ha terminado divorciando de su mujer, y que sólo quiere su compañía porque no sabe estar solo. Gabi acepta, pero decide que tiene que pasar a Sandra sus clientes.

Me ha gustado la forma en que está escrito. Y engancha. 

martes, octubre 15, 2013

Tardes doradas

El cielo estaba a caballo entre el dorado y el azul. Era una tarde perfecta, si no fuera porque tengo la nariz que parece una catarata, inicio seguro de un incipiente catarro. Hacía calor. Y yo pensaba en la conversación telefónica que acababa de mantener... con ese ángel de mirada perfecta.
Y el cielo. El cielo de esta tarde era todo un poema...

lunes, octubre 14, 2013

El abrigo azul

Hace unas semanas vi un abrigo azul, casi añil, para mi sobrina. Como iba con prisas, no me detuve ni entré en la tienda. Le pregunté a mi cuñada si mi sobrina tenía algún abrigo azul y me dijo que no, que tampoco tenía un vestido azul con el que podía combinarlo. Pues crece tan rápido que toda la ropa se le queda pequeña demasiado rápido.
Pero hoy sí que he entrado. El abrigo azul ya no estaba en el escaparate, así que ya imaginaba que no lo iba a encontrar. Aunque lo he pedido y me lo traerán. 
Y mientras miraba (hasta que no ha habido un bebé en casa, yo ignoraba la ropa de niños) toda la ropa que había en la tienda. Y entonces he visto el vestido. Un vestido de pana azul, perfecto, precioso. Era tan bonito que directamente lo he cogido y me lo he llevado.
Me iba imaginando a mi sobrina con un vestido tan bonito. Y entonces he llegado a tiempo para dárselo a mi hermano, que aún no se había marchado. No se esperaba algo así.

Yo creo que tanto mi cuñada como mi hermano están algo abrumados porque van a ser papás de nuevo y mi sobrina aún no tiene ni quince meses. Así que había que darle color a todo y animarles un poco. Hoy el color era el azul.

Mi cuñada me ha llamado después y me ha dicho que le ha encantado el vestido. Ya lo sabía yo. Es un vestido que da al ojo y no podía quedarse en la tienda.

domingo, octubre 13, 2013

Perdiendo la noción del tiempo

Hoy he perdido la noción del tiempo haciendo el álbum de fotos del viaje a USA. Me he vuelto a perder en las calles de Washington y me he vuelto a mojar en las cataratas del Niágara.
Y, en medio de mis pensamientos relajados de tarde de domingo, allí estaba él. En mis recuerdos, perfectamente adorables.
Con él también pierdo la noción del tiempo.

sábado, octubre 12, 2013

Novelas del pasado: La plaga

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En el mes de septiembre de 2001, cuando ocurrió el atentado contra las Torres Gemelas, es como si se hubiera parado el tiempo. Yo estaba en la residencia de estudiantes de Salamanca estudiando para los exámenes de septiembre cuando recibí una llamada de mi hermano y me dijo que fuera a la televisión más cercana. Recuerdo que entonces leía La plaga de Ann Benson, y que, después de haber visto las impactantes imágenes de Nueva York, no conseguía retomar la lectura, porque en aquel momento la realidad era mucho más pesada que la ficción. Y durante días, cuando cogía este libro, no tenía fuerza para seguir. En cambio, sí que leía periódicos.
Aquel mes de septiembre será difícil de olvidar. No olvidaremos dónde nos encontrábamos en el momento de la tragedia, qué estábamos haciendo e, incluso, qué libro estábamos leyendo en esa época.
Lo que hubiera sido un libro que me hubiera leído en una semana o en diez días me lo terminé de leer en el tren de vuelta a casa. No era que no me gustara, al contrario, me encantó; pero la situación real del mundo era tan preocupante que durante unos días me fue imposible concentrarme en la lectura. Así de sensibilizada me encontraba en aquel momento…

El libro tiene dos historias paralelas, una pasada y otra presente con vistas a un futuro incierto, que están unidas por un germen, el germen enterrado durante 700 años de la peste negra. Lo que me gustó mucho del libro es descubrir los mismos lugares descritos durante el siglo XIV y durante el siglo XXI, y lo mucho que han cambiado, a pesar de estar describiendo el mismo sitio.

Una prestigiosa cirujana es obligada por el Gobierno a “reciclarse”, que no significa otra cosa más que dejar su trabajo, cuando una terrible epidemia se extiende irremediablemente por el mundo, ya que no hay antibiótico lo suficientemente efectivo para hacer frente a esta extraña epidemia. En el año 2005, Janie Crowe viaja de Estados Unidos a Londres para realizar unas excavaciones arqueológicas necesarias para la investigación que lleva a cabo para terminar su formación en arqueología forense.
Por otro lado, en 1348, un joven médico judío aragonés, Alejandro Canches, desentierra un cadáver para determinar la causa de su fallecimiento. Considerada esta circunstancia una herejía en aquella época, es condenado a muerte. Para evitar la condena y ayudado por su familia, huye antes de que le prendan. A partir de ese momento, comenzará a viajar por Europa tras los pasos de la peste negra. Cuando se encuentra en Francia, es enviado por el Papa a la Corte de Eduardo III de Inglaterra para que asista al monarca ante la epidemia de esta enfermedad. En Londres, Alejandro se enamora de una dama de compañía y toma a su cargo a una niña huérfana, a la que intentará proteger de las bubas de la peste. El médico judío observa la enfermedad que asola Europa y aprende todo lo relacionado con la misma, así como la manera de protegerse del contagio y, una vez contraída la infección, intentar curarla y/o minimizar el sufrimiento del enfermo. Alejandro describe todos los síntomas en un cuaderno.
Setecientos años más tarde, y tras otra epidemia asoladora que ha convertido el mundo en un lugar inseguro, Janie hace descubrimientos en la muestras de tierra que ha tomado en Inglaterra. Una de las muestras plantea problemas de recogida, porque es propiedad de un anciano que no permite el acceso a la tierra. Sin embargo, el viejo es burlado por la investigadora.
La peste negra ha sobrevivido setecientos años de entierro y vuelve a la vida en el laboratorio, poniendo en peligro la frágil existencia de los habitantes que han sobrevivido epidemias durante siglos anteriores. Janie huye de la policía, que intenta detenerla, pero ella quiere salvar al resto de la Humanidad. A partir de aquí se convierte en una historia emocionante, porque Janie vive con la circunstancia de ser sorprendida y no poder llegar a salvar al mundo.

Es un libro que recuerdo con especial cariño, porque me hizo disfrutar mucho con su lectura. Es una novela que releería. Quizás porque no suelo leer muchos libros científicos, aunque sean ficción, y a pesar de que no es un tema que me guste, en realidad este libro me enganchó.

Entra en mi vida

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Con el escándalo de los "niños robados" en nuestro país se ha destapado toda una enorme trama que ha implicado a muchas personas de toda índole, donde las víctimas han sido unos bebés que crecieron en una mentira, que finalmente saldría a la luz, ya unas décadas después.
De una historia de "niños robados" trata el argumento de este libro, una historia que se enmarca en la década de los años 80, época del apogeo de esos "robos". Algo que pone la piel de gallina a los que nacimos en los años 70 y 80, porque es algo que podría ocurrirle a cualquiera. Personalmente no me gustaría estar en la piel de esas personas que descubrieron varias décadas después la verdad de lo que escondía el origen de su vida, una vida que podría haber sido de otra forma.
Esta novela no es un hecho real, pero está inspirada en uno de esos casos de "niños robados". Pero toca la fibra sensible.
Al principio, me costó entrar en la historia. No me ocurrió como en el anterior libro de la autora, Lo que esconde tu nombre, que enseguida me atrapó, casi desde el principio, y no tardé mucho en terminarlo. En cambio, con Entra en mi vida, me ha costado muchísimo más entrar en la historia, quizás porque había momentos que transcurrían muy lentamente, aunque al final el desenlace va muy rápido y se descubre todo velozmente.

Verónica vive tranquilamente en su casa, con su padre taxista, su madre enfermiza y su hermano Ángel. Nunca ha sido lo suficientemente feliz porque su madre creaba cierto ambiente de amargura donde deberían haber sonado risas. Lo único que hace diferente la vida familiar son las continuas visitas de Ana, una mujer acomodada que viaja a menudo a Tailandia y que no necesita trabajar debido a la enorme cantidad de dinero del que dispone.
Desde que tenía diez años, Verónica había oído hablar de Laura. No sabe quién es, pero hay una foto de una niña, en la cual pone Laura, en una cartera de piel que su madre guarda en la balda más alta de su armario.
Un día, la madre de Verónica, Betty, se pone enferma, porque su corazón está débil. La tienen que ingresar y a Verónica se le pasa el plazo para matricularse en la universidad, pero a la vez recoge el testigo del trabajo de su madre, convirtiéndose en una comercial de productos caros de maquillaje que va de domicilio en domicilio.
Verónica no se atreve a preguntarle a su madre, pero sí a su padre. Su padre Daniel le explica que antes de casarse tuvieron una hija que nació muerta, pero que Betty siempre ha pensado que sobrevivió, porque nunca le enseñaron el cadáver.
Verónica comienza a tirar de los hilos y decide seguir los pasos de su madre siguiendo el rastro de Laura. Así, el primer lugar que visita será la agencia de detectives donde Betty descubrió que su hija vivía y gracias a la que pudo conseguir hacer una foto a Laura -la misma foto que se encuentra en la cartera de piel-. Después irá a ver al doctor Montalvo, un psiquiatra que la trató, y que también le dice a Verónica que lo olvide, que su madre perdió al bebé.
Cuando Verónica no sabe por dónde seguir, recuerda que la cartera de piel es muy costosa como para que esté en su casa, y decide ir a la tienda donde fue comprada. Se trata de una tienda de accesorios y calzado de piel, con altos precios en los productos que vende. Entrará varias veces, con el fin de descubrir a Laura, a Greta y a Lilí. Comprende que Laura se parece a su hermano y a su padre.
Al final, un día la aborda en la calle y le explica sus sospechas. Laura cree que su supuesta hermana está loca, pero la decidida Verónica ha abierto una fisura en la segura vida de Laura. Laura sabe que no puede decirles nada a su abuela Lilí ni a su madre Greta, pero éstas lo descubren y finalmente llevan a Laura a la consulta del doctor Montalvo, que le suministra unas pastillas que la terminan sedando y la dejan sin fuerzas, hasta que Laura decide que no debe seguir tomando esa medicación. Su abuela ha dejado de confiar en ella.
Mientras tanto, Verónica, que acaba de perder a su madre y que ha solicitado su sustitución en la empresa de cosméticos, ha descubierto que el nexo en común es Ana, que también suele visitar a menudo a la madre falsa de Laura, Greta.
Ninguna de las dos jóvenes saben dónde vive Ana, pero han descubierto que es el nexo en común. Verónica lleva varios días sin ver a Laura y está preocupada, porque cree que si ella ha desaparecido es por su culpa. Laura también se da cuenta de que la están reteniendo contra su voluntad, y comprende que en uno de los momentos que la vigile su abuela, que es muy mayor y que se encuentra en una silla de ruedas -aunque pude caminar perfectamente- podrá escaparse.
Cuando llega a la calle, Laura comprende que no sabe mucho de Verónica, pero sí sabe que el taxi de su padre suele tener como parada habitual la Plaza de Colón, y hacia allí se dirige pidiendo ayuda a los taxistas. Daniel, aunque no cree en la teoría de su difunta esposa, ayuda a Laura llevándola a su casa, donde nadie le preguntará nada, más bien la tratan como a una más de su familia. Verónica y Laura juntas investigarán una enorme trama de "niños robados" y finalmente visitarán a todos los que están involucrados en la separación de Laura de su verdadera familia. Laura y Verónica saben que no tienen un pasado juntas y que con el tiempo podrán quererse, pero no será un cariño como el que habrían tenido de haber crecido juntas en la misma familia.

viernes, octubre 11, 2013

Un capricho de la naturaleza


A veces, los caprichos de la naturaleza llegan solos. Sin esperarlos. Y cuando no esperas algo, se convierte a veces en una grata sorpresa.

Una llamada a media tarde me ha informado que iba a ser tía nuevamente en el mes de marzo. De otra niña. Me ha dado un subidón. Estoy emocionada.

jueves, octubre 10, 2013

Novelas del pasado: Caperucita en Manhattan

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Recupero Caperucita en Manhattan porque, en definitiva, mi viaje a Nueva York está aún muy reciente y me apetece revivir mis paseos por las calles de Manhattan. Creo que, si me hubiera acordado antes de este libro, me lo hubiera llevado a Nueva York y lo hubiera releído allí.
Todo el mundo conoce, de cuando éramos niños, el cuento de Caperucita Roja. Es un clásico de la literatura infantil, que en mi caso, no llegué a leerlo nunca de acuerdo al original de los hermanos Grimm. Más bien, mi infancia estuvo plagada de cuentos contados, como han de ser los cuentos. Los cuentos, como bien dice su nombre, son para ser contados. Y mi madre recurría a su memoria y nos contaba a mis hermanos y a mí cuentos, así, para no perder la tradición oral. Así que recuerdo a mi madre como una juglar que con la única musicalidad de sus palabras nos mantenía embobados escuchando. Y uno de los cuentos que más escuchamos fue Caperucita Roja, junto con el de El lobo y los siete cabritos. Y eran los más contados porque llegaba un momento, y creo que a todos los niños les ocurre, que en vez de querer algún cuento nuevo, preferían escuchar una y mil veces el mismo.
Partiendo de la base de que todo el mundo conoce el cuento de los hermanos Grimm, nos adentramos en la novela que readapta el cuento de Caperucita Roja, y donde Carmen Martín Gaite nos hace saltar con una Caperucita moderna que vive en Brooklyn, entre los rascacielos neoyorkinos  de Manhattan, que escenifican el bosque del cuento.
Sara Allen es como la niña del cuento: una niña pecosa de unos diez años, observadora e inteligente, dotada de una gran imaginación, que proviene de una familia sencilla y corriente. Desde muy pequeña lee los libros que le envía Aurelio, el novio de su abuela al que nunca ha visto. Sara adora a su abuela y sueña con vivir junto a ella, una ex estrella de Broadway que vive en Morningside. Cada sábado, la señora Allen y su hija Sara viajan a la isla de Manhattan para visitar a la abuela. Para ello, la señora Allen le pone a su hija un chubasquero rojo y siempre llevan a la abuela un trozo de tarta de fresa en una cesta.
Rebeca, cuyo nombre artístico era Gloria Star, no se resigna a envejecer, es aficionada al alcohol y resulta un personaje un tanto estrafalario. Está cambiando continuamente de novio, aborrece la monotonía, pero tiene un gran empeño en educar a su nieta.
En uno de los viajes rutinarios a casa de la abuela, la casa está vacía. Como la madre se preocupa, decide salir a buscarla, mientras Sara se queda sola en casa de la abuela. Para Sara, aquella oportunidad es lo mejor que podía pasarle, ya que juega y sueña que es Gloria Star. Su abuela llega antes que la señora Allen, sin que se hayan encontrado, y nieta y abuela deciden preparar juntas la merienda, mientras la abuela le da a Sara la mitad del dinero que había ganado en el bingo esa tarde.
Para celebrar el cumpleaños de Sara, sus padres y los Taylor, sus vecinos, van a un restaurante chino. A Sara no le gusta el hijo de los Taylor, un niño rudo y maleducado. La señora Taylor, que es una gran repostera, había hecho su famosa tarta de fresa, y la lleva al restaurante para servirla durante el postre. Cuando llegan a casa, reciben una llamada donde les comunican que el tío Joseph ha fallecido, por lo que dejan a Sara con los Taylor.
Sara aprovecha para escaparse y marcharse a Manhattan en busca de su abuela. En la estación de tren se encuentra sola y temerosa. Entonces aparece Miss Lunatic, una mendiga que ayuda a todo el mundo, la saca de la estación y la lleva a tomar algo. Van a un bar lujoso porque a Sara le hace ilusión porque allí están rodando una película. El camarero le pregunta a la mendiga por su nombre, a lo que ella contesta: “Soy Madame Barthody”, nombre de la madre y musa del escultor de la Estatua de la Libertad. Sara ve en aquella mujer el reflejo de la estatua. Tras despedirse de Miss Lunatic, Sara va a Central Park. Allí se encuentra a Edgar, Mr Wolf (el lobo del cuento), que además es dueño de la pastelería Dulce de Lobo. Se ponen a hablar y, cuando el señor Wolf ve la cesta con la tarta de fresa, pide un trozo para probarla. En realidad, el objetivo del señor Wolf es la tarta de fresa, ya que su pastelería ha perdido celebridad y la gente ya no pide su tarta de fresa, por lo que quiere la receta de esa tarta de fresa que Sara llevaba en su cesta. Mr Wolf está dispuesto a todo con tal de conseguir la receta, por lo que lleva a Sara en su limusina, que en principio quiere ir a casa de su abuela, pero decide cambiar el objetivo y marchar de visita a la Estatua de la Libertad, a través del pasadizo secreto que le había revelado Miss Lunatic.
Cuando regresa a casa de la abuela, descubre a Mr Wolf bailando con su abuela, y ella decide volver junto a la Estatua de la Libertad.
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Los libros que leí "antes"

Crear un blog supuso un cambio con respecto a lo literario. Muchas veces he pensado en el tiempo que estuve rumiando empezar un blog, hasta que finalmente lo creé. El tiempo que estuve pensándolo fueron meses, porque creía que podían ocurrir dos cosas diametralmente diferentes. Por un lado, pensaba que como todo en internet me terminaba cansando (foros, programas, chats, etc.) podía ocurrir lo mismo con un blog, que finalmente me terminaría cansando. Por otro lado, me daba miedo empezar y que me absorbiera de tal manera que la obligación de escribir me agobiara, con lo que al final, pese a todo, también terminaría abandonándolo. 
Siete años y medio después puedo confirmar que no ha ocurrido ni una cosa ni la otra. Es cierto que he tenido momentos que me han resultado un tanto agobiantes, pero si finalmente un día no escribo nada tampoco me trae de cabeza. He tenido épocas enriquecedoras que escribía por todo y he conseguido incluso el principal objetivo: no asemejarlo a un diario, sino únicamente hablar de las cosas que me apasionan: del amor, de los viajes, de los libros, de cine, de arquitectura... A veces he hecho mención a un momento concreto de mi vida, por ejemplo cuando he hablado de los placeres de una tarde de verano en que no tenía que trabajar. 
Es cierto que últimamente llego tan cansada a casa que a veces me cuesta encender el ordenador y me limito a decir dos pinceladas a través del iPad.

Sin embargo, siempre he pensado que debí haber comenzado el blog mucho antes, porque entonces hubieran quedado registradas todas mis lecturas del pasado. Llevo unos días pensando en que debo refrescar aquellas lecturas y, si no las releo, al menos creo que sería una buena idea recordar sus argumentos, personajes, su trama y lo que sentí entonces. Para ello, ya me he hecho una lista de los libros que quiero comentar y, cada vez que lo haga, pondré de título: Novelas del pasado, y ese pasado no es otro que mi pasado, los libros que leí "antes" del blog, y de los que me hubiera gustado plasmar mis impresiones.

miércoles, octubre 09, 2013

Tardes libres


Adoro los miércoles por la tarde. Son las horas que me dedico a mí misma: a soñar despierta con ese ángel de mirada penetrante, a dormir si acaso unos minutos, a leer sin pausa ni prisa, a escribir, a pasear con el perro en estas últimas tardes de sol.
Se trata de hacer las cosas más sencillas del mundo y disfrutar haciéndolas. Aunque lo cierto es que disfruto con todo lo que hago...

martes, octubre 08, 2013

El pequeño saltamontes

Cuando era pequeña me gustaban los saltamontes. Recuerdo las noches de verano, aquellas en que a medianoche habíamos de estar en casa, sentados un grupo de niños-adolescentes bajo la luz anaranjada de una farola, contando historias, cuando nos veíamos avasallados de saltamontes que venían a la luz.
Les veías saltar y saltar, y me fascinaba verlos.

Adoro cada noche antes de dormir, cuando hago un repaso del día, y mi pensamiento para en el recuerdo de esa voz tan sensual que tantas cosas buenas me depara a lo largo del día. Lástima que el tiempo pase tan rápido con él. Me encanta compartir todo con él.

Así estaba, pensando en él y en la conversación tan relajante que hemos tenido esta tarde, cuando he visto al pequeño saltamontes en mi cortina. No sé cómo echarlo, pero es posible que mañana el saltamontes aparezca en mi nariz, o saltando por todo el dormitorio buscando una salida. Si el perro no le encuentra antes.

Hoy es una noche mágica. Pese al frío.

lunes, octubre 07, 2013

Una vez soñé

Una vez soñé que le entregaba el mar, pero el mar estaba en su mirada, porque en esa mirada perfecta floto cada vez. Y en esa mirada navego, sueño, imagino y espero.
Un día te das cuenta de que el amor es tan fuerte que te duele el pecho. Y deseas verle a todas horas, y te preguntas qué haría él en tu lugar, y te dejas llevar por sus palabras que suenan a poesía.
Él me da la paz y la tranquilidad que no tengo a lo largo del día. Él es esa persona que me reconforta, que me hace sonreír, que me brinda pedazos de felicidad cada día.

Él siempre trae la magia.

domingo, octubre 06, 2013

A falta de minutos


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Últimamente estoy un poco 'fuera de onda'. No es que no me apetezca escribir, más bien al contrario, porque siempre estoy deseando escribir algo, comentar cualquier anécdota del día o hacer fluir los pensamientos. Pero llego a casa tan cansada de la jornada que finalmente me pongo a leer y me paso horas leyendo. 
Y luego, cuando llega el fin de semana, aprovechando este veranillo de San Martín, lo que deseo es apurar esos últimos coletazos de sol y me marcho a pasear, a disfrutar del aire puro del otoño, y a tomar unas cervezas.
Me encuentro feliz. En todos los sentidos. Con más trabajo, pero feliz. Y el día que me cruzo con ese ángel de mirada perfecta... entonces ese día es mágico.

viernes, octubre 04, 2013

Si todos los días fueran viernes

Adoro los viernes, quizás porque son la puerta al fin de semana. Se pasan tan rápido que apenas me doy cuenta. Y finalmente termino cansada de toda la semana. Pero hoy, por fin, puedo decir de nuevo: por fin es viernes y estoy tremendamente enamorada.

jueves, octubre 03, 2013

Pau

Tengo unas ganas de ver a la princesa... Yo creo que llegará mañana.

miércoles, octubre 02, 2013

Pídeme lo que quieras o déjame

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No comprendía cómo si el segundo libro, Pídeme lo que quieras, ahora y siempre, tenía un final feliz, con boda y toda la parafernalia, aún podía haber historia para un tercer libro. Con esta última novela, finaliza la trilogía que comenzó con Pídeme lo que quieras.
Me ha gustado, pero no deja de ser más de lo mismo: los fuertes caracteres de los protagonistas les hacen chocar una y otra vez, lo que les lleva a enfadarse durante días y días, pero cuando hacen las paces disfrutan de sus vastas fantasías sexuales y terminan perdonándose todo. El libro comienza en la luna de miel, que la disfrutan en la Riviera Maya.
Eric está deseoso de tener un bebé, pero Judith no quiere ni pensarlo. Además, ya tienen a Flyn, al que tratan como si fuera hijo propio. La vida en Alemania sigue su curso hasta la aparición de Laila, la sobrina del matrimonio que sirve en la casa de Eric, que de antes se lleva mal con Björn por levantar rumores falsos, habladurías que han ocultado a Eric para no hacerle daño. Como Jud se entera de lo que hizo Laila, sólo desea que se marche de su casa, pero Laila está dispuesta a difundir que Björn y Jud están liados, lo que hace que Eric se marche a Londres por un viaje de negocios y no quiera regresar junto a su esposa. Eric se emborracha cada noche hasta que un día se mete en una pelea, por lo que le ingresan en el hospital. Björn y Jud van a verle y deshacen todo el entuerto. Entonces, Jud confiesa el secreto que ha estado ocultando: está embarazada. El futuro bebé causa mucha alegría a toda la familia. Tendrán un bebé que se llamará Eric y, tras la maternidad, Jud ha decidido que en un futuro quiere tener una niña.
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Hofbräuhaus, Munich, la cervecería más antigua del mundo

Un regalo inesperado

Hoy he recibido un regalo inesperado para mi piso. Aunque lo estrenaré dentro de mucho tiempo aún. Me daba hasta pena deshacer el envoltorio.

martes, octubre 01, 2013

Oktober!!

Con el mes de septiembre siempre me acuerdo de la Oktoberfest de Múnich, la mayor fiesta de la cerveza del mundo. También recuerdo muy lejano el verano, aunque lo cierto es que octubre me parece aún un mes muy agradable. Será porque me vienen a la mente las imágenes de las fiestas universitarias de inicio de curso. La primera era la de Ciencias, y qué bien lo pasábamos. ¡Ah! La vida del estudiante.
Pero no cambio mi vida actual por aquello, ni cambio a mi amado por mil estudiantes guaperas y simpáticos.

Es hora de ir a dormir.