martes, mayo 25, 2010

El cielo se torna gris

Todos los días ocurre lo mismo: mucho sol para después nublarse. Seguro que la tormenta empezará en el momento en que me vaya a casa; conmigo siempre funciona la Ley de Murphy. De todas formas, me gustan estas tormentas de verano en primavera. Luego se queda una tarde-noche espléndida.

Ni voy a imaginar que las gotas de agua salada caen sobre su piel, mientras su pelo gotea sobre mi cuello, pero no existe el agua, ni las tormentas, ni la primavera. Sólo está él, mojándose bajo la lluvia y yo le observo feliz, mientras me aferro más a su mano. Y únicamente me concentro en el tacto delicado de mis dedos entre los suyos. No siento las gotas que recorren mi rostro, ni el pelo que se riza lentamente, ni escucho el chapoteo de nuestros pasos, ni huelo el dulzor del aire en medio de la tormenta...

Venir antes de tiempo

Hoy he venido antes a SD, pero he llegado un cuarto de hora más tarde a la oficina. Tenía que lavar el coche, al menos por fuera. Al llegar a la rotonda, he visto a dos personas torcer hacia un lugar. Ya sabía dónde iban y con quién se iban a encontrar. ¡Afortunados ellos, que le ven todos los días! Aunque donde iban esta tarde era un lugar diferente. Una parte de mi alma, invisible por supuesto, se ha escapado para ir tras ellos.

Cumpleaños de...

Hoy he llamado a G., para decirle que no le han ‘colgado’ en el periódico. No sé cuántos años cumple, algunos más que yo, pero no se me ha ocurrido preguntarle. No me parece de recibo preguntar la edad, aunque él me la ha dicho alguna vez. Nunca antes le había escuchado hablar con tanta seriedad, y todo porque no caía en quién era, para reconocerme después y explicarme que se cambió de móvil y le faltaban muchos números de teléfono.
Le pregunté dónde se metió en el Santo, que tampoco les vimos. Y me ha comentado que estuvo desayunando con mis amigos, a una hora temprana. “Es que me marché sobre las cinco, no llegué a desayunar”.
Le he dicho que me voy a Japón en dos semanas exactas, aunque ya se lo comenté hace poco, recuerdo aquello que me respondió: “¿Ves? Ya te lo dije yo”.
El caso es que yo le llamaba para felicitarle. A G. le conocí para acercarme a otra persona, pero cuando hablamos, hoy en día, ya nunca sale a relucir en nuestras conversaciones la otra persona. Ninguno de los dos queremos hablar de ese asunto; por mi parte no quiero ponerle en un compromiso. Y a la otra persona no puedo ocultarle nada, así que prefiero no saber nada. A veces ignorar ciertas cosas viene bien. Si quiero saber algo de alguien, prefiero preguntárselo directamente y no a través de terceras personas.
De todas formas, G. sólo necesitó decirme una vez cuándo era su cumpleaños para recordarlo. Ya le expliqué que tenía buena memoria para recordar fechas.

Me voy a tomar un café.

Se mueven las palabras


Se mueven las palabras a ras de la suave brisa de una noche de mayo, palabras que se inspiran en su mirada angelical, en su sonrisa magnética, en esa voz que hechiza.
Al fondo suena una triste campanada solitaria, anunciando la media de una hora que ya pasó.
Se mueven las palabras de amor que no han sido pronunciadas en una única dirección. Se guardan esas palabras en un corazón que late con fuerza, a la espera de la llegada de los sueños o historias imaginarias donde esas palabras tengan libertad para ser pronunciadas.
De fondo quiere sonar la suave balada del silencio.

Ahora... es un momento único. Siento la magia, su magia. Insto a mi alma a volver a soñar con él. Una vez más. Una noche más. Unas horas más.

Aprendiendo un poco de japonés


No voy a aprender en quince días las letras japonesas para no sentirme perdida en un lugar donde utilizan otra escritura diferente. Siempre me quedará el inglés...
Pero sí que quiero aprender cuatro cosas como los números: Ichi, Ni, San, Si, Go, Roki, Shichi, Jachi, Kyu, Yu. Sayonara ya sabía lo que significaba, pero palabras como "gracias" (Arigatou) o "por favor" (Onegi Shimau) son de vital importancia.
Da igual. Son palabras que he sacado de la guía, la misma guía que me llevaré. Empiezo a sentir un pequeño nudo en el estómago, los nervios previos a viajar...

lunes, mayo 24, 2010

Robando unos minutos a la felicidad

Poco antes de marchar a casa, adoro relajarme, y una forma de hacerlo es escribiendo lo primero que me pase por la cabeza. Con el silencio que me rodea, pensar en alguien es suficiente para sonreír, alguien que puede estar a unos cuantos metros de distancia, o quizás a varios kilómetros, pero en esta misma ciudad o cerca de ella.
Y ese mínimo pensamiento dedicado a esa persona es suficiente para que sonría.

Sorprende cómo alguien con tan poco puede aportar tanto. Y sin embargo lo hace, no sé cómo ni por qué. Quizás el por qué esté relacionado a que me ha tocado el alma en cada instante que he sentido que su mirada me acaricia, en cada momento que he soñado que me refugio en sus brazos, todas las veces que me tiembla la voz al hablar con él o cada noche al añorarle, a sentir nostalgia de él, a buscarle entre la gente y a encontrarle en cada detalle, casi a diario...

En cierto modo, me estoy mentalizando para el viaje. Sé que pensaré mucho en él, que buscaré momentos de relajación para el alma y que le echaré de menos. Y apartaré pensamientos que me duelen, porque, si por mí hubiera sido, hubiera cogido otro avión con otro destino. Esto último me duele un poco. Y sé que cuando esté lejos le sentiré muy cerca, porque para mí llevarle en el corazón es como si estuviera conmigo.
Me quedan dos semanas exactas y unas pocas horas para marcharme. Que está ya ahí, a la vuelta. Esta mañana les he pedido dinero a los del banco para que me lo cambien a yenes. Dicen que tardan dos días en hacer los trámites, yo creo que tardarán más. De todas formas, usaré tarjeta, que me resulta más cómodo que llevar dinero en efectivo.
Será un viaje algo así como espiritual. Pero, por muy lejos que me vaya, él siempre estará cerca.

Aires de tormenta

Me encantan las tormentas de verano, esas que son necesarias para que el bochorno se vaya. Lo peor es ir en tirantes y en sandalias. Pero no importa, que llueva de esta manera, aunque se apaguen las luces por los relámpagos se disfruta.
He salido un momento a la calle y adoro la fragancia a recién mojado que queda después. Los ojos se me han desviado hacia una dirección, preguntándome dónde estará...

Al abrir los ojos

Esta noche he soñado con él. Lo noto al desear quedarme cinco minutos más en la cama con los ojos cerrados y con su imagen perfecta que se va desvaneciendo entre los últimos estertores del sueño.
Guardaré para mí el contenido del sueño, porque no me apetece contarlo. Al final no es importante qué se sueña sino el hecho de soñar con él todas las noches, despertar cada mañana y encontrarte ronroneando feliz.
Me encanta conducir cada mañana de cara al sol, aunque esa luz deslumbrante hace que se me encojan los ojos y lagrimee hasta que aparco. Y, casi siempre, me sorprendo descubrir un nuevo sol cada mañana y me encuentro pensando en él, en que quizás ese nuevo día nos encontremos en cualquier calle.
Si todos los lunes amanecieran como hoy… Y eso que podrían ser mejores…

Quienes te hacen sonreír en el minuto siguiente

Hay personas que te hacen sonreír con su mera presencia, incluso cuando no están presentes, con sólo evocar un momento que compartiste con él...
Necesitaba desconectar durante todo el día y la única manera de conseguirlo ha sido dejándome llevar por los recuerdos de él, los recuerdos que atesoro y que, cada vez que traigo al presente, me hacen sonreír.
No hace ni un año que le conocí y, con los pocos instantes que tengo de él, ha conseguido brindarme innumerables momentos de felicidad. También de tristeza, pero son los menos. A diario, cuando su imagen viene a mi mente con los primeros rayos del sol, sonrío con una extraña alegría.
Hay personas que con su mera presencia obran milagros.

Ahora, con su imagen casi palpable, es un buen momento para ir a dormir, con él como último suspiro del día que termina, con su imagen como indicio de los sueños.

Santo Domingo de la Calzada, ingeniero en la tierra



Este libro lo tomé como mera curiosidad, porque lo tenía al alcance de las manos y porque el personaje me pilla demasiado cercano. Lo que no esperaba es encontrarme ante un ensayo que desmiente todos los pilares ideológicos religiosos creados hasta ahora en esa pequeña ciudad riojana. Se hace pesado por la ingente cantidad de notas a pie de página del libro, aunque no me cuenta nada que no sepa.
Como mera curiosidad, uno de los nombres que se le atribuyen a Santo Domingo de la Calzada, aparte del de "(primer) ingeniero", es el de pontífice. "Pontífice" significa literalmente "el que hace puentes" (de ahí que al Santo Pontífice, es decir, al Papa, se le llame así porque metafóricamente quiere decir que es el que crea puentes que unen lo terrenal con la Santidad).
Lo que pone en duda el libro es algo que para mí y muchas gentes de la zona es bastante obvio: que Santo Domingo nació en el pequeño pueblo burgalés de Viloria de Rioja. Según el libro, habría un Villoria en la Calabria italiana en el siglo XI (siglo en que vivió Santo Domingo de la Calzada) y que nuestro famoso santo llegó desde allí.
Otra de las cosas que llama la atención es que intenta atribuir al milagro del gallo y la gallina una solución alquímica con base de mercurio por la que el animal muerto podría levantarse a cacarear estando muerto. En realidad, yo siempre he creído que los milagros religiosos tienen un razonamiento científico. Me atrevo más a creer, por tanto, en el motivo alquímico que en la fe religiosa.
Y, en el mismo milagro, se pone en duda que fuera del propio Santo Domingo, ya que parece ser, según este libro, que es copia de otro milagro del señor Santiago que obró en Toulousse (Francia) en el siglo XI. Lo interesante es que los dos santos se disputaban la santidad de las gentes. También existe el mismo milagro en Barcelos (Portugal), de ahí los famosos gallos típicos portugueses. Recuerdo que la primera vez que fui a Portugal (a Coimbra concretamente) me contaron la leyenda y me eché a reír diciendo que ya me la sabía. Era clavada a la leyenda calceatense.
El libro cuenta que Domingo intentó entrar en los monasterios de Valvanera y San Millán de la Cogolla (donde era prior Santo Domingo de Silos) y no le permitieron la entrada, así que se volcó de lleno en ayudar a los peregrinos que marchaban a Santiago, no sin antes aprender el arte de hacer calzadas de San Gregorio Ostense, obispo italiano que había venido a ayudar por una plaga de langostas. Y en el yermo terreno de la Ayuela comenzó a construir un puente, primero de madera, luego de piedra, después la calzada que va desde Santo Domingo hasta Nájera, incluso se cree que pudo participar en la inicial construcción del puente sobre el río Najerilla, levantó el hospital de peregrinos de Santo Domingo, construyó un huerto y un pozo...
Y empezó a cortar encinas con una hoz. Dice el libro que esa hoz está en la catedral de Santo Domingo. Yo nunca la he visto. Otro milagro es que amansó a unos toros.
Se supone que murió el 12 de mayo de 1109, de ahí que su fiesta se celebre el 12 de mayo.

domingo, mayo 23, 2010

A la sombra de un árbol de la ermita


Esta mañana me he despertado demasiado pronto para ser domingo. Me he vestido rápidamente y he llevado al perro a mi árbol, pero había un coche y no me apetecía estar allí. Además tenía sed y ganas de beber agua, y allí, donde estaba, no hay ni siquiera una fuente natural para poder echar un trago. Así que me he acercado a la ermita. Me gusta esa extraña tranquilidad que se respira los domingos por la mañana allí, con gente bajo los árboles almorzando pero sin el mogollón de las tardes.
Me he tumbado bajo la sombra de uno de los arbolitos del césped a leer, mientras el perrito se dedicaba a correr de un lado para otro, muchas veces jugando con los niños.


La tranquilidad se ha visto desplazada por la llegada de un grupo de gente joven que se han sentado no muy lejos de donde yo estaba. Yo estaba tan concentrada que no la he visto llegar.
-¿Qué tal te va todo, A.? Hacía mucho que no nos veíamos.
-Bien –le contestaba mientras echaba un vistazo hacia las personas que estaban con ella. Ha sido suficiente para encontrarme con un rostro que no quiero volver a ver. De repente he sentido la urgente necesidad de marcharme de allí.
Ella ha seguido mi mirada.
-Le odias, ¿verdad?
-No, no le odio. Lo siento, M., pero ya hablaremos en otro momento.
Me he levantado, he llamado al perro y me he dirigido hacia el coche, dando la espalda a una etapa del pasado que no quiero recordar, sabiendo que una de esas personas me seguiría con la mirada hasta que desapareciera de su vista.
Lo que tenía visos de ser una placentera mañana se ha convertido en todo lo contrario gracias a la aparición imprevista de F. Me hubiera gustado hablar con su hermana y no tener que cortar la conversación de una manera tan brusca. ¡Qué turbación!

sábado, mayo 22, 2010

No sé si es una corazonada

No sé por qué estoy nerviosa hoy. Es como aquello que sentía el verano pasado que era una corazonada que algo dentro de mí me decía que iba a ver a cierta persona. Hoy vuelvo a sentir eso, una especie de intuición me está avisando de que hoy voy a verle. Quizás no, pero dentro de mí se está 'cociendo' algo. Es como si fuera ansiedad.
Además, creo que hoy estamos sólo I. y yo, porque los tíos se han ido de despedida a Zaragoza. Y las demás... no creo que salgan, aunque el calor acompaña y sí que apetece marchar a tomar algo.

A mí me apetece verle, claro que sí.

En mi árbol


Es un día demasiado perfecto como para pasarlo en casa. Así que esta mañana he cogido el portátil, le he dicho al perrito "Vamos", palabra que entiende a la perfección, y me he ido al campo a disfrutar del calor, del sol y de la primavera.
Y allí, en mi árbol, me he dejado llevar por los recuerdos que guardo cual tesoro de esa persona que hace que mi corazón palpite más fuerte cada día.

Atrapando un suspiro en el aire

Suspirar... ante las próximas horas de (en)sueño. Cerrar los ojos e imaginar esos ojos en todo su magnetismo, esa dulzura en toda su grandeza, ese encanto en toda su magnificencia.

Suspirar antes de dormir. Provocar los sueños con él. Soñar mientras lentamente voy cerrando los ojos y me pierdo entre las brumas de la noche, mientras anhelo un abrazo suyo.

"Ninguna pasión es inútil, ningún amor es despreciado. Es imposible que la energía del amor se pierda: es más poderosa que cualquier otra cosa y se manifiesta de muchas maneras".

viernes, mayo 21, 2010

Retazos del desayuno

Esta mañana estaba dormida así que no he prestado atención a lo que decía mi hermano.
¿El mundo es un pañuelo o esto es una plaza demasiado pequeña?

Esta semana, un pueblo de La Rioja, tres personas.
Mi hermano me lo contaba sin dar detalles, observándome, a ver qué decía yo. Sabiendo que con sólo mencionar un nombre me iba a picar la curiosidad.
-¿Entonces le has conocido?
-No, yo no.

Al no preguntarle nada, no me he enterado de mucho.

Despertar con un beso

¿Habrá algo más dulce que despertar cada mañana con un beso suyo? No sé, pero lo imagino, y con esa dulzura suya es todo doblemente más dulce. Un escalofrío me recorre la espina dorsal al imaginar cómo serán sus besos...
Hoy tengo para él una caja llena de besos pero desconozco adónde la tengo que enviar. Quizás me la guarde... para cuando no haya besos.
Sólo tengo que cerrar los ojos e imaginar que le cubro de besos.

Mañana de viernes

A las tres de la tarde abandonaba el CAF con un pequeño dolor de cabeza. Debería haber salido hora y media antes, pero ya que estaba tenía que hacerlo bien. He estado escribiendo toda la mañana sin parar. Espero que con tanto folio no se me termine deformando la letra, aunque no lo creo, pues escribía muy deprisa. Igual que en febrero.
Después he salido al sol de Logroño. Se agradece el calor. Por fin puedo descansar de apuntes, tests y exámenes hasta finales de agosto y principios de septiembre.

Ya tengo pagado el viaje a Japón. Así que ya es cosa hecha.

Se agradece estar en casa. Posiblemente me eche una siesta, puesto que esta mañana he madrugado sólo para desayunar con mi hermano.

¿Cómo no estremecerse...?

¿Cómo no voy a temblar ante las próximas horas... si sé que, aunque me caiga de sueño, me espera un rato en que no pararé de dar vueltas hasta conciliar el sueño? Llevo varios días así, creo que puede ser por una preocupación, aunque no considero mis preocupaciones tan latosas como para que me quiten el sueño.
¿Por qué aparecen los fantasmas de la noche para dibujar pesadillas torturadoras mientras aún tengo los ojos abiertos...? ¿Por qué últimamente suelo llevar el insomnio a la cama cual antorcha en la oscuridad?
Pero tengo un truco para conseguir dormir. Aunque a veces él también sea fuente de desvelos. De paz. De hechizo. De magia. De deseo. De encanto. De nobleza. De admiración. De majestuosidad. De... AMOR.
También él me hace estremecer.

Creo que puedo intentar dormir. Sólo espero (y deseo) no aparecer por aquí dentro de dos horas porque aún siga en vela.

jueves, mayo 20, 2010

Pánico a la noche

Me gusta ver atardecer sobre la torre de la catedral. Como ahora, cada poco, salgo a la puerta suelo ver cómo cambian las luces de posición, lentamente...
Siento nostalgia, una nostalgia terrible de algo que nunca he tenido. Y, sin embargo, eso que echo en falta me aporta enorme felicidad. Sentir es así, querer a alguien tanto nos supera...
No quiero que anochezca. Temo a la noche. Últimamente me cuesta dormir, tardo tanto en adentrarme en la dimensión de los sueños que no quiero que oscurezca. Creo que me gustaría compartir con él todos los anocheceres, desde ahora para siempre, no volverme a sentir la persona solitaria que anoche se aquejaba del terrible insomnio. Quiero que sea algo tangible, algo que no se agote cada noche, no tener que recurrir a las imágenes de los recuerdos como un somnífero para poder dormir, sino poderle tocar y quedarme dormida en sus brazos.
¡Qué extraña nostalgia! No quiero que llegue la noche porque temo a las sombras.

Mañana y la suerte en cuya busca vamos

Debería marcharme a casa, pero he optado por imprimirme algunos de los apuntes de mañana en proporción 1/4, aunque ni siquiera lo necesito porque podré usar el ordenador y tendré acceso a internet. Lo que menos me apetece es meterme desde las diez hasta la una en una sala y no parar de escribir. Al menos no existen los nervios de febrero.
Sólo yo sé por qué estoy tan tranquila. Debería irme a casa.