viernes, diciembre 25, 2009

Juntos, pero no revueltos

Me pregunto para qué diablos vendrán los dos conmigo. Ahora bien, no se rozan, aunque soportan la presencia del otro. El más proclive a acercarse es el perrito, pero la gata no tarda en dar zarpazos, así que en cualquier momento Yoguito podría salir escaldado a arañazos. Al final los he tenido que sacar, que no podré dormir con los dos.
Al final no he salido, en parte porque me he visto un tanto afectada por el vino (tinto, por supuesto), pero también porque siento el estómago bastante pesado. Creo que me haré un zumo de naranja para que se aligere mi estómago.

jueves, diciembre 24, 2009

El silencio que me mata

Todos necesitamos respuestas. Buenas o malas, pero respuestas al fin y al cabo. El problema llega cuando no hay ningún tipo de respuesta, cuando sientes que una garra atenaza tu corazón, cuando notas que un puño se cierne sobre la boca de tu estómago impidiéndote respirar, cuando luchas contra las lágrimas que pugnan por salir al exterior.
Llega un momento en que te preguntas si merece la pena.

Ese silencio me está matando. Pero hoy no voy a llorar. Quizás lo haga mañana, pero esta noche no permitiré que la tristeza se abra paso en mi interior.

Ni siquiera tengo ganas de irme a tomar unos vinos antes de cenar, aunque lo haré de todas formas: es una de las pocas noches en que estamos todos. En cierto momento ha ocurrido algo, o mejor dicho, no ha ocurrido nada. Y eso es lo que me duele. Ese silencio. Debería haberme marchado ya, pero sigo aquí. Aunque siempre quedan momentos de humor para quien sabes que te va a deleitar con una sonrisa. Esta tarde he comprado el primer regalo (y único) navideño, ha sido para una de mis compañeras, que no está aquí, pero me he encargado de enviarle un sms para decirle que el "gordo cabrón y borrachín de pelo blanco ha pasado por aquí" (Santa Claus es un invento chungo).

El espíritu de la Navidad

Es inevitable no sentir algo tangible en todo lo que nos rodea. En el trabajo hemos estado demasiado tranquilas, quizás porque todo el mundo está pensando en cosas más importantes. Las llamadas y las visitas no tenían otra finalidad más que la de desearnos una feliz noche.
En cierto momento he recordado que me habían adelantado el horario de la peluquería. Y al salir hemos estado tomando vinos, por lo que he tenido que dejar el coche a la hora de comer. En un rato iré a recoger todo y en dos horas es posible que esté en casa.
Aunque en la oficina tengo algo que hacer. Necesito enviar una felicitación con urgencia. También lo podría hacer aquí, pero allí me concentro mejor.
A las ocho empezarán los vinos de bar en bar. Me da que ésta será otra de esas Nochebuenas en que, tras la cena y gracias a los vinos, me quedo dormida encima de la cena. No sería la primera vez. Y hemos empezado pronto.

Un saco lleno de deseos

Es una buena época para pedir deseos. Al menos, todo el mundo lo hace de cara al año que empieza, desechando todo lo malo que conllevaba el año que termina, recogiendo todo lo bueno que nos ha aportado.
Yo tengo un deseo inmenso, uno de esos anhelos que sobrepasa todos los poros de mi piel, que me vapulea en forma de recuerdos, en forma de palabras, en forma de imágenes. Un deseo que, en ocasiones, me da la sensación de que puede cumplirse y, en algún momento, suelo llegar a pensar que es inalcanzable. Sólo yo sé por qué me tambaleo entre dos extremos opuestos de una cuerda floja. Aunque quizás no sea una cuerda floja, sino muy resistente. Pues ha habido momentos en que podía haberse roto, pero una fuerza superior ha mantenido esa cuerda enhiesta.
Es el único deseo -implícito, por supuesto, pues los deseos no han de contarse si queremos verlos cumplidos- que siento de cara al año nuevo. Porque es lo único que me falta y lo único que necesito en realidad.

miércoles, diciembre 23, 2009

En estos días tan entrañables...

El hecho de que no me guste esta época no significa que no brinde a la gente que está a mi alrededor con mis mejores deseos para estos días. Incluso a mí me cala el ambiente navideño cuando, por ejemplo, esta mañana aparezco en la oficina con una caja de bombones para endulzar la vida a mis compañeras.
Y sé que mañana enviaré mensajes cargados de deseo a personas a las que necesito decírselo. De momento y ahora...

Feliz Navidad

The crow

Para Nochevieja me había agenciado un magnífico cuervo que parece casi real. No creo que lo lleve conmigo puesto que resulta bastante aparatoso (es a tamaño real). Se lo he 'presentado' al loro, que ha empezado a darle picotazos, y al perro, que ha huido despavorido y ha terminado escondiendo la cabeza debajo de mi brazo. Mi madre me ha preguntado que de dónde he sacado ese bicho. Y la verdad, con la variedad de colores que hay en mi habitación, el pobre cuervo está fuera de lugar.
Eso me recuerda a que hace muchos meses plasmé aquí el poema de Poe, el del cuervo. Porque entonces empezaba a leer la antología del autor, una antología reeditada para este año que acaba, llamado por muchos "el año de Poe" (por el 200º aniversario de su nacimiento). No he terminado aún la antología, aunque lo haré en los próximos meses.
El cuervo lo he colocado ahí porque es uno de los pocos sitios donde me cabía y se quedaba fijo. Junto a un corazón traído de Alemania donde pone "Ich liebe dich" ("te quiero", para los que no dominen la lengua) y Epi y Blas vestidos con 'la Roja', recuerdos fetichistas de hace dos Eurocopas (si mal no recuerdo), o quizás van de Fórmula 1; fueron un regalo de mi hermano pequeño, así que no lo sé con seguridad. Y peluches y más peluches. Al final son un incordio, porque llega un momento en que no sabes dónde colocarlos. Por lo menos ahora no molestan.

Cualquier excusa sería válida...

Al marchar me he encontrado en una encrucijada. Ya había aparcado el coche bastante justo a las cuatro, pero al ir a casa me he encontrado un Punto cruzado en recto (hablamos de aparcamientos en diagonal) a mi lado. Pues porque un minuto antes el del otro lado desaparcaba en ese momento, que si no...
Me he montado en el coche, he encendido las luces y enfrente, justo enfrente, he visto un coche familiar.
Y entonces se me ha pasado por la cabeza ir a verle; la excusa: no poder sacar el coche. Estoy casi segura de que él me hubiera ayudado. De hecho, he tenido que maniobrar un poco y si no hubiera podido sacarlo, hubiera ido a buscarle. Ya no sólo por la excusa de verle, es que si no puedo sacar el coche necesito ayuda y habiendo comprobado que estaba...
No me gusta que el coche lo toquen otras personas, pero con él haría una excepción (no podía ser de otra forma). Además... mi coche es alargado, como el suyo, tienen una forma parecida, las líneas no varían mucho en uno y otro... No le hubiera costado nada desaparcar, aunque quizás esta torpeza me la recordaría un tiempo después. Tendría que haber acudido a él.

A casa

Hoy será uno de esos días que llegaré a casa antes de tiempo. Esta noche, además, he quedado a tomar café en el bar, y eso que no salgo entre semana. Y mañana trabajamos, aunque no hasta las 19.00h. Se huele el ambiente festivo y navideño. ¡Uff! ¡Qué ganas tengo de que llegue el viernes por la noche! Prefiero la rutina de los días que pasan con tranquilidad. ¡Cómo odio la Navidad! Mañana la silla de mi tío volverá a estar vacía y, aunque ninguno de nosotros lo diga, su ausencia será palpable. La tercera Navidad sin él.
Hoy es uno de esos días en que prefiero encerrarme en mi mundo, en ese mundo al que nadie tiene acceso. Y no hablar con nadie. Será en las dos próximas horas, en donde posiblemente vea una película.
Siento que tengo el corazón en un puño.

La vida es como una caja de bombones

La vida es como una caja de bombones: nunca sabes lo que te va a tocar. ¡Cuánta razón tenía Forrest Gump cuando lo decía! Es una bella metáfora sobre la vida.
Hoy me siento pletórica. Caminaba bajo la lluvia, sin paraguas, con un gorro de lana que ha llegado calado, sin importarme demasiado que las gotas de agua resbalaran por mi piel. Me sentía feliz, pese a haber abierto los ojos a las 8.30h. Se supone que a esa hora entro a la oficina, aunque últimamente no importa. En enero mi horario de entrada será a las 9.00h., un horario que ya he empezado a cumplir desde la semana pasada y algunos días sueltos de los últimos meses. Sí que se me han pegado las sábanas y es cierto que, aunque sentía un pequeño remordimiento, he decidido que el día, pese a estar gris, era magnífico. Eso iba unido a otros pensamientos. Pensamientos que se han incrementado cuando he visto su coche y he sentido su cercanía, incluso he pasado por debajo de su ventana, aunque sabía que no nos íbamos a ver.
De regreso a la oficina, venía con una caja llena de bombones. He saboreado uno y he pensado en esa persona que parece haberse adueñado de mis pensamientos, que no me quejo, puesto que me siento feliz la mayor parte del día. No importa que llueva, que esté oscuro, que todos los edificios y el cielo incluso se hayan teñido de un frío color grisáceo. Lo que importa es que yo lo veo todo con un gran colorido, igual que los papeles brillantes de los bombones.
Y su dulzura supera con creces todo el dulzor que viene acumulado en esa caja de bombones.

¿Y si le invito...?

Este fin de semana haremos el Belén. La verdad es que yo sólo me vestiré, ni siquiera he contribuido a hacer nada. Hace un mes que me enteré de que en nuestra haima ya no se harán marcapáginas, sino palomitas.
Debería invitar a cierta persona a comer palomitas (aunque lo que menos importe sean las palomitas). Es que si no le digo nada quizás me arrepienta por no haberlo hecho; y siempre es mejor arrepentirse de algo que se ha hecho que de algo que no se ha hecho. No debería permitir que se asiente la idea en mi cabeza, porque seguro que no pasa de mañana sin que le escriba un correo para decírselo.
Estoy tan poco metida en el asunto que desconozco si este año hay fuegos artificiales.

Me voy a soñar, que ya va siendo hora.

martes, diciembre 22, 2009

Llegando a casa

Hoy me iba a las 21.35 h. No quería desviar la mirada hacia la izquierda porque nada más ver el destello plateado ya le he sentido muy cercano. Y he vuelto a sonreír.
Mientras volvía a casa me he fijado en la luna, una luna creciente y perfecta, la única luz en una oscura noche que instaba a llegar a casa cuanto antes.
Estoy escuchando Al Alba de José Mercé. Últimamente todas las canciones me recuerdan a él, de ahí que haya buscado temas que no me lo traigan a la mente. Lo que ocurre es que tanto la música como la letra de la canción me pone la piel de gallina, algo que muy pocas canciones consiguen. Quizás es porque, tras las palabras de amor creadas por Aute, se esconde la barbarie del que espera ser fusilado al alba. Aunque la letra original sea de Aute, a mí me gusta cómo la canta José Mercé.

Si te dijera, amor mío, que temo a la madrugada,
no sé qué estrellas son éstas que hieren como amenazas,
dicen que sangra la luna al filo de su guadaña.
Presiento que tras la noche vendrá la noche más larga,
quiero que no me abandones ¡ay, amor mío! al alba.
Al alba, al alba
al alba, al alba.
Los hijos que no tuvimos se esconden en las cloacas,
comen las últimas flores, parece que adivinaran
que el día que se avecina ¡ay! viene con hambre atrasada.
Presiento que tras la noche vendrá la noche más larga,
quiero que no me abandones ¡ay, amor mío! al alba.
Al alba, al alba
al alba, al alba.
Miles de buitres callados van extendiendo sus alas,
no te destroza, amor mío, mientras el silencio se avanza,
maldito baile de muertos ¡ay! pólvora de la mañana.
Presiento que tras la noche vendrá la noche más larga,
quiero que no me abandones ¡ay, amor mío! al alba.
Al alba, al alba
al alba, al alba.
Al alba, al alba
al alba, al alba
¡ay! quiero que no me abandones ¡ay, amor mío! al alba.
Al alba, al alba
al alba, al alba
parece que adivinaran ¡ay, amor mío! al alba.
Al alba, al alba
al alba, al alba
este silencio se avanza ¡ay, amor mío! al alba.
Al alba, al alba
al alba, al alba
¡ay! quiero que no me abandones ¡ay, amor mío! al alba.
Al alba, al alba
al alba, al alba...

Sonriendo

A veces ocurre que intentas evitar pensar en algo y es cuando no se te quita la cabeza. Hace un rato que he visualizado la imagen de una persona y he intentado desechar ese pensamiento, sin éxito. Veo sus ojos en mi mente y me siento completamente hechizada. Ha hecho que me olvide de todo lo malo, si realmente considero como rancio el ambiente de la oficina. Entonces he cerrado los ojos y sentía que le acariciaba la barba, que nadaba en la profundidad de su mirada, enigmática y misteriosa, pero en calma... y me he encontrado sonriendo, sin quererlo ni desearlo.
Él... la única persona capaz de traerme paz, de otorgarme bajo el desconocimiento una felicidad momentánea, el único capaz de hacerme sonreír en los peores momentos, en cuestión de minutos.
Si dejara volar a mi corazón, no tardaría ni diez minutos en ir a verle. Pero esta vez es la cabeza quien se mantiene erguida, quien prohíbe hacer un movimiento del que podría arrepentirme.
Tengo unas ganas de verle. Necesito respirar el mismo aire que él respira, necesito mirarle a los ojos y que me digan algo, necesito escuchar su voz tranquila, serena, didáctica a veces, necesito rodearle con mis brazos y pedirle que no se difumine... Necesito tanto de él...


De Bahrein hasta Beirut fui desde el Norte hasta el Polo Sur y no encontré ojos así, como los que tienes tú.

Al margen

Metafóricamente hablando me encuentro en mitad de la corriente de un río. En una orilla está B., en la otra, N. Son mis compañeras de trabajo. No es la primera vez que discuten entre ellas, e incluso parece ser que va a más. Obviamente, yo estoy del lado de quien tiene la razón, pero tengo que mantenerme neutral por circunstancias diversas. No puedo ni debo posicionarme.
Por otro lado, sé que si esto va a más, tendré que hablar con alguien que tiene demasiadas cosas en la cabeza para darle una preocupación más. Sin embargo, la tensión flota en el aire cada mañana y lo peor es que va a más.
De momento, me mantengo al margen, esperando que solventen esos problemillas. Si no lo hacen ellas, me veo haciendo de mediadora y, si no funciona, tendrá que ser otra persona la que ponga los puntos sobre las íes, la misma persona que no quiero que se preocupe por lo que considera "roces de oficina".
¿Tanto les cuesta hablar y limar las asperezas?

Una postal de Navidad

Al no gustarme la Navidad, tampoco me hace tanta ilusión recibir "postales". Pero ésta me gusta, porque siempre me ha dado la sensación de que Burgos es una ciudad gris, excepto cuando está nevada. Me llegó ayer por correo electrónico.
Allí tengo que ir yo una semana en 2010, obligatoriamente.

Un poco de aquí, un poco de allá

Pues no nos ha tocado la lotería, pero la ilusión que no se pierda. Eso viene a decir que "desafortunados en el juego, afortunados en amores". Ya podría ser verdad, aunque no cualquiera.

En mi casa se han echado unas carcajadas cuando les he enseñado mi disfraz de Nochevieja. Me ha gustado la rapidez con que me ha llegado: lo solicité ayer y hoy me lo entregaban a media mañana. Tiene un ramo de flores negras y velo... No me gusta llevar pelucas, pero este año me pondré una. No sé cuánto tiempo durará en mi cabeza, porque unas horas después me termina agobiando.

No veo el coche de... por ningún sitio. Me pregunto qué estará haciendo, dónde andará. Me gustaría preguntárselo directamente pero hasta yo me corto en ocasiones.

A pesar de haber tomado dos cafés después de comer, no se me pasa el sueño. Y eso que duermo bien por las noches.

El vaivén que viene y va

Esta noche podría decir muchas cosas, aunque ninguna podría describir lo que siento. Es una especie de ansia por verle, abrazarle, mirarle a los ojos, escuchar su voz... En estos días de nieve le he sentido tan lejano que me resulta hasta extraño no dar señales, no saber de él. A veces me cuesta contenerme para no decirle nada, y curiosamente lo consigo.
Siento que estoy un poco a la deriva, esperando un momento quizás, esperando algo, esperándole a él. Y siento ese terrible pánico ante lo que desconoces, un pánico que se atenúa al pensar en él, al dormir de nuevo abrazada a la almohada para abrir los ojos cada mañana y ver su mirada cálida, sonriente.
Siento algo que ni siquiera yo misma logro comprender, algo que se me escapa entre los dedos.

Ayer soñé que estábamos aislados por la nieve en un pueblo de montaña. El pueblo sólo tenía una calle. Las fachadas de las casas eran de piedra, coronadas por tejados de negra terraza. Una noche decidimos pasear por esa única calle, para seguir por un sendero que nos llevaba al comienzo de un espeso y oscuro bosque. Y allí una laguna de aguas cristalinas, mojadas por los rayos de una luna llena, irreal. Un paisaje mágico.
El sueño seguía su curso por un mundo que no tenía nada que ver con el descrito. Si lo contara me ruborizaría.

lunes, diciembre 21, 2009

Si me tocara la lotería

Porque mañana a estas horas seré multimillonaria.
Si me tocara la lotería me compraría una casita en un lugar específico para, en el futuro, verle cada mañana cuando saliera y cada noche cuando volviera a casa. Y eso que tengo pensado comprarme un piso en Logroño, no una casita en otro lugar. Es que soñar es gratis.
Todos los años lo cojo en 7. Éste es de Madrid, compré una serie completa cuando me iba a Bélgica, durmieron en la maleta en Bruselas y regresaron a casa conmigo, donde realicé la reventa y recuperé los 200 €, para luego pagar 20 € por el único décimo que juego realmente. Ya juegan todos en mi familia por mí.
Lo de la casita estaría bien, pero si tuviera que elegir entre él y que me tocara la lotería... me quedo con él.

El disfraz de Nochevieja

Acabo de pedir mi disfraz de Nochevieja por internet. Me gusta, aunque no sé por qué me da que de pecho me va a estar un tanto ajustado. Algo haré. Tampoco soy de llevar pelucas, pero esta vez me apetece. Seguro que volveré a casa sin peluca y con un sombrero de otro disfraz ajeno. Es lo que suele ocurrir, que siempre regresas con trozos de disfraz.
A mis amigas no les va a hacer mucha gracia que, después de elegidos tres, yo haya optado por otro diferente.
Me gusta porque es medio gótico, pero también porque da algo de miedo.

Una película a medias

Anoche me quedé dormida viendo una película, la de "Peregrinos", que terminaré de ver esta noche.
Había olvidado la sensación placentera de acurrucarte en la cama con los mandos y poner una película, cualquiera, mientras llega el sopor. Es que coloqué la televisión enfrente de la cama sólo para hacer eso, aunque la mayoría de las noches prefiero leer un libro a ver una película. Es cierto que en las noches invernales ni siquiera te apetece sacar las manos.
Lo de anoche se puede mejorar con...
No importa que la película quede a medias, sino esa sensación.

domingo, diciembre 20, 2009

Lo que guarda el corazón

Aunque últimamente no diga nada de él, está en mi mente como un ser omnipresente. A veces es necesario engañar a la cabeza para no sentir esa punzada que te golpea incesantemente el estómago, por eso que no hable de él. Me pregunto a menudo qué estará haciendo en determinado momento, en qué estará pensando, cuándo lo veré por ahí y un sinfín de preguntas que parecen no tener límite.
No puedo, por más que lo intente, dejar de pensar en él, porque me da la sensación de que es como un bálsamo que me hace sentir mejor, que cura todas mis heridas y que me da paz y tranquilidad. Sólo tengo que cerrar los ojos y dejarme llevar por esa especie de felicidad.
Me gustaría decirle tantas cosas. Quizás un día se las diga.