Belém es quizás la zona más turística y visitada de Lisboa. Cuando estuve con Maëlle, que creo que fue un mes de mayo, no había mucha gente, por lo que pudimos acceder sin problema al Monasterio de los Jerónimos. Esta vez lo admiré y lo vi por fuera, pero desde luego no iba a pasar dos horas al sol esperando para entrar en un recinto que ya había visitado. No recordaba que fuera un edificio tan grande, pero de verdad que merece la pena admirarlo sólo desde fuera.
De estilo manuelino, se construyó en 1501 sobre una antigua ermita para conmemorar el regreso de la India del descubridor portugués Vasco de Gama. Su construcción fue financiada por los impuestos del 5% de las especias orientales.
El estilo manuelino, típico portugués, se caracteriza por la mezcla de motivos arquitectónicos y decorativos del gótico tardío y del renacimiento. Tiene cantidad de motivos y llaman la atención los pórticos y las torres, y mires adonde mires ni siquiera puedes abarcarlo entero con la vista.
En este monasterio se encuentran las tumbas neomanuelinas del navegador Vasco de Gama y el poeta Luis de Camões. Además, desde 1985, en una capilla del claustro descansan también los restos del escritor Fernando Pessoa.
De allí marché a la Torre de Belém, desde donde ya se puede apreciar el encuentro del río Tajo con el océano Atlántico. Allí tiraba aire y decidí que tampoco iba a entrar en la torre, porque prefería pasear junto al río Tajo en dirección al centro de Lisboa.
La Torre de Belém es una antigua construcción militar del siglo XVI que vigilaba perfectamente la entrada y salida de barcos a Lisboa. Se levantó en la Era de los Descubrimientos y desde aquí partieron muchos de los exploradores portugueses que buscaban rutas nuevas para llegar a China y la India.
Tengo que reconocer que yo llegué a la Torre desde el Jardim de Belém, y como hacía calor allí estuve sentada a la sombra en la hierba mientras admiraba la figura de la torre. A un lado había un escenario para conciertos, y dado que el Jardim de Belem es muy amplio es un lugar idóneo para dar conciertos de música. Pese a las gaviotas.
Caminando por la ribera del Tajo llegué al genial Monumento a los Descubrimientos, que tiene forma de carabela. Estuve un rato mirando los rostros de las esculturas porque en realidad es un monumento grandioso. Mandado construir en 1960 durante el régimen de Salazar, tiene 52 metros de altura, y representa a los marineros, patrones reales y todos los que, de alguna manera, participaron en la Era de los Descubrimientos.
Justo al lado me dio tiempo a mirar al suelo y ver un grandioso mapamundi con su rosa de los vientos.
Y si estás en Belem no puedes dejar de probar los pastéis de nata que venden en la pastelería más antigua del mundo. Es cierto que Maëlle y yo no los probamos la otra vez, pero esta vez sí que lo probé. Lo que no esperaba es que lo sirvieran caliente y me quemara la lengua. Quien me conoce sabe que no llevo bien las cosas calientes (bebidas calientes, comidas ardiendo, duchas calientes...), que tiene que ser todo templado. Pese a haberme quemado la lengua y esperar un rato para terminarlo, junto a dos españolas que hablaban de que aún les faltaba mucho que ver en Lisboa y no les quedaba dinero, tengo que reconocer que los famosos pasteles de Belem están muy ricos.
Mientras disfrutaba de mi pastelito de Belém escuché la historia de un guía en español que estaba justo al lado. Dicen que se fabrican con una receta secreta desde 1837. A principios del siglo XIX existía junto al Monasterio de los Jerónimos una fábrica de caña de azúcar. Con la Revolución Liberal de 1834 muchos conventos portugueses fueron clausurados. Así que a los Jerónimos se les ocurrió poner en marcha un pequeño comercio junto a la fábrica de caña, donde empezaron a preparar los pastéis de Belém con una antigua y secreta receta. Poco después la fabricación de los pasteles creció y tuvieron que organizarse. Hoy en día se cree que la receta original se perdió y que los pasteles que se elaboran, no sólo en Belém, sino en todo Portugal, son versiones.
Aun así, en las fábricas donde se elaboran los pastéis de Belém los cocineros deben firmar un contrato de confidencialidad muy riguroso, asegurando el secreto de la receta, y se elabora en un cuarto exclusivo que se llama Oficina do Segredo. En la Fábrica de Belém se elaboran unos 20.000 pastéis al día, cantidad que se dobla en festividades.
Había llegado a Belem en un tranvía sin pagar, sin querer, ya que la máquina expendedora de tickets no funcionaba. Hoy me han dicho que Portugal ha entrado en recesión porque yo no pagaba los billetes de los tranvías. Desde el tranvía había visto varios museos. Después de comer y antes de abandonar Belem, decidí entrar en un Museo de Carrozas. A cada cual más espectacular. Aunque Portugal es un país republicano, tiene un magnífico museo de carrozas -muchas reales- que merece la pena visitar.
Una de las cosas que me encontré en Belém es el HippoTrip. Salió al agua delante de mí. Se trata de una especie de autobús anfibio que entra en el agua como si fuera una montaña rusa. Me quedé con las ganas de haberme montado en ese medio de transporte tan especial.










