Podría contar con los dedos de una mano las veces que me han dado bajones de tensión, y me sobran dedos. La cuestión es que anoche, en un bar lleno de gente, un lugar donde voy a diario, lo vi venir. Pedí un azucarillo y de repente estaba dentro de un sueño hasta que abrí los ojos porque me zarandeaban y me pasaban un trapo húmedo por el cuello.
Enseguida recuperé el color.
La primera vez que me ocurrió fue desayunando en una cafetería en Madrid. Vino una ambulancia y estuvieron una hora haciéndome pruebas.
Recuerdo también una Nochevieja antes de cenar. Y otra vez que levanté de la cama de madrugada y me desperté por el frío de las baldosas verdes del baño de la casa de mis padres.
Habitualmente lo veo venir. Y menos mal que me pasa muy raramente…
Eso sí, dormí de un tirón.
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