domingo, octubre 09, 2022

Viaje a Lisboa: A rasgos generales

A punto de aterrizar en Lisboa

Hace un mes me encontraba de vacaciones en Lisboa. Hacía calor y me mezclé con la marabunta humana de la ciudad y, sobre todo, con cantidad de españoles. No era la primera vez que me dejaba caer por Lisboa, ya había estado hace como dos décadas con una amiga francesa. Pero aquella vez descubrimos más la ciudad de noche que de día. Aunque algunos sitios turísticos vimos, claro que sí. Y, sin embargo, hubo otras zonas que no llegamos a visitar.

Habitación del hotel

Lo que entonces vimos fue Belem, Roxio y el Bairro Alto. Lo que cambian las cosas de ser estudiante a la actualidad. Entonces no nos importó reservar una habitación en una pensión en plena plaza del Roxio, una pensión muy cutre. Recuerdo que tenía una entrada con una especie de floristería en un escaparate verde en lo que podría decirse que era el portal, y la floristera además era la dueña de la pensión, así que desde su escaparate descascarillado del portal vigilaba quién entraba y quién salía. La habitación era muy cutre, pero al menos estaba limpia. 

Boca de Metro - Entre Campos

Esta vez estuve en un hotel, con su puerta rotatoria y sus tiendas en el hall. Pero estaba cerca del aeropuerto, por lo que escuchaba y veía los aviones bajar y subir, tan cerca que podría decirse que casi podría tocarlos. Enseguida descubrí dónde estaba la boca del metro más cercana y me familiaricé con el barrio. 

Plano del metro de Lisboa

En realidad, recordaba el metro de Lisboa por su simplicidad, cada línea es un color y, para mí, es el metro más sencillo del mundo.


Otra de las cosas que me diferencia con aquella veinteañera de entonces es que ahora soy más sibarita y, en vez de pasar ocho horas en un autobús y viajando de noche (era desde Salamanca, así que desde La Rioja serían cuatro horas más), prefería subirme a un avión y volar. Con lo adicta que soy al avión...

Esta vez no he visitado el Bairro Alto, porque mi intención no era irme de bares ni cenar en uno de esos restaurantes de mesas corridas donde en la misma mesa se sientan muchas personas desconocidas. Ni he bajado corriendo calles empinadas al amanecer mientras veíamos el tranvía parado y nos hacíamos innumerables fotos. Pero he regresado a Belem, y lo he hecho como hicimos entonces: en un tranvía sin pagar. En realidad sí iba a coger un ticket (la tarjeta del metro sólo valía para el metro, los autobuses urbanos y los ferrys) pero un inglés muy amable me dijo en su idioma que no me molestara, que la máquina de tickets no funcionaba, que no sacaba tickets. Así que me dio la sensación de estar viviendo un déja-vu.

Café desde una Dyane 6, Belem, Lisboa

No es el único sentimiento de déja-vu que tuve. Cuando llegué al aeropuerto de Lisboa y entré en la sala circular de espera desde donde se accede a las puertas de acceso y al duty-free, recordé la noche que pasé allí cuando el avión a Madeira no salió, y busqué en vano la tienda donde me tuve que comprar unas chanclas de corcho nada más que abrió al día siguiente. Pero me sonaba todo tanto...

Cartel junto al Monumento de los Descubrimientos, Belem, Lisboa

Con Maëlle también visité el centro, el Rossio, la Rúa Augusta y la Praça do Comércio. Pero hay lugares que no llegué a visitar entonces y que ahora sí he tenido en cuenta: Chiado, Alfama y el Parque das Nações. Tampoco conocimos la Avenida da Liberdade, la vía principal de Lisboa, y esta vez he pasado por allí varias veces. Además en un parque junto a esta avenida estaba la Feria del Libro (que no visité porque no pretendía traerme ningún libro en portugués).

Tranvía en Cais do Sodre, Lisboa

Finalmente estuve de excursiones en otras poblaciones cerca de Lisboa, porque mi vista estaba enfocada en el icono turístico más importante de Portugal: el Palacio da Pena en Sintra. Visité Fátima (una y no más), me paseé por la pintoresca Óbidos, me decepcionó Cascais... 

Ésta es la quinta vez que visito Portugal y nunca me canso.

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