Me leí Nada de Carmen Laforet porque sentía curiosidad por esta novela. No fue una obligación de estudiante, aunque era nombrada en cualquier temario literario del siglo XX.
En su tiempo el tema de esta novela resultó novedoso y osado, porque recreaba el ambiente sórdido y hostil de una gran ciudad y de unas relaciones familiares marcadas por la desconfianza y el egoísmo. Se la clasificó, incluso, de "tremendista", y si bien la trama y el punto de vista eran simples e incluso planos, resultaba notable la capacidad de la joven autora de 23 años para crear un ambiente de pasiones sórdidas, de cainismo y odios, que enmarcan bien la situación de asombrada perplejidad de la protagonista: Andrea, que ha padecido el desafecto de su prima Isabel y viaja, llena de ilusiones y esperanzas a Barcelona para estudiar Filosofía y Letras. Vive en casa de la abuela con la familia materna, unos seres no sólo carentes de capacidad afectiva, sino de escaso equilibrio mental y moral: el melómano Román, oscuro maníaco metido en negocios de contrabando que se suicida; un pintor fracasado que maltrata a su mujer; la desequilibrada Angustias, que busca en un convento sublimar sus frustraciones. Todos le reprochan a Andrea la deuda que contrae con ellos al acogerla, e ignoran a la abuela, una pobre mujer rodeada de parientes egoístas.
En su momento, muchos consideraron esta novela como una obra de denuncia social.
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