lunes, mayo 12, 2008

Bruselas: Estatuas en la calle

Bruselas también es una de las ciudades que ha llenado sus calles de estatuas de bronce.
Pero si hay una estatua célebre en Bruselas, esa es la del Mannekin Pis, de gran atracción turística.
Nada más llegar a la capital belga, el aeropuerto nos da la bienvenida con esta estatua que sostiene sobre sus hombros una enorme hélice.
Y caminando por la calle, nos podemos encontrar con una mujer abriendo el bolso...

con un hombre que se asoma por la alcantarilla para hacer caer a otro...

con un perrito meando en medio de la calle...

con un erudito sentado en un parque, acompañado de su libro y de su perro...

con héroes de cómics, como Tintín...

o Gaston Lagaffe...

¡Y cómo no! El Parlamento Europeo también cuenta con su insignia.

domingo, mayo 11, 2008

El placer de leer y... de escribir

La lectura... y la escritura requieren tiempo, silencio y una cierta disposición interior... Casi todos los escritores han sido buenos lectores. Somos animales de palabras, con ellas construimos las obras que leemos y escribimos. Muchos libros hablan del lenguaje, de los libro, de las palabras, de las letras, de ordenación interior del pensamiento, de cómo descubrir el mundo y el silencio.
Leer y escribir para imaginar el mundo y completar así nuestra experiencia de vida. Somos lectores del mundo... todos buscamos en los libros nuestra forma personal de imaginar el mundo, de leerlo y escribirlo.
Algunos libros hablan de la experiencia de muchos lectores, de sus lecturas... y de las palabras, y sus escrituras... hablan del mundo, de nuestro mundo interior.


"Estos libros, mañana un argumento, hoy una puerta abierta"

El alquimista

Antoine escribe en la única torre semiderruida que, en época feudal, fue una fortaleza inexpugnable. Sobrepasa los 90 años y es el último de su linaje, venido a menos con el paso de los siglos.
Nunca conoció a sus progenitores. Su padre murió pocos meses antes del alumbramiento, a la edad de 32 años, y su madre murió de parto. Así que Antoine fue cuidado por el único y viejo criado que quedaba en el torreón, Pierre. Éste jamás dejó que el niño se mezclara con los campesinos de la zona, creía Antoine que debido a su sangre noble, pero lo cierto es que el viejo criado no quería que llegaran a los oídos del chiquillo las murmuraciones sobre la maldición que pesaba sobre los condes de C., cuyo último descendiente era Antoine.
Cuando el joven cumplió los 21, Pierre le dio un documento en el que se contaba una historia oscura que Antoine, que había pasado muchos años entre viejos libros y pergaminos, creyó. El documento hablaba de la maldición de su familia, por la que todos los condes morían a los 32 años.
En el siglo XIII, vivía en los alrededores del rico feudo entonces Michel, llamado Mauvais (Malvado), un estudioso de la magia negra e investigador de la Piedra Filosofal y del Elixir de la Eterna Juventud. Este mago tenía un hijo, Charles, Le Sorcier (El Mago), que se convirtió en un experto en las artes ocultas, igual que su padre.
Un día, Godfrey, hijo del conde Henri (antepasados de Antoine), desapareció del castillo. El conde buscó al mago Michel, matándole por la desaparición de su hijo. Pero Godfrey apareció en una estancia del castillo, por lo que la muerte de Michel había sido en vano. Charles el Mago maldijo a Henri, diciéndole que todos los condes fallecerían a la misma edad que él tenía en ese momento, cayendo el conde fulminado en el acto. Y así, con el paso de los siglos, todos los condes de C. morían, de diferentes maneras, a los 32 años. En los alrededores comenzó a hablarse de la maldición.
Antoine, cercano a la edad maldita, se propuso investigar todo el antiguo castillo, estancias donde hacía centurias nadie había entrado. En el suelo de un oscuro sótano encuentra una trampilla y sigue un oscuro pasadizo que le lleva a una inmensa puerta gótica. Intenta abrirla, pero no puede. Cuando se va a marchar, la puerta se abre y aparece un hombre vestido con una túnica de la Edad Media. Antoine cree ver un fantasma. Cuando ve la redoma y hablan de la maldición, Antoine tira la antorcha hacia el alquimista medieval, que, a punto de morir calcinado, confiesa al joven que es Charles Le Sorcier, que encontró los secretos de la alquimia y el Elixir de la Eterna Juventud. Charles había acabado asesinando a todos sus antepasados a los 32 años, para crear la farsa de la supuesta maldición y ese día quería asesinar también a Antoine, pero éste se le había adelantado.
Antoine había acabado con la maldición y nunca se comprometió para que la maldición acabara con él.

La amante en guerra

El Líbano es un país que juega el solitario del faraón consigo mismo, a vida o muerte, y que cuando se cansa de los otros oponentes, de los otros habitantes de su alma, hace trampas y se fabrica su propia tumba”.
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La amante en guerra es un libro de amor y de guerra, como bien indica su título. Maruja Torres crea una mezcolanza de anécdotas y testimonios reales, personales y de terceros, con historias que formarían parte de la fantasía de la autora.
Pero no se trata de un amor convencional, sino del amor que la periodista siente por la capital del Líbano, donde ha librado no sólo las guerras que acontecían en el preciso momento, sino una batalla interior, donde una especie de aura mágico que envuelve la ciudad ha terminado ganando ese combate interior.

El libro se divide en dos partes. En la primera, Maruja Torres cuenta sus vivencias en Beirut, en julio de 2006, cuando Israel comenzó un ataque convulsivo desde el sur y en la capital. Pero no es una historia común, sino que está escrita en sentido inverso, es decir, empezando por el final, desde el último día, el de la evacuación, hasta el 12 de julio, día en que comienza la guerra. La autora había ido a hacer allí un reportaje sobre el turismo libanés, que en esos momentos parecía estar en auge y posiblemente ese turismo podría haber ayudado a levantarse al país... si no hubiera estallado la guerra.

La segunda parte es una carta a un joven que conoció allí, Manuel, aquel que un día, a la salida del hotel se le presentó como traductor, y con el que compartió tantas experiencias en esos días de julio de 2006. En la carta, supuestamente escrita después de la vivencia del regreso a Beirut en septiembre de ese mismo año, le cuenta lo cambiada que está, le habla de destrucción y de vacío, de la hecatombe, de las cenizas y los escombros... Porque “los bares y discotecas de Gemmayzeh están llenos de jóvenes que se divierten, pero no tienen la mirada de antes” o “Muchos niños no irán ya al colegio. Los que murieron en las aldeas del sur. Los que a diario quedan despedazados o malheridos por jugar o tropezar con bombas de fragmentación”.
Una guerra me dio Beirut y, cuando creía haberla perdido para siempre, otra guerra me la devolvió. La vida es muy extraña”.


Beirut siempre ha estado acosada por las balas y los bombardeos. Después de su independencia, no tardó en intentar ser conquistada –y engullida- por el terrible Imperio Otomano (1958). En los años 70 entró en una terrible guerra civil entre las mayorías dominantes de la ciudad –musulmanes al oeste, cristianos en el este- que no acabó hasta 1990.

En 1982, Israel ocupa el Líbano en busca de los refugiados palestinos, a quienes ejecuta sin dilación.

En 2006, la organización islamista Hezbolá captura a dos soldados israelíes. Como Israel está ocupado en la franja de Gaza y Cisjordania, los libaneses no esperan una respuesta rápida, pero Israel no se hace esperar. Penetra en el país por el sur, creando el terror en esa zona fronteriza, bloquea el aeropuerto internacional y el puerto de Beirut, y empieza a bombardear masivamente, tanto a soldados como a civiles. Los extranjeros comienzan a ser evacuados ante una inminente guerra.
La historia de este país, en medio del polvorín de Oriente Próximo, y en concreto, la de Beirut, es la historia de nunca acabar.


En el libro hay párrafos que merecen una atención especial. Maruja Torres tiene un don especial para conseguir que sus palabras lleguen muy profundamente a nuestro interior.
Mona es una joven valiente que dejó su casa en un pueblo del norte para venir a la capital y llevar una vida independiente, lo que ha originado el repudio de su familia, toda una hazaña, porque aquí la familia no te suelta nunca.
Mona es una chica sensible que ha conocido la zarpa de Beirut y que todos los días se ha dado un paseo por el itinerario del fracaso
”.
No hay nada que las fotografías y la televisión no difundan hasta extenuar al público. El olor a llantas y hierros quemados y al polvo de las ruinas, eso no lo puede captar la cámara. Tampoco puede reproducir el silencio ominoso que precede a la debacle”.
La lucidez vence al aturdimiento. Silencio, oscuridad y la completa seguridad de que el Líbano y sus habitantes se encuentran solos ante quienes los descuartizan”.
Todos muestran, mostramos, la misma lividez del miedo –de la anticipación del miedo-, idéntica expresión borrosa que nos reduce a la identidad que nos corresponde en estos días: comparsas. Hemos quedado reducidos a meros comparsas de la tragedia en la que otros mueren, otros matan”.
Y no sentía ganas de explicarle algo cuya complejidad escapa, por fortuna para ellos, a las entendederas de los jóvenes, que aún no han dicho adiós lo bastante como para reconocer un adiós verdadero.
¿Cómo decirle que ni él ni yo ni la ciudad seremos los mismos, que nuestras miradas ya irremediablemente distintas nos devolverán en espejos que quizás no nos guste contemplar, a los que ni siquiera desearemos acercarnos? Éste es el secreto de la madurez, su bendición y también su condena. Saber de la fugacidad, apreciar lo que ocurre mientras dura, atesorar: y salvar el recuerdo, con tanto estilo como sea preciso
”.
Toda pérdida duele. Pero no hay dolor inútil”.
Las lluvias nos llegan a rachas, con violencia; luego paran, dudan, se olvidan, dejan el cielo y el aire de cristal, y cuando más confías de nuevo te arrebata una sesión de rayos y truenos que sacude la ciudad, el escenario, este caparazón en donde se acumulan los conflictos por resolver y las deudas sin pagar”.
Necesito la melancolía que me despierta tu ausencia”.
El mundo entero es un campo minado en donde brota la flor del mal a cada momento”.
La traición de los amigos ha sido creada para compensar la amabilidad de los extraños”.
El paso del tiempo no conduce en Beirut a ninguna parte, siempre nos hallamos en el punto de partida. O en el punto de mira”.
Nunca me fui. Jamás abandoné este lugar ni con los sentidos ni con la memoria”.
Por debajo de la babosidad de los versos patrióticos y de los himnos y de las frases hechas de los catálogos turísticos asoma un Líbano tan encrespado como su geografía. Detrás de toda esa verborrea a base de cumbres nevadas, cedros, leche y miel, la montaña se muestra con crueldad, obliga a su gente a vivir en permanente cuesta. En la manoseada sensualidad atribuida al litoral conviven fanatismos nada eróticos.
Éste es un país para amarlo tal como es. Incluso cuando hiere. Y eso es lo que te da
”.


Beirut, 18-07-2006


Beirut, 21-07-2006

Me voy porque no quiero ver cómo este país se desangra”.

sábado, mayo 10, 2008

La bestia de la cueva

Uno de los visitantes a la Cueva del Mamut se separa del grupo y se pierde por los oscuros recovecos laberínticos de la caverna. Cuando se da cuenta de que está perdido, empieza a gritar para poder captar la atención del guía y el resto del grupo. Aunque sabe que no pueden escucharle...
De repente escucha pasos, al principio se siente alegre porque vienen a buscarle, pero después se da cuenta de que esas pisadas blandas pertenecen a alguna bestia que pervive allí, en medio de la oscuridad. Se tiene que defender y decide aprovisionarse de piedras. Sabe que la bestia está cerca, y, cuando dobla la esquina, empieza a tirarle pedruscos y huye. El visitante perdido sabe que ha herido a la bestia.
Entonces escucha otros pasos rápidos y reconoce en ellos los del guía, que ha entrado a buscarle. Cuando le cuenta lo sucedido, deciden ir a ver al extraño ser que vive en las entrañas de la cueva. Cuando le alumbran con la linterna, se dan cuenta de que está a punto de morir, y lo que en principio parecía un mono ¡es realmente un hombre!

Un asunto pendiente

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Desde que me leyera El psicoanalista, considero a John Katzenbach uno de los mejores escritores contemporáneos de thriller psicológicos. Él no se dedica exclusivamente a describir sólo los hechos, sino que se introduce –y nos introduce- en la mente del psicópata y, de esa manera, podemos observar su manera de pensar, su frialdad ante el resto de personas, su indiferencia ante la muerte, sus ansias de venganza, una terrible soledad y un sinfín de actitudes más que nos dan las posibles pistas de su actuación posterior en diferentes situaciones, casi todas creadas por él.
Es obvio que el psicópata es el elemento más atractivo de toda la novela. Así pasa aquí, y así pasaba en El psicoanalista.

No te imaginas lo que es vivir escondido. Llega un momento en que no sabes si siguen o no buscándote, es el peor. Porque huir no es tan malo. La adrenalina te empuja y estás siempre alerta, siempre preparado para lo que pueda venir, como con un chute de anfetaminas. Es la mejor parte de ser un delincuente. Siempre en guardia; es emocionante y hasta divertido. Pero pasado un tiempo, años incluso, empiezas a dudar. Todo lo que te rodea ha cambiado, pero tú no. Incluso si estás trabajando, incluso si estás haciendo otras cosas, en el fondo sabes que todo es mentira y que en realidad estás huyendo. Y eso es horrible, porque no sabes si hay alguien ahí fuera que sigue buscándote.
Así que te preguntas si habrás desperdiciado tu vida para terminar como una nota a pie de página en la tesis doctoral de un miembro de la policía científica
”.
La familia Richards vive acomodadamente en una zona residencial de Greensville. Duncan, el pater familias, es banquero. Como mano derecha del presidente del banco donde trabaja, ha ido ascendiendo puestos hasta ser uno de los directores adjuntos. Su esposa, Megan, trabaja en una agencia inmobiliaria y se siente dichosa cada vez que alquila alguna de las estropeadas casas y derruidas granjas de los alrededores de la ciudad. Sus hijas mayores, Karen y Lauren, son dos gemelas muy risueñas, unas adolescentes que viven en su mundo de fantasía. Tommy, el muchacho, es un niño especial. A medio camino entre el autismo y la esquizofrenia, el niño tiene acusados ataques acompañados de largas ausencias, pero el cariño de su familia le hace seguir adelante. A pesar de que podría parecer lo contrario, el niño es muy inteligente, característica típica en la mayoría de niños autistas. Varias veces a la semana va su abuelo, el juez Tommy Pearson, a recogerle al colegio.
Todo parece haber cambiado en las vida de Duncan y Megan, que parecen haber olvidado su pasado activista y su participación en el movimiento hippy, allá por los años 60.
Han pasado 18 años, pero Olivia Barrow no ha olvidado a los que la dejaron tirada en medio de la calle, con el cuerpo sangrante de otra activista y los años de la cárcel, donde ha forjado una cruel venganza. Acaban de darle la libertad provisional y Olivia se dirige inmediatamente hacia Greenville.
Duncan y Megan pertenecieron, durante 1968, a un grupo revolucionario que se proclamaba contrario al sistema, contrario a las guerras, contrario al país... y la lucha la llevaron a la calle. El grupo que lideraba Olivia decidió atracar un banco, para darse a conocer. No habría derramamiento de sangre, solo se llevarían el dinero. Pero no salió como habían planeado. Los guardas empezaron a disparar y en el tiroteo murieron, tanto activistas como policías. Duncan estaba fuera del banco, preparado para huir, pero cuando vio el panorama, salió huyendo, buscando a Megan, que estaba en una furgoneta, algo más lejos del banco.
Olivia, junto a dos cómplices, secuestra a los dos Tommys a la salida del colegio del niño y los encierran en un ático de una desvencijada casa de las afueras. La familia Richards está muy nerviosa. Saben que Olivia ha venido dispuesta a acabar con ellos y que no se conformará con el dinero del secuestro. Ella solo quiere destruir a la familia. Cuando aparece en el banco, no le dice una cantidad fija a Duncan, solo quiere que lo robe de su propio banco, que imagine cuánto vale la vida de su hijo y de su suegro.
Las gemelas se enteran de lo que sus padres fueron en el pasado, y Megan consigue mantenerlos a todos unidos.
Duncan conoce todos los secretos del banco, así que no es difícil para él robar el dinero, siempre tomando medidas y explicándolo todo después. Sabe que es ilegal lo que va a hacer, pero Olivia solo quiere que termine lo que empezó hace 18 años. Pero ahora no puede huir, porque le presiona con dos vidas de su familia.
Pero cuando les entrega el dinero, Olivia no le entrega a los prisioneros; solo se ha dedicado a jugar con Duncan. Su finalidad es matarlos a todos, ahora que ha conseguido tantos millones de dólares. También enfrentará a sus cómplices para que se maten entre ellos.
Hay algo que falla en su plan: el amor de una madre por su hijo es más grande de lo que imagina. Y Megan conoce el modo de pensar y de actuar de Olivia, así que, con la ventaja de trabajar en una inmobiliaria, solo tiene que buscar las casas alquiladas en los alrededores. Después de recorrerse la zona, por fin da con la antigua granja donde tienen secuestrado a su hijo. Ahora tienen que ser más fuertes: debe comprar armas para todos. Cuando llega a casa, explica su plan y los padres y las gemelas consiguen entrar en la casa. El juez, antiguo marine, muere ante una ráfaga de metralla, pero sirve de pared humana para que su nieto se salve. Tanto Olivia como sus cómplices mueren en el tiroteo.

Están llenos de infinita ternura los diálogos entre los dos Tommys. Como no tienen mucho que hacer en el ático donde están encerrados, matan sus horas hablando. El juez le cuenta historias de cuando estuvo en la guerra. A Tommy se le ve un chico despierto, con afán por vivir y dotado para una supervivencia innata, a pesar de su “mal”. En el mismo ático le da un ataque que no puede remediar y es entrañable cuando, al volver en sí, le dice a su abuelo: “Lo siento”.
Tommy, además, en su inocencia infantil es el único que no se deja engañar por Olivia. Es el único que comprende que ella miente y que, finalmente, les va a terminar matando.
Me quedo, especialmente, con estos recuerdos tan tiernos de Tommy. Sabes que es un niño “especial”, pero es inevitable no cogerle cariño.

Es importante subrayar también la determinación de Megan por salvar a los suyos, por mantener unida a la familia, la que de verdad lucha por ese niño fruto del amor maduro. Ella es la que busca a su hijo, le encuentra, la que traza el plan y la que llega hasta él, pues no hay disparo que pueda detenerla. Y gracias a esta brillante determinación maternal la historia termina bien.

viernes, mayo 09, 2008

Un lugar en el mundo

Hay un lugar donde constantemente se escucha el rumor incesante del mar.
Hay un lugar donde no existe la oscuridad, ni la exterior ni la interior, que esta última, si cabe, es mala compañera.
Hay un lugar donde se disipan las diferencias: de color, de raza, de país, sociales, económicas...
Hay un lugar donde el hombre puede aspirar a ser un poquito más feliz.
Hay un lugar donde cada amanecer es único.
Hay un lugar donde el paso del tiempo no existe, los minutos se detienen, se congelan en el aire...
Hay un lugar donde se hace imposible no sentir nada bueno.
Me pregunto si hay un lugar para mí en el mundo. Me pregunto si un día encontraré mi lugar, mi razón de ser, si cumpliré mis sueños, mis objetivos y metas en la vida, si no perderé las esperanzas, si seguiré albergando innumerables ilusiones... Y lo que esté por venir.
Me gustaría conocer ese lugar. De lo único de lo que estoy segura es que ese lugar existe.

El buque misterioso

Un navío va de costa en costa y allí donde permanece parado durante un tiempo desaparece una persona: en Ruralville desaparece John Griggs, después de la batalla contra un bergantín desaparece Henry John, en la isla de Madagascar desaparece un nativo llamado Dahabea, y en Florida desaparece John Brown.
El capitán del barco, Manuel Ruello, está en busca y captura por las desapariciones de esas personas. Entonces descubren que hay una región en el Polo Norte que es para los exploradores, esa región que es de todos y de nadie, conocida como "Tierra de Nadie". Allí se encuentran con los primeros desaparecidos, vivos, y cuando llega el buque de Ruello, le están esperando para liberar al último rehén y detener al capitán.

El laberinto de la rosa


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Sé que me muestro muy crítica con este tipo de libros que muestran historia, enigmas, anagramas, acertijos, personajes del pasado, hipótesis irreales. No puedo quejarme mucho de este libro en el sentido de que me ha entretenido, si bien es cierto que lo veo cojear en muchos lugares donde faltan explicaciones, en palabras y contenidos, así como lugares, que no vienen a cuento porque no tienen nada que ver con la historia de la que se habla.
Lo que me llamó la atención cuando el Día del Libro me lo traje a casa fue el título. Adoro las rosas, además de que son mis flores preferidas. Me gustan las rojas que parecen de terciopelo, pero también las blancas, las amarillas, las negras... Pero también me atrajo algo más. El libro aparecía metido en una especie de caja de cartón que contenía algo más...
Allí había una especie de hojas unidas por la parte superior que tenían textos, casi todos incomprensibles, y, por detrás tenían dibujos e imágenes. El primer día lo hojeé por encima, pero a medida que empecé a leer, volví a cogerlo y pasé las hojas de nuevo. Dos mitades simétricas en dos de los dibujos me dieron la pista: aquello había que ordenarlo, como si de un puzzle se tratara, y descubrir lo que parecía un camino que, como bien dice el título, es un laberinto.
El aroma de la rosa está pendiente en todo el libro. Es como si, a medida que vas leyendo, estuvieras sintiendo que a tu alrededor también hay rosas...
Will es un treintañero que regresa a su casa de Longparish, en las afueras de Londres, desde Italia. Ha pernoctado en una casa que sus padres tienen cerca de Chartres, ha visitado el laberinto de la famosa catedral y ha cogido su Ducati para, por fin, volver con su padre. En medio de la niebla, está pasando por un puente, cuando un coche se le acerca y provoca un accidente. Will entra en coma.
Henry Stafford acaba de enviudar hace poco. Su esposa, Diana, ha dejado un extraño legado a su hijo menor, Will: un pergamino y una llave de plata.
Alex, médico de profesión, regresa de dar una conferencia en Estados Unidos. Tiene ganas de volver a ver a su hermano Will, que ha recorrido media Europa en su flamante moto. Cuando baja del avión, regresa al hospital.
Lucy King es una joven que está esperando un corazón. Se pasa los días cosiendo y leyendo en el hospital de Chelsea. Es australiana, pero hace unos años decidió ir a Inglaterra, quizás en busca de su madre, y allí se quedó. Por fin le van a hacer el transplante, pero no está el inmunólogo habitual, el doctor Stafford, que para Lucy es como una luz donde ella ve oscuridad. Cuando despierta de la anestesia, Alex está junto a su cama. No es el Alex habitual: se encuentra demacrado, desaseado y con ojeras y barba de varios días; parece que lleva varios días sin dormir. Lucy tiene mucha medicación pero su cuerpo acepta el nuevo corazón.
Will había muerto. Para la familia Stafford y para su ex novia Siân el fallecimiento de una persona con tanta vida es inaceptable. Alex no cree que haya sido un accidente, conoce demasiado bien a su hermano y sabe que es un buen conductor.
Los papeles que había recibido Will de su madre pasan a las manos de Alex. Junto a la convaleciente Lucy, de la que se enamora, descubren lo que abren las dos llaves, la de plata y la de oro, que encuentran, e intentan resolver los acertijos que llegan a sus manos. En la moto de Will encuentran la cámara de fotos que éste usaba y Lucy revela las fotos. Lo primero que descubren es que Alex es descendiente de John Dee, un alquimista, científico, médico y filósofo del siglo XVII que decía que "hablaba con los ángeles".
Aparece en escena el primo lejano que vive en Estados Unidos, Calvin, y les explica que un grupo de fundamentalistas cristianos están detrás de su pista para conseguir los documentos, porque ellos, en su fanatismo, creen que pueden hablar con los ángeles, a pesar de que mueran miles de personas. No les importa nada más que ellos y su gloria personal.
Pero el último cofre sólo pueden abrirlo "la Dama Oscura de la Luz" y "el Caballero del Nudo", que no son otros más que Alex y Lucy. En el cofre descubren una especie de instrumentos para crear el holograma de un ángel y será Max, el hijo pequeño del primer matrimonio de Alex, quien haga surgir la figura de un ángel en la catedral de Chartres.

jueves, mayo 08, 2008

Soy lo que soy

Soy lo que soy y lo que soy es lo que soy. Deseo ser lo que soy y lo que seré es sólo lo que soy. Si tengo la voluntad de ser, no seré más que aquello que he sido. Si soy lo que deseo ser, siempre se preguntarán qué soy o qué he sido.

Soy lo que soy, y lo que soy es lo que verás.

El misterio del cementerio o La venganza de un hombre muerto

La historia está escrita con una técnica narrativa de las populares dime novels (folletines en fascículos de diversos géneros -western, policíaco, de aventuras o fantástico- que se vendían a 10 centavos -un dime-).
H. P. Lovecraft utiliza aquí pequeños capítulos muy breves donde la acción transcurre rápidamente, con párrafos cortos, muchos personajes que no parecen estar relacionados y apenas diálogo. Carece totalmente de descripciones y epítetos.

John Burns había pedido al párroco, el señor Dobson, que, cuando muriera, tirara una bola dorada a la parte de su tumba señalada con una A. En el entierro de Burns, el señor Dobson cumplió la última voluntad del difunto y "desapareció". De la tumba salió el señor Bells, que fue a hablar con la hija del párroco. Ella llamó al detective King John que persiguió al señor Bells, le capturó y le metió a la cárcel por querer encerrar en vida en una tumba al señor Dobson. Éste logra escapar de la tumba y su hija se casa con el detective.

La cueva secreta o la aventura de John Lees

John Lee y su hermana pequeña, Alice, se quedan un día solos en casa. Solo se les ocurre ir a hurgar las cosas que hay en la bodega. De repente, una pared de ladrillos se derrumba y descubren un oscuro pasadizo. Empiezan a caminar por la caverna y llegan a una especie de lago, donde encuentran una caja. Se caen al agua y John se da cuenta de que el agua está empezando a subir y tienen que marcharse de allí. Así que coge a su hermana, sin vida, y la caja y vuelve a la casa, donde acaban de llegar sus padres.
Después del funeral de Alice, deciden abrir la caja, que contiene un lingote muy valioso. Pero ni todo el oro del mundo podrá devolver la vida a Alice.

miércoles, mayo 07, 2008

Bronces en la calle: Budapest

También Budapest decora sus calles con hermosas figuras anónimas de bronce.




Esta última da algo de miedo.

Danubio, rio divino,
que por fieras naciones
vas con tus claras ondas discurriendo,
pues no hay otro camino
por donde mis razones
vayan fuera d’aquí sino corriendo
por tus aguas y siendo
en ellas anegadas,
si en tierra tan ajena,
en la desierta arena,
d’alguno fueren a la fin halladas,
entiérrelas siquiera
porque su error s’acabe en tu ribera.


(Garcilaso de la Vega)

Budapest me trae demasiados recuerdos...

La botellita de cristal

He empezado a leer a Lovecraft. Las historias son cortas y están ordenadas cronológicamente. Después del prólogo que habla sobre todo de las influencias que tuvo, especialmente Edgar Allan Poe, y de una somera descripción de los personajes que utiliza el escritor, la primera historia o "cuento" se titula La botellita de cristal.
No es largo. Trata de dos marinos que encuentran una botella de ron a la deriva, y dentro hay un papel con un mapa donde se dice que hay un tesoro. Cuando los marinos deciden ir a buscarlo, encuentran otra botella, esta vez de hierro, con otro mensaje escrito 16 años después, diciendo que todo ha sido una broma.
La historia termina con una especie de moraleja: "... no creo que vuelvan nunca más a un lugar misterioso siguiendo las instrucciones de una botella misteriosa".

Fálicamente hablando

Para que luego digan de los tópicos y las hipótesis no probadas que corren de boca en boca...

Lo que sí que es cierto es que a todos los hombres les importa el tamaño, quizás más que a nosotras. Siempre que el tema sale a colación hay alguno que suelta: "Sí, pero yo la tengo más larga". Resulta sorprendente que ellos utilicen esa frase tan a menudo, a veces resultando incluso soez y ordinaria.
Yo me pregunto: ¿La proporción existe? Me refiero a la proporción humana, claro. Los griegos y los romanos la utilizaban y medían todas las figuras humanas de sus grandiosas obras de arte. Esto me lleva a otra pregunta: ¿La regla de la "ele" existe?

Si ponemos los dedos índice y pulgar formando una L, y luego cambiamos poniendo la posición de una pistola, aparecen dos "eles" diferentes. El dedo en posición vertical indica la altura y el dedo en posición horizontal la longitud del miembro viril. Según esta teoría -no probada-, los hombres altos estarían provistos de un pene chiquito, mientras que los varones de pequeña estatura estarían dotados de un enorme falo. Es obvio que no es así, puesto que el cuerpo humano es totalmente proporcionado. Si un hombre es alto tiene, en consonancia, un número de pie vasto. Así que la Teoría de la "ele" se queda coja cuando descubres que no es válido el argumento.
Otro de los tópicos muy utilizado entre las mujeres es que todos los hombres feos o poco agraciados están muy bien proporcionados. Es otra de las hipótesis que, por general, tampoco sería verdadera.
Yo me quedo con que el ser humano es proporcional, aunque siempre con excepciones, claro.

Al fin y al cabo, yo no creo que la largura sea tan importante. Ayuda, pero no lo es todo. No está de más decir eso de: "Más vale pequeñita y juguetona que grande y torpona".


(*1) David, de Miguel Ángel.
(*2) Pene de Rasputín.

martes, mayo 06, 2008

Momentos de paz

Es esta hora, la de antes de cenar, cuando todavía no ha anochecido cuando apetece sentarse en la puerta o en la terraza y contemplar a la gente pasear, las ventanas contiguas, el tiempo pasar...
Adoro esta hora, en que cualquier libro puede transportarme a mundos que solo conoceré a través de sus páginas, mientras oigo, lejanos los murmullos del atardecer, del día que está acabando, la advertencia de la llegada de la noche; oigo los susurros de la brisa que pasa acariciándome el rostro y los brazos...

Y siento paz, una paz infinita e indescriptible... porque sé que es un momento que no volverá...

Las estatuas más altas del mundo

Ushiku Amida Buddha, Japón, 120 m de altura

Ushiku Daibutsu Amida Buda, en Japón, es la estatua aislada más alta del mundo y está hecha en bronce. Terminada para 1995, se eleva a 120 m sobre el nivel del mar, incluyendo la base (10 m) y la alta plataforma de loto (10 m). Un ascensor lleva a los visitantes hasta los 85 m de altura, donde hay un observatorio.

Yellow Chinese Emperors Huangdi and Yandi, China, 103 m de altura

La segunda estatua más alta del mundo está ubicada en China y está dedicada a dos de los Emperadores Amarillos antiguos: Huangdi y Yandi.

"The Motherland", Kiev, Ucrania, 102 m de altura
La estatua de la Madre Patria, en Kiev, se construyó en memoria de la Segunda Guerra Mundial. La estatua en sí mide 62 m.

"Peter The Great", Moscú, Rusia, 96 m de altura
La estatua de Pedro el Grande en Tsereteli, junto a la orilla del río Moskva costó 20 millones de dólares.

La Estatua de la Libertad, Nueva York, EE.UU., 93 m de altura
La libertad ilustra al mundo, más comúnmente conocida como la Estatua de la Libertad, es una estatua colosal que regaló Francia a Estados Unidos en 1886. Se levanta sobre la Isla de la Libertad, en el río Hudson, en la entrada al puerto de Nueva York, y parece dar la bienvenida a todos los visitantes, inmigrantes y americanos que regresan. La estatua de cobre conmemora el centenario de los Estados Unidos y es símbolo de amistad entre las dos naciones. La Estatua de la Libertad mide 46.5 m de alto.

"The Motherland Calls", Volgograd, Rusia, 82 m de altura
La colosal estatua sobre los altos de Mamayev Kurgan sobrevuela Voldogrado. En "Las llamadas de la Madre Patria" se usaron 7900 toneladas de hormigón y acero, en un diseño escultural dramático, cuyo artífice fue Yevgeny Vuchetich. La Patria es el nombre que se les da a varias estatuas enormes dispersadas en ciudades que pertenecieron a la antigua Unión Soviética. Todas ellas conmemoran la victoria soviética en la Segunda Guerra Mundial.

Buda cerca de Lanshan, China, 71 m de altura
El Buda gigante de Leshan es una estatua de Maitreya en postura sentada. Este Buda se encuentra al este de la ciudad de Leshan, en la provincia de Sichuan, en la confluencia de tres ríos: el río Min, el río Qingyi y el río Dadu. La estatua se comenzó a esculpir en el año 713, durante la Dinastía Tang, y se terminó en el año 803, por lo que se tardó más de 90 años en tallarla. Como es el Buda más grande en piedra tallada, el gigante de Leshan es célebre en la poesía, la canción y la historia. Frente al río, el Buda goza de gran simetría.

"Cristo Redentor", Río de Janeiro, Brasil, 38 m de altura
La estatua del Cristo Redentor es una estatua de Jesucristo en estilo Art Decó. Está situada en el pico Corcovado (710 m), elevándose por encima de Río de Janeiro. Aparte de ser un potente símbolo del cristianismo, la estatua es un símbolo de la ciudad. Sus brazos abiertos atestiguan el calor de la gente brasileña.

God of Longevity, en las montañas Meng Shan, cerca de Pingyl, Shandong, China, 34 m de altura

Este Buda gigante se encuentra en el Monasterio de Po Lin, en la cima de las montañas de la isla de Lantau. Totalmente construida en bronce, se completó en 1993.

Living Statues: Nueva York

"Living statues: This is a place to document statues and monuments of real live, living people".
Nueva York está llena de estatuas de bronce. En los paseos de Central Park uno puede encontrarse con Andersen, Shakespeare o Schiller, incluso puede ver a Alicia en el País de las Maravillas. Pero las estatuas que llaman la atención, sin duda, son las que se han encontrado su sitio en pleno apogeo de Manhattan, representando de forma exquisita la vida allí.

Broker
Taxi!
Y hay toda una serie dedicada a los bomberos neoyorquinos.


La máscara de la hechicera



Suewellyn tiene es una niña de seis años que vive en la campiña inglesa con tío William y tía Amelia. En la escuela la llaman bastarda y bruja, aunque es una nimiedad eso con la satisfacción que le ofrecen las visitas de la señorita Anabel.
Un día se van en tren hacia un bosque desde donde se ve un castillo y allí conoce a un amigo de Anabel, Joel Mateland. A Suewellyn le gustaría que aquellos fueran sus padres y el castillo su hogar... Pronto el sueño acabará.
Un día, en el pueblo, un visitante adinerado la aborda y le hace unas preguntas sobre la señorita Anabel. Poco después, Anabel irá a buscarla y se marcharán de Inglaterra para siempre. En el barco les espera Joel, y allí descubre que es su hija, aunque ellos no están casados.
Después de muchas semanas en barco, Joel Mateland compra una casa en un archipiélago cerca de Australia, cuya isla principal es Vulcano, que está dominada por un terrible volcán que no para de rugir, pero que lleva trescientos años sin estallas, así que no hay de qué atemorizarse.
Al principio, los nativos no les aceptan con facilidad. Ellos no quieren allí a un médico -profesión de Joel- porque ya tienen un hechicero; ellos quieren que les ayude en la producción de coco.
Suewellyn va creciendo y sus padres se preocupan de su educación. Le envían a una escuela de Sidney, donde debe convertirse en una señorita. Allí conoce a Laura, que la invita a la plantación familiar. Suewellyn se enamora del hermano de Laura, Phil, que también está estudiando medicina.
Llega el fatídico día en que en el barco aparece Susannah, la hermanastra de Suewellyn, que ha venido a ver a su padre. El parecido entre las jóvenes es llamativo. Susannah es una chica de mundo, tiene una crueldad sin límites y, a veces, puede ser demasiado encantadora. Obviamente, Susannah seduce a Phil. Susannah no deja de hablar del castillo de Mateland que va a heredad en cuanto se case con Esmond, su primo. Cuando la hermana de Phil celebra su boda, solo Suewellyn acude a la celebración. El resto, incluso Phil, se quedan en la isla y, a su regreso, Suewellyn descubre que ha perdido todo y a todos, ya que en su ausencia el volcán ha entrado en erupción.
En Sidney, los asesores de Susannah le han equivocado con ella, así que, a pesar de convertirse en una impostora, decide volver a Mateland y hacerse pasar por su hermanastra. Pero la que vuelve es una Susannah buena, que ayuda a los agricultores de la zona, que habla con ellos e incluso les cuida. Su primo Malcom, con el que Susannah se llevaba muy mal, cae embelesado ante el cambio que se ha producido en la joven.
Janet, la dama de compañía de Anabel, sabe desde el primer día quién es esa chica, pero la ayuda a seguir adelante. Con el paso de los días Suewellyn descubre, con horror, lo malvada que era su hermanastra y encuentra unas cartas de su amante. Garth, el hijo bastardo de David Mateland, regresa al castillo en cuanto se entera de que su prima está allí, pero enseguida se da cuenta de que esa joven es una embustera. Pretende hacerla chantaje, pero muere asesinado por uno de los agricultores. Malcom se hace cargo de la situación y envía a Suewellyn a Londres para que rehaga su vida con su verdadera identidad, mientras en el granero se quedan varias joyas de la chica junto al cadáver de Garth, que sucumben en un incendio.
Varios meses después, Malcom va a buscar a Suewellyn para casarse con ella y visitar Australia.

lunes, mayo 05, 2008

Esculturas en la calle: Bratislava

En los últimos años, las grandes ciudades se ven pobladas por miles de estatuas, generalmente de bronce, que aparecen en los sitios más insospechados de las ciudades. Al principio, lo habitual era encontrarse con figuras de gente famosa, pero en los últimos años los rontros de esas esculturas son anónimos.
Bratislava, capital de Eslovaquia, es una de esas ciudades.
A mí, personalmente, me gusta encontrarme con estas estatuas rígidas e inmortalizadas para siempre en una calle de una ciudad cualquiera. Es como si dieran vidilla, aunque silenciosa, claro.