Quizás, hasta ahora, las que considero como mejores historias bíblicas, de todo lo que me he leído, están incluidas en estos libros: se trata de las vidas de David y Salomón.
Los dos libros de Samuel constituyen los principios de la monarquía y sientan sus bases, lo que significa la unión de todas las tribus en una unidad política y religiosa bajo el mando de un rey legítimo.
Habría tres etapas: la época de Samuel y de los últimos jueces, la elección del primer rey, Saúl, y el asentamiento de la monarquía con el reinado de David.
Había un hombre, Elcaná, que tenía dos mujeres. Una de ellas, Ana, era estéril. La esposa maldita rogó a Dios para que le diera un hijo y se lo consagraría a Él. Dios escuchó sus lamentos y le dio un hijo de nombre Samuel.
Su familia iba todos los años a ofrecer a Dios un holocausto a Siló. Cuando Samuel era un niño, le dejó allí, al cuidado del sacerdote Elí. Mientras que los hijos de Elí eran impíos y se comían las ofrendas de los israelitas, Samuel, consagrado al Señor desde antes de nacer, era fiel y de corazón puro. Dios le habla y le convierte en un profeta sabio.
Los filisteos siguen acosando a los israelitas, incluso llegaron a robarles el arca de la alianza, que tuvieron que devolver por las desgracias que causó entre los filisteos.
Samuel se convierte en libertador, venciendo a los enemigos que oprimen al pueblo de Israel, con la ayuda de Dios. Los hebreos vuelven la fe hacia Dios y siempre preguntan a Samuel, que es sacerdote y juez. Pero el pueblo necesita un rey como guía, a pesar de que Samuel les dice que el único rey es Dios.
Dios elige a un hombre de la tribu de Benjamín, Saúl. A través del rey el pueblo luchó contra los filisteos y otros pueblos de alrededor. Saúl guió a su pueblo en las batallas contra los pueblos vecinos. Su peor contrincante era Amalec. Samuel le dijo a Saúl que vencería a su enemigo, pero debía consagrar la batalla al exterminio, es decir, ofrecer todo el botín a Dios y matar a todos los habitantes. Sin embargo, Saúl solo consagró lo de menos valor, repartiendo entre el pueblo el mejor ganado y las joyas, y convirtiendo en esclavos a los amalecitas. Con este pecado, Dios le rechazaría para siempre, aunque siguió como rey. Samuel también se distanció de él.
Entonces el Señor dijo a Samuel que fuera a Belén, a casa de Jesé, de la tribu de Judá, y ungiera al hijo que le dijera. Ése sería el próximo rey. Jesé fue presentando a todos sus hijos, pero ninguno de ellos era el elegido por Dios. El pequeño cuidaba de los rebaños y esperaron a que llegara. Se llamaba David, que aparte de pastor tenía un don especial para tocar el arpa.
David toca el arpa para Saúl, Rembrandt.David llegó incluso a estar al servicio del rey, que padecía fuertes dolores por su pecado, y le tocaba el arpa para tranquilizarle. Saúl seguía combatiendo a sus enemigos y David seguía cuidando de los rebaños mientras sus hermanos mayores estaban en la guerra. Pero siempre que podía David iba a ver si sus hermanos se encontraban bien.
En esto salió un héroe filisteo de la raza de los gigantes retando a los valientes de Israel a que lucharan contra él, en vez de enfrentarse todos. Nadie se atrevía a enfrentarse al gigante. Entonces llegó David y observó a Goliat. El muchacho pidió al rey que le dejara enfrentarse contra él. Nadie esperaba que el joven David venciera a Goliat. Cuando el muchacho se acercó al gigante, sacó su honda y le incrustó una piedra en la frente, acabando con Goliat. Los filisteos, viendo caído a su héroe, huyeron.
David y Goliat, Caravaggio.David, progresivamente, se fue convirtiendo en el líder indiscutible de los ejércitos del rey. Era el favorito entre las mujeres y todos le adoraban. Se hizo amigo del primogénito de Saúl, Jonatán, cuya amistad no se rompería nunca. El rey, a quien Dios le había dado la espalda, comenzó a envidiar a David y mandó perseguirle para asesinarle. Pero no lo consiguió. David tuvo dos veces la oportunidad de matar a Saúl, pero se dio cuenta de que estaba ungido y no mancharía sus manos con la sangre de un elegido del Señor. David, junto a sus seguidores, salieron huyendo hasta la tierra de los filisteos, donde se asentó en un pueblo y acosaba a los habitantes filisteos, mientras al rey filisteo le decía que sus incursiones eran a los judíos.
En una batalla entre filisteos e israelitas, murieron Saúl y Jonatán. Nada impide a David volver a su tierra y proclamarse rey. Tiene los apoyos del pueblo, de los sacerdotes y del ejército. Una de sus conquistas más importantes fue la de Jerusalén. Consiguió la ciudad y se trasladó a ella, convirtiéndola en capital de su imperio. David consiguió unir a las tribus de Judá, al sur, y de Israel (formada por el resto de las tribus), al norte, bajo su mando. El arca fue trasladada a Jerusalén, pero Dios no le dejó construir un templo, a cambio, la dinastía de David duraría eternamente. David tuvo una gran descendencia. Luchó contra las tribus extranjeras de las fronteras durante toda su vida.
Un día, al llegar a Jerusalén, encontró a una mujer muy bella bañándose. Se llamaba Betsabé, pero era casada. David se encaprichó de ella y se acostaron juntos. El pecado aumentó cuando la mujer le dijo que había quedado encinta. David mandó a buscar a Urías, el esposo de Betsabé, para que fuera a su casa y yaciera con su esposa, pero el hombre no fue. Finalmente le mandó a la primera línea de la batalla. Betsabé quedó viuda y David la tomó por esposa. Dios castigó a David. Ese hijo moriría y en su familia siempre habría alguien que alzaría su espada contra un hermano. Oró a Dios, que le dio otro hijo de Betsabé: Salomón (Yeddías, el “amado del Señor”).
El castigo se cumple entre los hijos de David. Amnón, el primogénito, se enamora de la hermana de Absalón, segundo hijo de David. La viola y la desprecia. Absalón se venga y huye de su padre. Aquí empiezan las batallas por la sucesión. Absalón se ha ganado el favor de la tribu de Israel, mientras que el hijo tarado de Jonatán, único que queda vivo de la familia de Saúl, quiere ascender al trono. David huye de Jerusalén con sus mujeres, dejando a diez concubinas al cuidado de su palacio. Absalón se proclama rey del pueblo de Israel, pero le falta lo imprescindible: el apoyo de Dios. El ejército de David lucha contra los israelitas al mando de Absalón. El jefe de la tropa de David acaba con Absalón. Las tribus de Judá e Israel piden a David que vuelva como rey. Aquí comienza una etapa de paz y tranquilidad.
Los dos libros de los Reyes se dividen en varias partes: la época de esplendor del rey Salomón, la división del reino en dos, el Norte (Israel) y el Sur (Judá) y la expulsión de los israelitas de su tierra por haber desobedecido las órdenes de Dios y haberse pervertido con dioses extranjeros.
David estaba a punto de morir cuando Betsabé acudió a su lecho, acompañada del profeta Natán, para que se proclamara a su hijo Salomón como rey del pueblo de Dios. David le hizo prometer a Salomón que no se desviaría de la ley de Dios y que acabaría con todos los enemigos que habían salpicado de sangre los pies del rey.
Salomón, Gustave Doré.Salomón fue un rey justo y sabio. Nada más ocupar el trono de su padre, el Señor se le apareció en sueños y le dijo: “Pídeme lo que quieras y yo te lo concederé”. Salomón no pidió riquezas ni poder, solamente quiso la sabiduría como virtud para gobernar en un pueblo tan extenso. Dios no solo le ofrecería sabiduría para regir sino que colmaría su tierra de riquezas como jamás se había visto. Salomón era tan sabio que los reyes de otros países le admiraban por ello. Se casó con la hija del faraón de Egipto y casi todas las esposas que tomó fueron extranjeras. Bajo su reinado, tal y como Dios había predicho por boca de los profetas, se construyó el templo de Dios, que acogería el arca de la alianza con las tablas de la ley. Salomón acabó con todos los enemigos de su padre y con los enemigos extranjeros. Le pagaban tributos e hizo pactos con países limítrofes.
El templo de Salomón en Jerusalén.Un ejemplo de sabiduría es el de las dos prostitutas que habían tenido sendos hijos: uno había nacido muerto, el otro vivo. Las dos reclamaban al bebé vivo como propio. Salomón mandó traer una espada para partir en dos al niño y repartirlo entre las dos madres. Entonces la madre verdadera, viendo la suerte que podía tener su hijo, dijo que se lo dieran a la otra, pero que no le mataran.
Al final del reinado, Salomón pecó contra Dios. Al casarse con mujeres extranjeras, introdujo en Jerusalén cultos paganos. El rey construyó altares a otros dioses y Dios se enfadó. Le castigó diciendo que le quitaría el reino a uno de sus hijos y se lo daría a uno de sus criados. Jeroboán, un obrero que había trabajado en el templo, se sublevó contra Salomón y reinó sobre el Norte, Israel, cuya capital era Samaría.
Los dos reinos: Israel, al Norte, y Judá, al Sur.A la muerte de Salomón, los dos reinos israelitas estuvieron enfrentados durante siglos. Mientras en el Sur, Judá, con capital en Jerusalén, los reyes duraban más en el poder y eran todos descendientes de David, en el Norte los reyes se suceden a cada poco tiempo, la mayoría asesinados por súbditos que se colocan la corona en la cabeza. Los reyes de Israel adoraban a dioses paganos, por eso Dios les castigó primero poniéndoles en manos de sus enemigos. Los profetas, como Elías y Eliseo, tenían tal poder milagroso que todo lo que salía de su boca se cumplía: llegaron incluso a devolver la vida a varias personas.
Samaría llevaba años acosada por el ejército sirio. Finalmente, cayó a manos del rey sirio, que reclutó a los israelitas como esclavos y se llevó todas sus riquezas. Después se propuso atacar el reino de Judá.
Ezequías y Josías, últimos reyes que alabaron a Dios en Judá, asistidos por el profeta Isaías, intentaron que el reino no se desmoronara. Josías encontró el libro del Deuteronomio y limpió el país de impíos e infieles, pero era demasiado tarde. Jerusalén estaba destinado a perecer. Finalmente, los últimos reyes hicieron cultos paganos. Nabucodonosor, rey de Babilonia, entró en Judá y destruyó el templo. Es la caída de Jerusalén. Los de Judá son enviados al destierro y se convierten de nuevo en apátridas.