
La primera vez que oí hablar del Carpe Diem fue en una lejana clase de literatura. Me gustó su significado por todo lo que conlleva aprovechar el momento. En estos últimos días siento que he llevado esa máxima a la práctica de una manera permanente.
Me levanto antes de las 8 a. m. sin importar mucho la hora a la que consiguiera dormir la noche pasada. Llega un momento en que no puedo parar en la cama y he de levantarme.
Ando con el blog semi-abandonado porque me da la sensación de que si ando mucho tiempo aquí estoy perdiendo el tiempo. Además, tengo ciertas cosas en la cabeza que me abruman y han postergado la inspiración a un segundo plano.
Esta semana he conseguido pasar página respecto a ciertos hechos de índole sentimental. Nunca he estado tan segura de no querer mirar a los ojos de alguien nunca más. Simplemente, un día te das cuenta de que puedes empezar de cero porque ya no hay nadie que te lo impida. Y cuando miro hacia atrás me resulta muy complicado no sentirme mal. He tenido mala suerte con los hombres. Nunca están cuando necesitas que te den un abrazo, y esta semana he necesitado muchos.
Y entonces llegan los recuerdos mundanos de alguien que ya no está. Cualquier imagen te lleva a un lugar lejano, diferente, que ya no volverá.
Después llega la terrible explosión de rabia. Y necesito desconectar por un momento de todo. Entonces me sumerjo en un mundo diferente, en estos momentos se trata de los vericuetos de Ken Follet en Un mundo sin fin, la continuación de Los pilares de la Tierra. Y olvido todo lo demás...
Las lágrimas se terminan secando, el pulso se desacelera y después me dejo mecer en los aledaños de un tiempo que ya no volverá, pero con una tranquilidad recién adquirida que ve el mundo de otro color.
Me levanto antes de las 8 a. m. sin importar mucho la hora a la que consiguiera dormir la noche pasada. Llega un momento en que no puedo parar en la cama y he de levantarme.
Ando con el blog semi-abandonado porque me da la sensación de que si ando mucho tiempo aquí estoy perdiendo el tiempo. Además, tengo ciertas cosas en la cabeza que me abruman y han postergado la inspiración a un segundo plano.
Esta semana he conseguido pasar página respecto a ciertos hechos de índole sentimental. Nunca he estado tan segura de no querer mirar a los ojos de alguien nunca más. Simplemente, un día te das cuenta de que puedes empezar de cero porque ya no hay nadie que te lo impida. Y cuando miro hacia atrás me resulta muy complicado no sentirme mal. He tenido mala suerte con los hombres. Nunca están cuando necesitas que te den un abrazo, y esta semana he necesitado muchos.
Y entonces llegan los recuerdos mundanos de alguien que ya no está. Cualquier imagen te lleva a un lugar lejano, diferente, que ya no volverá.
Después llega la terrible explosión de rabia. Y necesito desconectar por un momento de todo. Entonces me sumerjo en un mundo diferente, en estos momentos se trata de los vericuetos de Ken Follet en Un mundo sin fin, la continuación de Los pilares de la Tierra. Y olvido todo lo demás...
Las lágrimas se terminan secando, el pulso se desacelera y después me dejo mecer en los aledaños de un tiempo que ya no volverá, pero con una tranquilidad recién adquirida que ve el mundo de otro color.
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