Tantas veces hemos entrado en la concatedral de La Redonda de Logroño... Tantas veces...
Todo comienza hace unos meses, cuando yo estaba viendo en la televisión Un país mágico. Debo reconocer que suelo llegar a casa para ver Saber y ganar, pero antes de que comience suele haber programas sobre viajes, gastronomía, y en este caso el mago Miguelillo iba por España visitando a sus gentes y haciendo magia por las calles de nuestras ciudades. Entonces llegó a Logroño y ahí es cuando descubrí que la concatedral de La Redonda tiene un tesoro inimaginable, un tesoro para el que tuvieron que pasar más de cuarenta y tantos años para que lo descubriera. Lo mejor de todo es que pregunté a todo el mundo si sabían que había una tabla de Miguel Ángel Buonarotti en La Redonda, y todo el mundo lo desconocía...
Es que he visitado dos veces la Capilla Sixtina, me he leído biografías de Miguel Ángel, he absorbido sus obras, hemos tenido paciencia con una fila de tres horas para ver el David y nos hemos escapado de la muchedumbre del Coliseo para ir a ver el Moisés. Incluso hemos visitado su tumba en la Basílica de la Santa Croce en Florencia. Hemos visto otras pinturas de él en los Uffizi de Florencia... sin saber que una de sus obras más desconocidas la teníamos al lado de casa.
Adoro el arte desde mi más tierna edad, y el primer contacto con Miguel Ángel fue a través de un libro que nos mandaron leer en 6º de E.G.B. en el colegio. Se titulaba El terrible florentino y hasta hace poco estaba descatalogado, pero me gustaría volver a leerlo sólo para disfrutar de Miguel Ángel con lo que ahora sé de él y de su obra. No lo tengo porque entonces mi clase tenía que leer otro libro y luego los intercambiábamos con la otra clase. Y éste era el de la otra clase, así que lo tuve que devolver, pero me dejó marcada, y ni siquiera sabía nada de Miguel Ángel.
Luego he tenido la suerte de compartir mi vida con una persona que ama también la literatura, el arte y los viajes, así que no perdemos la oportunidad si tenemos que ir a ver una obra de arte. Y allá que fuimos, en pleno Domingo de Resurrección.
Lo que no sabíamos es que estaría cerrado al público mientras están diciendo misa, así que a las 12,15h entramos en la Redonda, en plena misa, y con una afluencia muy grande de gente, supongo que al ser Domingo de Resurrección, pero también porque es el principal templo cristiano de Logroño. Sin embargo, decidimos recorrer el lateral de la iglesia para encontrarnos con una pequeña capilla vacía en el ábside, junto detrás del altar. Y allí estaba el cuadro, pero había un cartel donde claramente se decía que se mantendría cerrado mientras se celebraban las celebraciones litúrgicas. Nosotros nos quedamos esperando hasta la una...
Pero a la una comenzaba otra misa, y de esto me enteré porque al ver que nadie abría las tapas del cuadro, hablé con un anciano sacerdote que se encontraba en un confesionario, me dio el horario de misas (a la una y a las ocho de la tarde), y no nos íbamos a quedar a otra misa. Pero el horario al público comenzaba a las cinco, así que volveríamos por la tarde.
El Calvario de Miguel Ángel que se expone en la concatedral de La Redonda es una tabla que se pintó para Vittoria Colonna, viuda del riojano Francisco de Ávalos, que era amiga de la infancia de Miguel Ángel. El marqués perdió la vida en la Batalla de Pavía.
Como siempre hacía Miguel Ángel y muchos artistas de su época, la realización de este cuadro estuvo precedida de un sinfín de bocetos, muchos de ellos conservados en el Louvre de París y en el British Museum de Londres.
Acerca de esta pintura, se conserva correspondencia entre Vittoria "la Divina" y el artista. En una de esas misivas, Vittoria le recomienda "rezar a este dulce Cristo que tan bien y tan perfectamente habéis pintado". A la muerte de Vittoria, Miguel Ángel se hizo con el cuadro para retratar a la Magdalena, que es en realidad el retrato de Vittoria, y que representa el arrepentimiento posando su mano sobre el brazo de la Virgen.
La posición del brazo de la Virgen también fue modificada, dejando como testimonio la mano superpuesta a la altura del codo. Finalmente pintó una inscripción en hebreo sobre el cuello del crucificado: Gibor (héroe divino).
Se desconoce cómo, 50 años después de la muerte de Miguel Ángel, llegó esta tabla a la colección de Don Pedro González del Castillo, obispo de la Diócesis de Logroño y confidente de Felipe III y su esposa Margarita de Austria. Fue Don Pedro quien lo donó a la capilla de la Redonda como adorno de su sepulcro.
Es reseñable el valor que el obispo concedía a la obra, que mandó guardar en un arcón de tres llaves hasta que se terminara la construcción del sepulcro. Sólo cuando se colocó la reja de la capilla se expuso la pintura.





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