El Domingo de Resurrección decidimos pasar el día por Logroño. En principio íbamos a ir a un spa que se encuentra en el Hotel Áurea Palacio de Correos, que se ubica en el edificio de la antigua oficina central de Correos. Pero sólo entramos en el Hotel a preguntar y seguramente nos dejaremos caer por allí cualquier día.
Cuando salimos de la concatedral decidimos tomar un vermout y ya era tarde para entrar en el Museo de La Rioja, que se encuentra en la misma plaza que el Hotel. Nos recorrimos la Calle Portales para llegar a la antigua Fábrica de Tabacos, hoy convertida en sala de exposiciones.
Conocida por los logroñeses como la "antigua Tabacalera", la Fábrica de Tabacos se inauguró en 1890 y se transformó en uno de los símbolos industriales de la ciudad. En aquella época fue la única factoría de este tipo instalada en el interior de la Península, lo que seguramente influyó en la presencia en los gobiernos de Madrid de Práxedes Mateo Sagasta y Amós Salvador, ambos riojanos de nacimiento e ingenieros de caminos como profesión. Se ubicó en las dependencias del antiguo Convento de la Merced.
Durante muchos años el ritmo de la Tabacalera marcó el ritmo de la ciudad hasta su cierre y traslado al Polígono Industrial del Sequero en el año 1978. Hoy alberga la Biblioteca Pública, la sala de exposiciones que lleva el nombre de Amós Salvador y el Parlamento de La Rioja. La chimenea recuerda el pasado fabril del conjunto. Y mi novio me decía que para qué sacaba una foto de la chimenea...
En la sala de exposiciones nos encontramos con una exposición de fotografía dedicada a las víctimas de minas antipersonas, con los testimonios presentes de esas personas a lo largo y ancho del planeta donde su vida se vio truncada en cuestión de unos segundos. La exposición era brutal: gente que había perdido las piernas, chicas abandonadas y violadas, cuerpos llenos de metralla... Y los testimonios eran muy duros.
Cruzamos el río Ebro por el Puente de Hierro y nos dimos una vuelta por la otra orilla, disfrutando de las vistas. El Ebro es un río que impone. Yo recordaba que en mi primera excursión fuimos a Logroño y nos hicimos una foto en la antigua playa del Ebro, en esa orilla, donde tuvimos que identificar las cuatro torres que entonces se veían perfectamente. Torres de iglesias que hoy los árboles tapan.
De allí regresaríamos a la concatedral de La Redonda, donde disfrutaríamos de la obra de Miguel Ángel. A veces es necesario dedicar un día a pasear por lo que ya conocemos, haciéndolo despacio, disfrutando de lo nuestro y parándose a observar lo que nos rodea.






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