Hoy he tenido otra cirugía dental. Antes de empezar el dentista me ha dicho que soy muy valiente, que llevo meses con él y nunca me quejo, nunca le paro, y que va cada paciente allí que me sorprendería de lo que se quejan.
En hora y cuarto me ha quitado tres dientes, me ha puesto tres tornillos y me ha puesto tres membranas de hueso. Hasta que no me abriera no podía saber qué tenía que hacer.
Me explicó que cuando se saca el hueso, en el hueco queda el alveolo, donde una parte es el agujero del diente, si el alveolo no ha perdido pared puede proteger el hueco y entonces es posible poner tornillo, y el resto lo rellena con hueso. Eso es lo que me han hecho a mí hoy en tres dientes.
Cuando he notado que me ponía los tornillos he sonreído, porque entonces ya no tengo que esperar seis meses a la regeneración del hueso sino tres meses a que se asienten los tornillos.
Y ellos se han dado cuenta de que sonreía.
"Valiente", me ha dicho el dentista. Total, que si le dejo, me arregla la boca en una tarde. Él también es un gran dentista.
Cuando estoy en la camilla sólo pienso en cosas buenas: en mis vivencias en Dubrovnik, en las buenas cosas que me pasan algunos días, en mis sobrinas y… en la sonrisa de Chini.
Chini está cerca de mí, y más ahora, que mañana se cumplen diez meses de su partida.
El mundo está hecho para los valientes.
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