Pasear junto al mar siempre es un placer. Después de visitar el castillo de Bellver, decidí "perderme" por las calles de Palma. Sabía que sólo tenía que ir hacia abajo y que llegaría al mar.
Paseé junto al puerto, que está -obviamente- lleno de yates y barcos de recreo. Hacía calor, pero se agradecía la brisa del mar.
Entré en Hard Rock Café Mallorca, que está junto al puerto y me traje una camiseta. Todavía aguanta la de Nueva York.
Y seguí caminando hasta dar con una especie de mercadillo gastronómico donde una jauría de alemanes bebía sangría como si no hubiera un mañana. Era una especie de mercadillo tradicional de productos de España (aunque de La Rioja no había ningún puesto).
Terminé en Sa Riera, una especie de arroyo artificial que se encuentra junto a la Almudaina.





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