Suele ocurrir que siempre echamos en falta lo que no tenemos, así que si esta tarde me apetecía tomar una cerveza en una terraza (esas terrazas de bares que esta vez no se han recogido al llegar el otoño) me tengo que aguantar y tomármela en casa.
Y es que lo cierto es que viendo el panorama se me encoge el corazón, siento una tristeza infinita. Y así hasta el 23 de febrero, y veremos qué ocurre entonces. Esta situación es terrible, pero entiendo que tiene que ser así.
Por mi trabajo comprendo a veces que la gente es muy inconsciente, y con lo que veo día a día esto va para largo...

No hay comentarios:
Publicar un comentario